sábado, 28 de febrero de 2015

"Only the Lonely"


El mundo ha roto sus promesas para la reconstrucción de Gaza y los niños van a sufrir



Jibril, a la izquierda, perdió a dos de sus cuatro nietos por hipotermia en las tormentas del mes pasado. La familia ahora vive en una pequeña estructura de madera cubierta de plástico en Beit Hanoun con una manta por puerta. Fotografía: Belal Hasna

Salma murió de hipotermia con tan sólo 40 días de edad. Su cuerpo estaba empapado de agua de lluvia helada. Estaba congelada como el hielo. Una tormenta de invierno llamada "Huda" golpeó fuertemente a Gaza en enero. Salma fue su víctima más joven.

Me encuentro con la madre de Salma, Mirvat, y 14 miembros de su extensa familia en el mismo lugar, de hecho la habitación, donde Salma durmió durante su última noche en casa. Ellos todavía viven allí en Beit Hanoun, en el norte de Gaza, en una pequeña estructura de madera de tres habitaciones, cubierta con plástico. Cuando lo vi desde la carretera, supuse que albergaba animales. La puerta es una manta que aletea con el viento cortante. Está lloviendo. El agua entra. Mirvat tira de la alfombra empapada que sirve de suelo y retira la arena mojada de debajo. Los recuerdos de la muerte de Salma, el 9 de enero están aun dolorosamente frescos.

"La noche en que murió la tormenta era fuerte. Todos estábamos empapados, pero algunos nos las arreglamos para dormir. La lluvia entró y empapó las mantas de Salma. La encontré temblando. Su pequeño cuerpo estaba congelado como el hielo. La llevamos al hospital, pero más tarde el médico nos llamó. Salma estaba muerta. Mi hermosa niña pesó 3,1 kg al nacer. Estaba sana y estaría viva hoy si las bombas no nos hubieran echado de nuestra casa durante la guerra y no nos hubiéramos visto obligados a vivir así".

El tío de Salma con la sopa de hierba silvestre que constituye la mayor parte de la dieta de la familia. Fotografía: Belal Hasna
Durante el conflicto de Gaza el verano pasado, Mirvat, su marido y sus cuatro hijos vivían en un complejo de cinco edificios simples con su gran familia de 40 miembros, a un kilómetro de la barrera entre Gaza e Israel. Su suegro, Jibril, sabía que la vida en la primera línea era insostenible.

"Había un olor a muerte en el aire. Los niños estaban traumatizados y no podían dormir", me dice. "Después de una semana de combates huimos mientras las bombas caían a nuestro alrededor, aterrorizados por nuestras vidas. Fuimos a la casa de mi hermano, pero se volvió demasiado peligroso, así que nos refugiamos en un hospital. Después de una hora, fue bombardeado, así que corrimos a refugiarnos en una escuela de UNRWA [Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo]. Éramos miles viviendo en una escuela construida para mil estudiantes. Así que después de la guerra vinimos aquí".
La tragedia de la familia no termina con Salma. Su hermana Maes, de tres años, está en el hospital por problemas respiratorios provocados por la exposición a las inclemencias del tiempo. "Me preocupa que Maes muera como Salma", dice Mirvat.

En el exterior, me encuentro con la cuñada de Mirvat, Nisreen, de 28 años. Su hijo murió con tan sólo 50 días de edad en la escuela de UNRWA, donde la familia se había refugiado. "La muerte de Moemen fue inesperada. No había nada que se pudiera hacer para salvarlo. Sentí que tenía frío. Lo cubrí y lo puse a dormir. El niño estaba durmiendo en mi regazo. Cuando me desperté a las cuatro de la mañana estaba azul. Moemen estaba muerto. He esperado un niño durante cinco años, y ahora se ha ido".

Jibril es un abuelo extraordinario, incluso para los estándares de Gaza. Dos de los cuatro niños muertos por hipotermia en Gaza en las últimas semanas eran sus nietos. Él dice que la guerra le ha despojado de su pasado y su futuro. "Mi casa está en ruinas, aplastada. He trabajado duro durante más de 40 años como agricultor. He mantenido a mi familia. Pero en cuestión de horas todo estaba perdido. Tenía un pedazo de tierra de cultivo que destruyeron. Plantamos limoneros allí hace 17 años, pero los tanques los arrasaron".
Jibril es un hombre emprendedor deliberadamente reducido a la indigencia. "Mi hijo tiene un burro y gana entre 5 a 10 séqueles al día (uno o dos euros) transporta rocas para mantenernos a todos nosotros. Vivimos principalmente de hubeyza [una hierba salvaje que se come como las espinacas] que podemos recoger en las calles".

Y ¿a quién culpa por la muerte prematura de sus nietos? "La comunidad internacional de donantes mató a esos bebés", me dice. "Ellos han comprometido miles de millones. Pero ¿dónde están? Necesitamos un hogar, no promesas. UNRWA no tiene dinero. ¿Qué pueden hacer sin apoyo financiero?"

Jibril tiene razón. UNRWA, la agencia para la que yo trabajo, se vio obligada a suspender, hace apenas tres semanas, un programa que podría haber salvado la vida de esta familia. Después de la conferencia de El Cairo, en octubre del año pasado, en la que los donantes prometieron 5.400 millones de dólares para reconstruir Gaza, creamos un proyecto de 720 millones. Con las generosas promesas de El Cairo estábamos seguros de que los fondos llegarían. O eso es lo que pensábamos. Con este dinero, nuestro objetivo era dar subsidios de alquiler a las personas cuyas casas eran inhabitables. Teníamos la esperanza de dar dinero en efectivo para que la gente pudiera reparar y reconstruir sus casas. Pero los miles de millones que se comprometieron no se materializaron y el programa se quedó con un déficit de casi 600 millones de dólares.

El día después de que anunciáramos la suspensión de la asistencia en efectivo, la ira se desbordó. La oficina en Gaza del Coordinador especial de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio fue atacada. La amenaza de la violencia sigue ahí. Se puede sentir en el aire, al igual que el verano pasado.

Ciertamente, la necesidad es grande y la sensación de desesperación es palpable y profunda. Calculamos que aproximadamente 100.000 viviendas resultaron dañadas o completamente destruidas, afectando a cientos de miles de personas. Muchos de los que conservan sus hogares dependen de redes de agua y electricidad disfuncionales.

La reconstrucción física de Gaza es sólo una parte de la historia. Si Salma y Moemen hubieran sobrevivido, ¿qué futuro habrían tenido? La próxima generación en Gaza está traumatizada, conmocionada, embrutecida. Los espacios recreativos en los que juegan están llenos de unos 8.000 artefactos explosivos sin detonar.
La ONU estima que unos 540 niños murieron en el conflicto, muchos en sus propias casas. UNRWA no pudo proporcionarles un refugio seguro. Nuestras escuelas recibieron impactos directos en siete ocasiones. Hubo niños que murieron en y cerca de las aulas de clase y áreas de juego bajo la bandera azul de Naciones Unidas. Casi todos los niños en Gaza tiene un familiar o amigo que murió, resultó herido o quedó mutilado de por vida, a menudo delante de sus ojos. Un millar de los 3.000 niños heridos en el conflicto es probable que tengan discapacidades físicas para el resto de sus vidas. Si Salma y Moemen hubieran vivido hasta convertirse en adultos, habrían entrado en un mercado de trabajo con una tasa de desempleo que alcanzó un nivel sin precedentes del 47% en el tercer trimestre del año pasado. Con una media de 18 horas al día sin electricidad. Con alrededor de un 90% del agua no potable.

Gaza no es un desastre natural. Es un desastre causado por el hombre, el resultado de decisiones políticas deliberadas. Hay que tomar decisiones distintas ahora. ¿De que sirve reconstruir un lugar mientras se condena a su población a la indignidad de la dependencia de ayuda?

Gaza se tambalea al borde de otra crisis importante, con implicaciones preocupantes para los palestinos y los israelíes. Se necesita financiación para las operaciones humanitarias con urgencia, pero esta asistencia sólo servirá para mitigar los peores efectos de la crisis.


La investigación de la ONU acusa a Israel de matar al 'casco azul' español

Soldado español en Líbano
Impacto en la torreta de vigilancia donde estaba apostado el cabo Soria. / M. Z.
Ya es oficial. El proyectil que el pasado 28 de enero mató al cabo español Francisco Javier Soria Toledo en el sur del Líbano fue disparado por el Ejército israelí, tal y como concluye el informe de la comisión de investigación creada por la Fuerza Interina de Naciones Unidas para Líbano (FINUL). “Existen suficientes evidencias técnicas para atribuir la responsabilidad del disparo [del proyectil que alcanzó la torre donde estaba el cabo español] a las Fuerzas Armadas de Israel”, asegura.

El documento, fechado el pasado 12 de febrero y elaborado por una comisión de investigación encabezada por un coronel, señala que la muerte del casco azul español la causó un proyectil de artillería de 155 milímetros de calibre “disparado desde el sur de la línea azul [que separa Líbano de Israel] durante el fuego de represalia del IDF [Fuerzas de Defensa de Israel] tras ser alcanzado un convoy del Ejército israelí en un ataque reivindicado por [la milicia chií libanesa] Hezbolá”.

El informe explica que, hacia las 11.30 del 28 de enero, se informó del lanzamiento de cohetes desde el sur de Líbano, inmediatamente después de que, a unos cinco kilómetros al este de las granjas de Shebaa, Hezbolá atacara con IED (artefactos explosivos improvisados) y seis misiles antitanque un convoy del Ejército israelí, causando dos muertos y siete heridos.

Los investigadores reconocen que, a las 11.39, el Ejército israelí, a través de los canales de enlace con el cuartel general de la FINUL en Naqura (Líbano), advirtió de que todos los cascos azules de la ONU, “y en particular de los del sector este”, debían permanecer en sus puestos y evitar salir al exterior. Se trataba de un claro aviso de que Israel se disponía a atacar el sur del Líbano.

El mando de la FINUL pidió información adicional, pero Israel no la facilitó, añaden los investigadores. Este punto resulta controvertido, pues el aviso que recibió el jefe del sector este de la FINUL (precisamente un militar español) no aludía a toda su zona de responsabilidad, sino solo al área de las Granjas de Shebaa, donde se intentaron evacuar dos puestos de cascos azules indios.

En todo caso, el capitán español al frente del puesto 4-28, próximo a la localidad de Ghayar, ordenó acuartelar el destacamento y regresar a las patrullas. A las 12.24, impactó un proyectil contra la torre de vigilancia G-7, que contaba con una puerta de hierro y paredes de hormigón. A las 12.46 se activó un helicóptero medicalizado para evacuar al cabo herido en el ataque, y a las 13.37, mientras proseguían los bombardeos israelíes, se informó de su fallecimiento. En total, entre las 11.48 y las 13.43. el Ejército israelí disparó sobre la zona 118 obuses de artillería, 90 granadas de mortero y cinco proyectiles de tanque. Al menos 20 de las granadas de mortero contenían fósforo blanco, según el informe.

Los investigadores no se pronuncian sobre si el ataque se debió a un error o fue intencionado, ni si la respuesta a la agresión de Hezbolá fue o no desproporcionada. Se limitan a describir los hechos, pero dejan sobre la mesa del Gobierno español, y también de la ONU, la responsabilidad de decidir qué paso deben dar.

Hasta ahora, España no ha presentado ninguna queja diplomática ante Israel y el Consejo de Seguridad de la ONU, del que España forma parte, se ha limitado a formular una declaración en la que condena la muerte del casco azul y reclama una investigacíón inmediata y exhaustiva, pero sin señalar al presunto responsable.
Las conclusiones de la comisión de investigación, basadas en el análisis de los restos de la munición y la trayectoria de los proyectiles (seguida por los radares de la ONU), no deja dudas: Soria murió por fuego israelí.

La investigación exculpa a la propia FINUL y al batallón español de cualquier responsabilidad, al asegurar que se cumplieron los planes y directrices previstos y que las medidas de protección fueron adecuadas. La “rápida y decidida” aplicación de los protocolos, añade, permitió frenar la escalada y evitó mayores daños. Pese a ello, los investigadores proponen revisar el marco regulatorio y las medidas de protección y sugieren instalar cámaras en los puestos de vigilancia de la ONU.

Más  información: http://politica.elpais.com/politica/2015/02/27/actualidad/1425069043_716430.html

jueves, 26 de febrero de 2015

Amnistía alerta de medidas antiterroristas como excusa para reprimir derechos



Una protesta ante la embajada rusa en Holanda. AI

La organización critica la respuesta “vergonzosa e ineficaz” de la comunidad internacional ante el nuevo escenario de conflictos y pide poner fin al veto indiscriminado en el Consejo de Seguridad.


“Desde Baga hasta Bagadad, los dirigentes gubernamentales han intentado justificar las violaciones de derechos humanos hablando de la necesidad de que el mundo siga siendo seguro”. Esta afirmación, del secretario general de Amnistía Internacional, Salil Shetty, es una de las más severas advertencias incluidas en el informe anual de la organización, que ha analizado la situación de los derechos humanos en 160 países durante 2014.

En él, Amnistía Internacional critica con dureza las tácticas “draconianas y represivas” que algunos gobiernos están tomando en aras de defender la seguridad en un año “especialmente negro para los derechos humanos”, según ha afirmado el director de la organización en España, Esteban Beltrán, durante la presentación del documento ayer en Madrid.

Muy especialmente, la ONG menciona los casos más flagrantes, como Afganistán, Kenia, Nigeria, Pakistán, Rusia y Turquía, con legislaciones sobre seguridad y leyes antiterroristas cuestionadas por Amnistía, pero no son los únicos. Al hilo del reciente pacto de Estado contra el yihadismo firmado entre PP y PSOE, Beltrán ha alertado en el caso español sobre una legislación terrorista “ambigua e indefinida” en la que “casi cualquier persona puede caer en un delito de terrorismo”. Además, en el análisis sobre la situación española, el informe hace hincapié en la reforma del Código Penal y la Ley de Seguridad Ciudadana como reformas que “ponen en riesgo” el ejercicio de la libertad de expresión y reunión. “Es necesario que la política que persigue a los terroristas no haga que nos parezcamos a los terroristas”, ha dicho Beltrán.
 en España es "ambigua e indefinida", denuncia AI

“Hay una obsesiva atención centrada en la lucha contra el terrorismo global. Es una amenaza real, pero no perdamos de vista que es un escenario en el que de manera obsesiva se está generando un clima de temor que facilita el recorte de derechos”, ha señalado Jesús Núñez, codirector del Instituto sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), durante la presentación del informe. “Desde el año 2000 hasta el 2013, sólo un 5% de los atentados han sido en países occidentales. No somos el principal objetivo del yihadismo terrorista. Si no adoptamos otro tipo de medidas nos estamos condenando a seguir sufriéndolo y a perder nuestros derechos”, ha añadido.


Una comunidad internacional “vergonzosa”
La organización también ha centrado su informe en unas durísimas críticas a la respuesta que los líderes mundiales están dando ante el nuevo escenario de conflictos surgidos alrededor del mundo. Una respuesta que Amnistía Internacional ha tildado de “vergonzosa”, “ineficaz” y “fracasada” y para la que exige que se empiecen a tomar medidas, como que los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (China, Francia, Rusia, Reino Unido y EEUU) renuncien a su derecho de veto en los casos de atrocidades masivas.

 En concreto, Amnistía Internacional acusa a los gobiernos de mantener una política de ojos cerrados frente al fortalecimiento cada vez mayor de grupos armados como Boko Haram y el Estado Islámico, el récord histórico de refugiados, los miles de migrantes muertos en el Mediterráneo, las limpiezas étnicas, el aumento de los crímenes de guerra o las señales de regreso de la Guerra Fría a Europa evidenciada en el conflicto ucraniano.

“Los gobiernos deben dejar de fingir que la protección de civiles no está a su alcance y ayudar a reducir el sufrimiento de millones de personas. Los dirigentes mundiales deben asumir un cambio fundamental en su manera de responder a la crisis en todo el mundo”, señala Anna Neistat, directora general de Investigación de Amnistía Internacional.

 LOS DERECHOS HUMANOS EN EL MUNDO
- En al menos 18 países se cometieron crímenes de guerra u otras violaciones de las “leyes de guerra”.

- En 1 de cada 5 países investigados por Amnistía, los grupos armados cometieron abusos contra la población.

- Más de 3.400 personas murieron ahogadas en el Mediterráneo intentando llegar a Europa.

- Hay 4 millones de refugiados a consecuencia del conflicto sirio, el 95% de ellos en países vecinos.

- 62 países encarcelaron a presos de conciencia, personas que simplemente ejercían sus derechos y libertades.

- 3 de cada 4 gobiernos restringieron la libertad de expresión de manera arbitraria.

- 28 países en todo el mundo tienen leyes que prohíben el aborto en cualquier caso.

- 78 países tienen leyes en vigor que se utilizan para criminalizar las relaciones sexuales con consentimiento mutuo entre adultos del mismo sexo.

- El 58% de los países sometieron a personas a juicios injustos.

- 82 países sometieron a personas a tortura y otros malos tratos.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Ocean Gravity



Filmado a finales del año pasado, por el director y camarógrafo submarino Julie Gautier, este increíble video muestra cómo el submarinista de apnea, Guillaume Nery, es arrastrado por las rápidas corrientes del paso Tiputa, que forma parte del atolón Rangiroa a unos 355 km al noreste de Tahití.

 Cuando escuchamos algo sobre las fuertes corrientes existentes en las proximidades de la costa o en los grandes lagos, nos resulta difícil visualizar exactamente cómo funcionan, o lo poderosas que son. Esta película nos desvela rápidamente esos misterios. Las velocidades que alcanza Néry en este video parecen casi imposibles sin la ayuda de aparatos o aletas. Podéis ver algunas escenas del make-off del video y leer un poco más (en francés), en su página web. Gautier y Nery colaboraron anteriormente en esta escalofriante inmersión en el gran Agujero Azul, en 2010en el gran Agujero Azul, en 2010.

martes, 24 de febrero de 2015

Seis fenómenos celestes en una sola foto

ESO
En esta imagen del European Southern Observatory, la noche levanta el telón en un despliegue teatral que tiene lugar en los cielos despejados sobre el observatorio de La Silla (Chile). En una escena en la que también hay actividad humana, los principales actores son el cometa Lovejoy (color azul), un meteorito errante (a la izquierda de Lovejoy), las Pléyades (el conglomerado azul a a la derecha y arriba del cometa), la nebulosa NGC 1499 (el arco rojo a la derecha), el halo verdoso del amanecer, y un grupo de nubes bajas.

El meteoro, que parecía sumergirse en la nebulosa, añade su propio rayo de luz a la escena. Los telescopios de La Silla cuentan con su propio público para esta actuación celeste… Es la primera vez en 11.000 años que el cometa Lovejoy pasa a través del Sistema Solar y puede verse incandescente. Su órbita altamente elíptica alrededor del Sol – ajustado ligeramente debido a planetas entrometidos – indica que no volverá a pasearse por nuestros cielos en otros 8.000 años, una vez haya rodeado al Sol y comenzado su solitario viaje de nuevo hacia las regiones exteriores frías del Sistema Solar.

Esta imagen fue tomada por Petr Horálek durante una visita a La Silla, en enero de 2015. El cielo en esta imagen fue capturado con una serie de exposiciones de larga duración, lo que resulta en la maravillosa vista del cometa en el cielo. Sin embargo, la mitad inferior utiliza sólo una de estas exposiciones con el fin de conservar la nitidez del paisaje de La Silla. Click para ampliar.

 Fuente: http://www.yometiroalmonte.es/2015/02/23/seis-fenomenos-celestes-sola-foto/

domingo, 22 de febrero de 2015

Desde Siria hasta Suecia, con amor



Mahmoud y Jamila, junto a sus dos hijos, lucharon por sobrevivir en Líbano y están profundamente agradecidos por la oportunidad de rehacer sus vidas en Suecia. © Amnesty International (Foto: Ina Tin) 

“Lo primero que aprendí a decir en sueco fue: ‘¿Necesita ayuda?’” Mahmoud, refugiado sirio que actualmente vive en Suecia.

La cálida acogida de una familia de refugiados sirios en Suecia ilustra cómo los países más ricos pueden cambiar las cosas proporcionando una tabla de salvación a algunas de las personas más vulnerables del mundo.
 El trayecto hasta el bloque de apartamentos de reciente construcción en este tranquilo barrio residencial de Estocolmo está cubierto de nieve. Los rayos de sol hacen destellar las ramas heladas de los árboles.

Esta apacible escena invernal no podía parecer más distante de las calles destrozadas de Siria, donde 190.000 personas han perdido la vida y cuatro millones se han convertido forzosamente en refugiados desde 2011.

Al final del camino está enclavado el apartamento perteneciente a Jamila y Mahmoud, de Alepo, ciudad del norte de Siria. “¡Aquí hace muchísimo frío! –exclaman riendo–. Es bastante difícil manejarse con la silla de ruedas en la nieve”. Mahmoud era taxista pero un accidente de automóvil en 2005 lo dejó incapacitado para caminar.


Ya no eran seres humanos
 La vida en Siria era muy dura, incluso antes de la guerra. Mahmoud afirma que fue detenido por las fuerzas de seguridad y “torturado por ser kurdo. Detenían prácticamente a todos los kurdos para fines de investigación”.

En 2013, él y Jamila tuvieron que huir de su casa con sus pequeños gemelos. “Caían cohetes por todas partes. Vimos cadáveres tirados en las calles. Pensé que habíamos dejado de ser seres humanos –afirma Jamila–. Los niños no se llevaron nada consigo”. Se refugiaron en un aula abandonada junto a otras muchas personas, antes de partir finalmente hacia Líbano.

La vida seguía siendo una lucha constante por la supervivencia: no podían permitirse pagar un lugar donde vivir ni el tratamiento médico que Mahmoud necesitaba debido a su incapacidad.

Hasta que el pasado mes de noviembre, el ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, les ofreció la oportunidad de rehacer su vida en Suecia a través del “reasentamiento”.

Se trata de una tabla de salvación ofrecida a las personas refugiadas más vulnerables, incluidas las que, como Mahmoud, presentan una condición médica grave o han sido torturadas.



Los gemelos de cuatro años Mohamed y Bahri en su nuevo hogar en Suecia, febrero de 2015.
© Amnesty International (Foto: Ina Tin)

Cálida acogida
Su nuevo hogar en Suecia está preparado para usuarios en silla de ruedas y está inmaculadamente limpio. En la mesita del café han dispuesto nueces, chocolate y fruta para darnos la bienvenida.

“Estábamos un poco asustados; aquí todo es tan silencioso. Pero te sientes a salvo; no es como Siria”.

La mayoría de sus vecinos son suecos. “Los suecos son acogedores –cuenta Mahmoud–. Todo el mundo te sonríe. Cuando estoy solo en la calle [con la silla de ruedas] me preguntan: ‘¿necesita ayuda?’ Lo primero que aprendí en sueco fue: ‘¿puedo ayudarle?’”.

Mahmoud y Jamila se sienten especialmente abrumados por la generosidad de una pareja de avanzada edad que vive en su edificio: “Él nos trajo ropa para los niños, y en Año Nuevo nos trajeron dulces tradicionales suecos”, explica Mahmoud.

Ahora asisten diariamente a clases de sueco. Y sus gemelos de cuatro años, Mohamed y Bahri, están haciendo amigos en la guardería. “Los primeros diez días gritaban y lloraban –cuenta Jamila–. Ahora están deseando ir”.

Aunque hay muchos niños procedentes de entornos culturales diferentes, Mohamed y Bahri son los primeros que han huido de una zona de guerra, explica su maestra, Franziska Forssander.

“Es importante que se diviertan; es terapéutico y fomenta la autoestima”. Franziska cree que traer personas refugiadas a este idílico rincón de Suecia también es positivo para la comunidad. “Nos ayuda a crecer,” afirma.

Un futuro prometedor

Mahmoud tiene grandes esperanzas en el futuro de su familia. Quiere que sus hijos estudien medicina y él está interesado en hacerse profesional de manicura. Jamila espera trabajar con personas con necesidades especiales.
Y les gustaría tener otro hijo. “¡Una niña!”, exclama Jamila. “Tendría muchas más oportunidades de estudiar y trabajar aquí que en Siria”, coincide Mahmoud.

Para esta familia tan unida, el reasentamiento significa la vida.

La mayoría de sus familiares sigue enfrentándose diariamente a las amenazas tanto de las fuerzas gubernamentales sirias como del grupo armado autodenominado Estado Islámico. Incluso ahora, Jamila y Mahmoud temen ser fotografiados y con ello poner en peligro a sus seres queridos.

La Biblia leída por un científico

Un genetista británico analiza las sagradas escrituras en busca de errores e incoherencias

La Biblia Adúltera (1631) ordena por error: "Cometerás adulterio". / Universidad de Oxford
En 1631, los impresores reales de Londres editaron una traducción al inglés de la Biblia, pero se comieron una palabra. En el versículo 14 del capítulo 20 del Éxodo, se extravió un “no”. El problema es que se trataba del séptimo mandamiento, que quedó: “Cometerás adulterio”. De inmediato, las autoridades ordenaron perseguir los 1.000 ejemplares publicados y quemarlos, aunque, casi cuatro siglos después, todavía sobreviven 11 de las llamadas Biblias Adúlteras. Una de ellas se puede contemplar en un museo de la Universidad Bautista de Houston (EE UU).

Otra Biblia, la primera impresa en inglés en Irlanda, en 1716, convirtió “go and sin no more” (“no peques más”) en “go and sin on more” (“sigue pecando”). Muchas de sus 8.000 copias jamás pudieron ser recuperadas y destruidas.

“Se conocen más de 20.000 versiones manuscritas del Nuevo Testamento y solo unas pocas son idénticas entre sí”, explica el genetista Steve Jones en su nuevo libro, Ciencia y creencia. La promesa de la serpiente (editorial Turner). El físico Albert Einstein sostenía que “la Biblia es una colección de leyendas honorables, aunque primitivas, y en cualquier caso bastante infantiles”. Jones, nacido en Gales en 1944 y antiguo jefe del Departamento de Genética del University College de Londres, intenta ser más respetuoso en una obra que escudriña los versículos bíblicos desde el punto de vista de un científico.

A lo largo de 358 páginas, con una claridad poco habitual en los científicos reconvertidos a divulgadores, Jones intenta “echar una ojeada fresca” a uno de los libros más influyentes de la historia. George Washington, primer presidente de EE UU entre 1789 y 1797, afirmaba que “resulta imposible gobernar el mundo correctamente sin Dios y sin la Biblia”. Mucho más recientemente, su sucesor George W. Bush proclamó: “Siento que Dios quiere que me presente como candidato a la presidencia”.

Hoy, expone Jones, dos tercios de los estadounidenses confían en Dios con absoluta certeza y la mitad de ellos asevera que Jesucristo no tardará en volver. La mayor parte de los ciudadanos preferiría votar para presidente a un mormón, a un judío o a un homosexual que a un ateo. Y un tercio de la población cree que la Biblia ha de interpretarse de manera literal. La zarza en llamas hablaba y la mujer surgió de la costilla del hombre.

Jones se encuentra en la otra trinchera. Aunque sostiene que su libro “no pretende ser una declaración a favor o en contra del placer de las sectas; ni un ataque o una defensa, del cristianismo o de cualquier otro credo”, es difícil que un cristiano no se replantee su fe después de leer Ciencia y creencia. A medida que la doble hélice de ADN de nuestras células se copia, por ejemplo para concebir un hijo, se va llenando de errores, señala el genetista. Cada recién nacido presenta alrededor de 60 mutaciones. Y lo mismo ocurre con los pergaminos escritos una y otra vez por los escribas, como demuestran la Biblia Adúltera y la Biblia Pecadora.

Acumulando versiones, recuerda Jones, el cristianismo ha tenido 10.000 credos diferentes, muchos de ellos enfrentados entre sí. Desde los tiempos bíblicos hasta la invasión de Irak, se han producido unas 2.000 guerras. “Unos 120 de estos conflictos tuvieron una base eminentemente religiosa”, calcula. Analizar, y en muchos casos desmantelar, la Biblia, el Talmud o el Corán es, para Jones, mucho más que un pasatiempo intelectual.

En su libro, el investigador recurre a la geomitología, la disciplina que utiliza la ciencia para buscar los orígenes de las leyendas religiosas. En el caso del Diluvio Universal y el Arca de Noé, Jones recuerda que hay 300 relatos similares sobre inundaciones en todo el mundo. Uno de ellos surgió en Babilonia, en el actual Irak. Su dios decidió exterminar a toda la humanidad excepto a un gobernante llamado Atrahasis, a quien avisó para que construyera un barco para su familia y los animales.

Atrahasis, continúa Jones, existió. Fue señor de Sumeria 3.000 años antes del presunto nacimiento de Jesucristo. Y las excavaciones en los restos de su ciudad muestran las huellas de una gigantesca crecida del río Éufrates en aquella época.

Sin embargo, Jones no se reduce a la manida geomitología. También busca incoherencias (“en el Génesis, por ejemplo, el hombre es creado tanto antes como después de los animales”) y hasta errores de Dios. En el Libro de Job, el Señor explica al profeta que el nivel de los océanos es inmutable, porque durante la Creación le ordenó a la marea: “Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí cesará la arrogancia de tus olas”.
“Desde la época del éxodo hasta el siglo XX mantuvo su promesa, pues el límite de la marea alta se hallaba más o menos estable, pero desde principios de la década de 1990 se ha producido un aumento medio de unos tres milímetros al año [por el cambio climático]”, bromea Jones.

El genetista también indaga en el origen de la fe en el cerebro humano y acaba con una propuesta. “Así como se han superado los obstáculos de la lengua, la raza y la distancia que otrora nos dividían, ha llegado el momento de abandonar esta última restricción que constituye la religión, que hace mucho más por separar que por unir”. Su sustituto, opina, es la ciencia.


 Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/02/20/ciencia/1424457256_462933.html

Sylvia Beach un hada con "Ulises" bajo el brazo

Fue la mejor librera de aquel París de los años 20, junto a su compañera Adrienne Monnier. Su local fue el epicentro de la ‘Generación perdida’, la de Hemingway, Scott Fitzgerald, Ezra Pound, D.H. Lawrence... pero su gran cómplice fue James Joyce, de quien publicó el ‘Ulises’ en 1922.



En contra de su apariencia algo distante, Sylvia Beach fue la matrona cálida de la mayor concentración literaria que tuvo París en los años 20 del siglo pasado. Es más: parece que la Generación perdida fuese en verdad una leyenda articulada para que ella le diese cobijo, contorno y leyenda. Con una suavidad de dama fiera amortiguó los egos monumentales de esa manada espontánea de escritores que fijó uno de los momentos más poderosos de la cultura europea contemporánea, citándose como en alud en la pequeña librería del número 12 de la Rue de l’Odéon que ella regentaba: Shakespeare & Company.

Pero antes de ocupar sin ruido el centro descomunal de la literatura, esta mujer fue tomando posición en la vida con un candor de filtraciones exquisitas alentado por la delicadeza de un padre que fue pastor presbiteriano en Baltimore (EEUU), donde antes había ejercido su predicación autodestructiva Edgar Allan Poe, fijando por igual uno de los momentos más fastuosos de la literatura norteamericana y de la dipsomanía continental. Sylvia Beach nació en aquella ciudad en 1887, en una casa de madera donde estaba decretada la alegría. La suya no fue una infancia de verja cerrada. Cuando la muchachita estaba aún a medio criar comenzaron los viajes a Europa con estancias en París, España y los Balcanes. En estas aventuras fue perdiendo el síndrome de las verdes praderas y el aire de granja abierta para tricotarse por dentro una estela de mundana sin caer en la promiscuidad de darse importancia. Todo esto como voluntaria de Cruz Roja.

Cuando Sylvia Beach llegó en 1917 a la Universidad de la Sorbona para estudiar literatura francesa traía algo de flor trasplantada a la ciudad de todos los excesos, donde sonaban los violines en las azoteas. Se aplicó a los estudios mientras París acumulaba una bandada de chicas con falda de charlestón y sombrero rematado en plumas de marabú que aún no se había echado a perder, perseguidas por una recua de artistas alucinados que alojaban en el cráneo una metralla de absenta, cubismo y caligramas. Todo mezclado con noticias de la carnicería que armó la Primera Guerra Mundial. Una mañana, la joven Sylvia pasó por la Rue de l’Odéon, donde otra damita de 20 años, Adrienne Monnier, acogía letraheridos en un local de alma apache, La Maison des Amies des Livres. Allí el personal se calentaba escuchando leer a Joyce, Gide y Valéry.

En aquellos días los escritores extranjeros entraban en París en manada. Alrededor de Gertrude Stein y su hermano Leo, millonarios y mecenas, se acumulaba un ajuar de hambrientos. Sylvia puso la oreja en la acera y entendió que esos ñus merecían una majada diurna antes de dejarse rodar por la noche y las tabernas. Alentada por Monnier, que la tomó de cómplice y de amante, abrió una librería especializada en literatura anglosajona e inauguró una nueva forma de estar en París: hacer nido en la Shakespeare & Company, pila bautismal de la Generación perdida. Nadie podía aspirar a hacerse un sitio en la ciudad sin recibir antes credenciales y bendición en casa de Beach.

Hemingway, que tenía el don de estar en el sitio exacto en el momento oportuno, se encaramó a la librería robando puntualmente libros que luego dejaba en la barra del Harry’s Bar, donde aún le fiaban. Scott Fitzgerald escogió aquel galpón para reposar la palidez de las resacas después de tomar el último puyazo en la terraza de la Closerie des Lilas. Ezra Pound dispensaba citas fastuosas usando la lengua como hisopo mientras inventaba otra de las formas de la modernidad. Nabokov asomó algún día por ver si de los anaqueles escapaba una mariposa. T. S. Eliot se rozaba con el río de la gente antes de encerrarse por siempre en su despacho de Faber & Faber. El editor Robert McAlmond siempre entraba como el que va de caza. Y la exquisita y loquísima Djuna Barnes se exhibía con descaro por si algún bohemio total le calentaba los pies con el frío de las manos o alguna modelo le sacaba la blusa sin estropearle el tocado. Éste era el día a día de Sylvia Beach, que también alquilaba a algunas de estas criaturas el piso de arriba de la librería, que entre otros tuvo de inquilino al pianista George Antheil, especializado en trepar hasta el balcón por la fachada de Shakesperare & Co.

Pero el exvoto más preciado de aquella turba era el dublinés James Joyce. Un dandi con parche en el ojo izquierdo, mil quinientas dioptrías en el derecho, anillos en los dedos de una mano, bastón, sombrero y una capacidad de sacarle al lenguaje sonidos de arrayán con una tormenta de palabras. Sylvia Beach creyó fieramente en la escritura de aquel hombre excéntrico e indescifrable que siempre le debía dinero. Y asumió fijar una de las esquinas de la literatura contemporánea publicando lo que nadie se atrevía: el Ulises. Logró mil suscriptores, en un primer gesto de crowdfunding. Era 1922. La locura hizo sobre ellos algunos vuelos rasantes. Joyce corregía compulsivamente el manuscrito durante 17 horas al día. Beach soportaba cada cambio dejándose la piel por entender que aquello merecía la pena. No comían. Dormían lo justo. Se alimentaban de tachaduras de manuscrito y de tabaco negro. Resultaba imposible dar un paso sin que cada palabra fuera sopesada en la zona más íntima del cerebro de Joyce. Así pasó un año, mientras Beach y Monnier resolvían su pasión callada en medio de un mundo macho donde los egos alcanzaban diámetro de zepelín.

Cuenta Noel Riley Fitch en su libro sobre la Generación perdida que el día que llegaron los primeros ejemplares del libro «Sylvia se paseaba a lo largo del andén de la Gare de Lyon mientras esperaba, envuelta por el frío aire de la mañana, la llegada del tren de Dijon. Era el 2 de febrero de 1922. El expreso llegó a las 7.00. Corrió hacia el conductor y le pidió los dos primeros ejemplares de Ulises». Los enviaba el editor Maurice Darantière. Al día siguiente, Joyce cumplía 40 años. Aquella novela/poema/artefacto/ fundó una nueva astronomía. Y generó una convulsión en la que se dieron cita la admiración, el rechazo, la censura, el asombro, la piratería de las ediciones americanas y la envidia. Aprendió así a ejercer sus derechos de editora y representante a mordisco limpio. Sylvia Beach sobrevivió a aquello, pero le quedó un leve síndrome de Estocolmo: «La voz de Joyce me encantaba. Hablaba con la entonación de un tenor [...] Escogía sus palabras y su sonoridad con gran cuidado, debido sin duda a su amor por la lengua», anotó en sus memorias. Luego emprendió el mismo camino fascinante colaborando en la edición de Finnegans Wake. Joyce absorbió la vida de Sylvia Beach. Había empeñado el coche, la casa, los vestidos, la sangre.

La discreción le llevó a no quejarse nunca. Fue una de esas mujeres que además de hacer la historia ayudaron a completarla. En 1939 el sueño de aquella comuna intelectual comenzó a craquelarse. Los nazis hocicaban ya en buena parte de Europa. Y en 1941 llegó el zarpazo. Un oficial nazi irrumpió en la librería de la Rue de l’Odéon pidiendo en un perfecto inglés el único ejemplar que quedaba de Finnegans Wake. Sylvia Beach se negó a venderlo. Ya habían generado demasiado daño entre los suyos como para dispensarles también los libros de aquellos a los que el nazismo perseguía, humillaba, oprimía, asesinaba. Días después, un grupo de SS llegó hasta el local con la intención de cerrarlo, pero la Shakespeare & Company ya estaba desmantelada. Sylvia Beach fue detenida y confinada seis meses en el campo de concentración al sur de París. Nunca más recuperó aquel sueño talado. Asumió el silencio. No se movió de París. Ella lo había sido todo antes de estar detenida y dormir en una colchoneta en el suelo. No volvió a la edición, ni a los amigos (todos dispersados o muertos), ni a la fiebre de las tardes infinitas escuchando a hombres insaciables con las palabras. Jamás hizo alarde de nada ni mostró un destello de vanidad. Su amante, su mujer, Adrienne Monnier, se suicidó en 1955. Ella resistió algo más. Hasta 1962, con un lema faulkneriano alojado en lo hondo del pecho: «Entre la pena y la nada elijo la pena». Había sido muy feliz.

Fuente:  http://quiosco.elmundo.orbyt.es/ModoTexto/paginaNoticia.aspx?id=25864884&tipo=9&sec=El%20Mundo&fecha=22_02_2015&pla=pla_11014_Madrid

sábado, 21 de febrero de 2015

Todos somos exiliados del pasado



ph: Roberto Pireddu
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   Se puede nacer con el talento de una memoria prodigiosa, pero no con una predisposición a recordar; se recuerda sólo tras los cambios y separaciones de la vida; separaciones de gentes, de lugares, de sucesos y situaciones, especialmente si han sido de gran importancia, si han sido profundamente amados u odiados. De este modo, lo que pretendemos es tender un puente, reconciliar o integrar las discontinuidades, las grandes discontinuidades de la vida, mediante el recuerdo y más allá de esto, mediante el mito y el arte.  La discontinuidad y la nostalgia son particularmente profundas si, al crecer, abandonamos o perdemos el lugar donde nacimos o pasamos nuestra infancia, si nos convertimos en expatriados o exiliados, si el lugar o la vida en que fuimos criados ha cambiado hasta quedar irreconocible o destruido. Todos, en definitiva, somos exiliados del pasado.
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Oliver Sacks

Último verso


Estos días azules y este sol de la infancia

Antonio Machado
(Cotlliure, 1939)

viernes, 20 de febrero de 2015

La Gloria


El más diminuto rodeo del mundo: Una rana montando un escarabajo

Hendy Mp, un brillante fotógrafo indonesio especializado en naturaleza y vida salvaje, ha captado un sorprendente espectáculo: una rana de árbol yendo de rodeo salvaje sobre un coleóptero perforador de cuernos gigante. La rana de árbol es una Reinwardt Flying Frog, una especie amenazada que pueden planear entre los árboles empleando para ello la piel que tienen entre los dedos. ¡Nos encanta esta serie fotográfica!

Hendy Mp Cultura Inquieta 
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Hendy Mp Cultura Inquieta9 

Poner el cuerpo. Sacar la voz

Un fotógrafo mexicano retrata a jóvenes desnudos en recuerdo de los estudiantes de Iguala



El fotógrafo Édgar Olguín posa junto a otras dos jóvenes / Édgar Olguín

 “En nuestra sociedad es más alarmante ver un cuerpo desnudo que un cadáver calcinado”, dice Édgar Olguín. El fotógrafo mexicano ha iniciado una campaña para evitar que la desaparición y asesinato de los 43 estudiantes de Iguala caiga en el olvido. Para ello ha recurrido a amigos y amigas que han aceptado posar desnudos en espacios públicos con lemas como “Ya me cansé”, “Estado asesino” o “Fue el ejército” pintados en su cuerpo.

 La campaña de Olguín ha obtenido el efecto deseado y sus imágenes han dado la vuelta al mundo para recordar a esos 43 estudiantes que desaparecieron. El fotógrafo desarrolló su idea el pasado mes de enero, cuando se cumplieron 4 meses de la desaparición de los estudiantes. Esa tarde, Olguín difundió en Internet 14 fotografías que forman parte del proyecto Colectivo Crew A Pie de Calle, en el que participan cineastas, fotógrafos y actores. Las imágenes, de una gran fuerza visual forman parte de la serie ‘Poner el cuerpo: sacar la voz’, que pretende usar el cuerpo como marco de expresión de unas ideas que pueden pasar desapercibidas ante la saturación informativa.


Para la primera tanta de fotografías de un proyecto que todavía no está cerrado, Olguín contó con actrices y estudiantes de distintas carreras artísticas. Juntos recorrieron las calles y cuando encontraron el lugar idóneo se desnudaron lentamente ante el estupor de la gente. “Las reacciones han sido de lo más diversas”, comenta el artista al diario ‘La Jornada’. Hubo insultos, pudor, pero también gestos de apoyo ante el mensaje que querían difundir.

La iniciativa de Olguín es una más en la larga lista de gestos de protesta por el terrible crimen cometido con los estudiantes de Iguala, un crimen que conmocionó a la sociedad mexicana y que sigue presente en su calles, aunque sea desde el cuerpo desnudo de estos estudiantes y artistas.

Fuente:  http://cadenaser.com/ser/2015/02/19/internacional/1424355722_079950.html

50 años de cooperación europea en investigación espacial

Cuba desde la Estación Espacial Internacional
 El 4 de octubre de 1957 se abrió el camino al Espacio con la puesta en órbita del Sputnik 1 por parte de la Unión Soviética. Pocos meses después, el Explorer 1, el primer satélite artificial lanzado por los Estados Unidos, descubría los anillos de radiación de Van Allen que rodean la Tierra. La carrera espacial había comenzado. El Espacio se había convertido en la última frontera para la Humanidad, y numerosos científicos e ingenieros comenzaron a soñar con las oportunidades que ofrecía. Sin embargo no sería una tarea fácil. Acceder al Espacio requiere tecnologías muy sofisticadas y con un coste muy elevado, que sólo podían ser desarrolladas por las grandes potencias.

En aquel contexto, una Europa que empezaba a superar los desastres de la guerra y que crecía a buen ritmo fue consciente de que sólo uniendo los esfuerzos de varios países podríamos ser capaces de acceder al Espacio. Con este objetivo nacieron el 20 de marzo de 1964 las organizaciones europeas ESRO (European Space Research Organization) y ELDO (European Launch Development Organization), que se fusionarían en 1975 para constituir la actual Agencia Espacial Europea (ESA), de la que España es miembro fundador y el quinto país en importancia. El artículo II de la Convención de la ESA resume bien su misión: “Hacer realidad y promover la cooperación entre los Estados europeos en investigación, tecnología y aplicaciones espaciales para usos exclusivamente pacíficos”.

Han pasado ya 50 años desde que la iniciativa de investigadores como Pierre Auger y Edoardo Amaldi germinara en una de las iniciativas europeas más exitosas. En la actualidad son miembros de la Agencia Espacial Europea 20 países europeos, junto con Canadá que es miembro asociado. Están incluidos 18 países de la Unión Europea, junto con Suiza y Noruega. A lo largo de estos 50 años de cooperación europea se han sucedido los éxitos, tanto científicos como tecnológicos, que han situado a Europa como líder en el mercado internacional de lanzadores comerciales, y en la punta de lanza de la investigación espacial. Europa puede presumir hoy de haber establecido una política espacial coherente, de tener acceso independiente al espacio con los cohetes lanzadores más competitivos del mercado y de haber creado una industria espacial y una comunidad científica del más alto nivel. Durante este periodo, la ESA ha desarrollado más de 70 satélites y cuenta actualmente con 18 satélites científicos operativos.

¿Por qué es tan necesario para los científicos salir al Espacio?
Podemos enumerar varias razones. La primera y más importante, porque nuestra atmósfera es opaca a las radiaciones de altas energías, desde el ultravioleta hasta los rayos X y gamma. Si bien esta característica ha permitido el desarrollo de la vida en la superficie de la Tierra (la radiación de altas energías habría esterilizado cualquier atisbo de vida de no ser por la protección atmosférica), ha actuado como barrera impidiendo a los astrónomos el estudio de las regiones más calientes y violentas del Universo, dominadas por enormes agujeros negros que determinan el futuro de las galaxias. Si a finales de los años 50 sólo se tenía constancia de un objeto externo a la Tierra que emitiera rayos X, nuestro Sol, en la actualidad conocemos varios millones de fuentes cuyas propiedades los astrónomos tratan de desentrañar por medio de las observaciones que nos proporcionan los telescopios situados en el Espacio. La contribución europea en este campo ha sido esencial, destacando los grandes observatorios espaciales XMM-Newton e INTEGRAL, actualmente en funcionamiento. Pero la atmósfera no sólo bloquea la radiación de altas energías, sino también la emisión del Universo frío, en el rango infrarrojo. Misiones especializadas en este rango como ISO, Herschel y Planck constituyeron hitos en la investigación espacial europea y mundial, y proporcionaron datos que los científicos tardarán muchos años en estudiar a fondo.

La segunda razón que impulsa a los científicos a salir al Espacio es la posibilidad de llevar nuestros instrumentos a los lugares más interesantes del Sistema Solar para su estudio in situ. El aterrizaje de la sonda europea Huygens en la superficie de Titán, la mayor luna de Saturno, supuso un hito en la historia de la exploración espacial al ser el objeto celeste más lejano sobre el que se ha posado un artefacto humano. El próximo gran objetivo lo constituye Marte, un planeta que en el pasado albergó grandes océanos y que reúne todas las características para haber desarrollado vida en los primeros tiempos del Sistema Solar. La sonda Mars Express ha realizado un reconocimiento fotográfico en 3-D de la superficie marciana, en preparación de las misiones ExoMars que aterrizarán en el planeta rojo en 2016 y 2018 a la búsqueda de trazas de actividad biológica, presente o pasada. Las naves europeas han estudiado cometas como el Halley por parte de la misión Giotto, o el 67P/Churyumov-Gerasimenko, sobre cuya superficie aterrizará una pequeña sonda de la misión Rosetta a finales de este año, otro hito de relevancia mundial. Otras naves han estudiado las propiedades de planetas como Venus (Venus Express) o Mercurio, al que la misión Bepi-Colombo llegará a comienzos de la próxima década tras un viaje de 6 años que comenzará en 2016. Observatorios como SOHO, Cluster y a partir de 2017 Solar Orbiter observan continuamente el Sol y sus efectos sobre la magnetosfera terrestre, avisándonos de la inminencia de tormentas solares que puedan afectar a los equipos de telecomunicaciones.

Si bien la investigación espacial ha sido sin duda el motor del desarrollo tecnológico en este campo, su madurez ha permitido aplicar estas tecnologías para el beneficio directo de la sociedad, con el desarrollo de satélites de telecomunicaciones, observación de la Tierra o navegación. Las imágenes de los satélites Meteosat se han convertido en nuestras compañeras habituales al final de los telediarios, permitiendo mejorar de manera sustancial las predicciones meteorológicas. Más de 150 millones de hogares en Europa disponen de televisión por satélite y, actualmente, uno de cada tres satélites de Telecomunicaciones que se hacen en el mundo son hechos por la industria espacial Europea. En muy breve tiempo el sistema de navegación Galileo estará disponible para su uso en nuestros móviles y navegadores, proporcionando datos mucho más precisos que el actual GPS operado por los Estados Unidos y pudiendo usarse conjuntamente con él, lo que beneficiará a los cientos de millones de usuarios de esta tecnología que hay hoy en el mundo. Europa ha puesto en marcha además el programa Copernicus de observación de la Tierra, posiblemente el más completo y ambicioso en el mundo.

Por su propia naturaleza, constituida por 20 países miembros, la colaboración internacional forma parte del ADN de la Agencia Espacial Europea, colaboración que se extiende más allá de las fronteras europeas. Un ejemplo lo tenemos en el lanzador Soyuz, fabricado por Rusia, que la Agencia Espacial Europea opera desde su puerto espacial en Kourou, o en las múltiples misiones científicas que se han realizado conjuntamente en los últimos 30 años entre las principales agencias. En esta misma década, por ejemplo, el Telescopio Espacial James Webb (JWST), ExoMars o Bepi-Colombo, serán posibles gracias a la cooperación de científicos e ingenieros europeos con sus homólogos americanos, rusos y japoneses, respectivamente. El máximo exponente de la cooperación espacial a nivel mundial lo tenemos en la Estación Espacial Internacional, la mayor estructura jamás puesta en órbita y en la que investigadores de distintos continentes desarrollan sus investigaciones en condiciones únicas de microgravedad. Europa, a través de la ESA, contribuye a la estación con el laboratorio Columbus, con más de un tercio de los módulos presurizados, las naves de carga ATV y poniendo a disposición su cuerpo de astronautas, del que forma parte nuestro compatriota y gran astronauta Pedro Duque.

Posiblemente, el gran objetivo de esta colaboración internacional a largo plazo será el viaje tripulado a Marte, con estudios in situ realizados por astronautas experimentados que permitan comprender cómo este planeta perdió sus océanos y se convirtió en el desierto helado que es hoy en día. Una misión como ésta sólo será posible con la cooperación de todas las agencias espaciales, en un clima de concordia y colaboración. Pero los sueños de los científicos van más allá: es sólo cuestión de tiempo que el ser humano, la Humanidad como tal, acabe visitando todos los cuerpos del Sistema Solar. Y quien sabe cuándo llegaremos más allá, hasta las estrellas que lucen en el firmamento. Unidos, podremos.

Fuente:  https://www.bbvaopenmind.com/50-anos-de-cooperacion-europea-en-investigacion-espacial/

“No me queda tiempo para lo superfluo”

En un artículo publicado en The New York Times, el autor de "Despertares" o "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" desvela que apenas le quedan unos pocos meses de vida
 
“Hace un mes, pensaba que tenía buena salud, incluso que estaba fuerte. A los 81 años, aún nado una milla cada día. Pero mi suerte se ha acabado: hace unas semanas descubrí que tengo una metástasis múltiple en el hígado”. De esta manera comienza el escritor Oliver Sacks la carta remitida a The New York Times en la que explica que apenas le quedan unos meses de vida.

El londinense Sacks es uno de los neurólogos más importantes de la segunda mitad del siglo XX gracias a obras como Despertares (que fue adaptada en una película protagonizada por Robin Williams y Robert de Niro), El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (en el que narraba 20 insólitos casos de enfermedades neurológicas) o el más reciente Alucinaciones (Anagrama). Sus libros no son descripciones clínicas, sino que ayudan al lector a entender la peculiaridad de las enfermedades neurológicas a través de la perspectiva de sus pacientes.

Ahora, Sacks se enfrenta con templanza al último gran reto que le ha deparado su vida. “Es decisión mía cómo vivir los meses que me faltan”, explica en la misiva. “Tengo que vivir de la forma más rica, profunda y productiva que pueda”. El escritor forma parte del “desafortunado 2% de personas” que han sufrido metástasis después de superar un melanoma ocular que le dejó parcialmente ciego. Ahora se enfrenta a un cáncer que ocupa la tercera parte de su hígado y cuyo proceso no tiene vuelta atrás.

La vida a contrarreloj
Sacks cita al pensador inglés David Hume, que escribió una breve autobiografía cuando tenía 65 años, llamada Mi propia vida, para explicar sus propios sentimientos: “Ahora reconozco una rápida disolución. He sufrido muy poco dolor por mi trastorno; y lo que es más extraño, nunca, a pesar del gran declive de mi persona, he sufrido un momento de abatimiento. Poseo el mismo ardor por el estudio y la misma alegría por la compañía”.


El neurólogo ha superado en 16 años la longitud de la vida de Hume, un período que le ha servido para terminar cinco libros y su propia autobiografía, que será publicada esta primavera. En el año 2001, Sacks ya publicó El tío Tungsteno: recuerdos de un químico precoz, en la que relataba su niñez en la Inglaterra asolada por la Segunda Guerra Mundial. Además, aún le quedan pendientes un puñado de libros que espera completar en los meses que le quedan.
 
Sacks publicará su autobiografía esta primavera y espera completar alguna de las obras que le quedan por terminar. En lo que Sacks no se muestra de acuerdo con Hume es en la tranquilidad y moderación que caracterizaba el carácter del filósofo empirista. Por el contrario, el neurólogo se define como un hombre “de espíritu vehemente, con un entusiasmo violento y una extrema falta de moderación en todas mis pasiones”. En definitiva, Sacks no siente ninguna gana de separarse de la vida que actualmente experimente, sino que piensa exprimir el jugo de cada segundo que pasa.

“Durante los últimos días, he sido capaz de ver mi propia vida desde una gran altura, como una especie de paisaje, y con un sentido cada vez más profundo de la conexión de todas sus partes”, reconoce. “Pero eso no significa que no me quede nada por hacer”.

Miedo y entusiasmo ante la despedida“Por el contrario, me siento intensamente vivo, y quiero y espero que en el tiempo que me queda profundice en mis amistades, decir adiós a las personas a las que quiero, escribir más, viajar si tengo fuerzas y alcanzar nuevos niveles de entendimiento y comprensión”, reconoce el autor. Audacia, claridad y hablar sin rodeos son las tres herramientas que le permitirán aprovechar el tiempo que le queda, en el que por supuesto, “habrá tiempo para la diversión (e incluso para las tonterías)”

Ello se traduce en dejar de ver las noticias cada noche y de interesarse por el estado del mundo –como él dice, “no es indiferencia, sino desapego”– y centrarse más en sí mismo, en su trabajo y en sus amigos. “No me queda tiempo para lo superfluo”, reconoce, lo que le ha permitido tener una visión más clara de las cosas. El calentamiento global, las guerras en Oriente Medio y la desigualdad pertenecen al futuro, y eso Sacks afirma que ya no le atañe.

 Cuando la gente muere, no puede ser reemplazada. Dejan huecos que no pueden ser llenados, porque el destino (genético y neural) de todo ser humano es ser un individuo único
Su carta es también una despedida generacional: “He sido cada vez más consciente, durante los últimos 10 años o así, de las muertes de mi contemporáneos”, explica. “Mi generación está en el camino de salida, y he sentido cada muerte como una escisión de parte de mi ser. No habrá nadie como nosotros cuando nos marchemos, pero nunca hay nadie como otra persona. Cuando la gente muere, no puede ser reemplazada. Dejan huecos que no pueden ser llenados, porque el destino (genético y neural) de todo ser humano es ser un individuo único, encontrar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte”. Desde luego, nunca habrá nadie como Oliver Sacks.

No puedo fingir que no tengo miedo. Pero mi sentimiento predominante es la gratitud. He amado y sido amado; he dado mucho y me han dado cosas en retorno; he leído y he viajado y pensado y escrito”, concluye. “Sobre todo, he sido un ser consciente, un animal pensante en este bello planeta, y eso un enorme privilegio y aventura”.


Fuente:  http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2015-02-19/no-me-queda-tiempo-para-lo-superfluo-oliver-sacks-desvela-que-va-a-morir_714975/


Marruecos arrasa los campamentos del Monte Gurugú y se lleva a cientos de inmigrantes con destino desconocido

Centenares de fuerzas auxiliares marroquíes han arrasado los campamentos de inmigrantes en el Monte Gurugú, cerca de la valla de Melilla
Se llevaron a centenares de personas inmigrantes y posibles solicitantes de asilo en buses con destino desconocido. Hay heridos, mujeres y niños entre los detenidos. Actualmente se encuentran en repartidos en centros de detención en varias ciudades del sur de Marruecos, sin conocerse su destino final

 
 

Imputado 1 presidente de Melilla por el Supremo y detenidos 3 de sus consejeros y 2 altos cargos por una trama de corrupción.

Imputados 1 comandante y 7 guardias civiles por deportaciones ilegales documentadas en vídeo ordenadas por el gobierno español, cuyo ministro Fernández niega las deportaciones ilegales, pero las quiere legalizar junto a la muy próxima Ley Mordaza. La mayoritaria Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) exige la dimisión del ministro por su “nefasta política”.

Mientras, más de 1.000 inmigrantes están encerrados ilegalmente, por ser pobres y de otro color, desde hace nueve días en improvisados campos de detención en varias ciudades de sur de Marruecos, tras haber arrasado en una “limpieza étnica” masiva sus campamentos cercanos a la valla de Melilla y Nador, con el beneplácito, cuando no la colaboración del gobierno de España, del Partido Popular.

web

Entrevista con Javier Bauluz, director de periodismohumano. Periodista, Premio Pulitzer en Periodismo en 1995 y premio Periodismo y Derechos Humanos 2008, nos hablará del reciente desalojo llevado a cabo por la policia marroquí  de los inmigrantes  acampados en el monte Gurugú, mientras esperaban la oportunidad de pasar a territorio europeo. Radio Hala Bedi


13 de febrero 2015. Tercer día de razias realizadas por fuerzas marroquíes y destrucción de campamentos de inmigrantes en Monte Gurugú, cercano a valla de Melilla. Fotografía Ángela Ríos



VÍDEO: Cristelle, embarazada 9 meses: ¿Donde están los niños que se llevó la policía marroquí?
periodismohumano · M.L:

Entrevistamos a Cristelle, a punto de dar a luz, en el bosque de Nador, Marruecos. Nos explica como fueron las deportaciones masivas de inmigrantes realizadas por fuerzas marroquíes los pasados días. “Vivimos en el miedo. Se llevaron a todas las mujeres, hasta las embarazadas. ¿Donde están Erika y los otros niños?” 


Campamento de Bolingo, Nador, hace dos días, antes de ser destruido por fuerzas marroquíes y detenidos sus moradores. Fotografía Amparo Climent
Helicóptero español sobre territorio marroquí durante limpieza étnica de inmigrantes Gurugú


Campamento de Bolingo, Nador, hace dos días, antes de ser destruido por fuerzas marroquíes y detenidos sus moradores. Fotografía Amparo Climent

domingo, 15 de febrero de 2015

«Nos vamos al garete, pero no ponemos remedio porque hay una desconexión cada vez más grande entre nosotros y la naturaleza»

Sergio Rossi para Jot Down 6 

Sergio Rossi (Barcelona, 1969) es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona y desde 2007 es investigador en el Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales (Universidad Autónoma de Barcelona). Especializado en biología marina y conservación ha participado en varias expediciones científicas que le han llevado a recorrer los mares y océanos del mundo, incluido el océano Antártico, California, Isla Reunión, Chile y el caribe mexicano. También es un gran divulgador y ha recogido sus experiencias en varios libros y numerosos artículos científicos en medios como Público, El País, Muy Interesante, Quercus e Investigación y Ciencia.
Nos encontramos con él en La Central del Raval aprovechando un fugaz viaje de ida y vuelta entre México y España para preguntarle sobre los océanos, la pesca y la Antártida entre otras muchas cosas. Sergio lo tiene claro, los humanos la estamos liando…

We are going to the collapse?
Esta frase la oí en un congreso internacional de ecología en 1998. No lo dudes lo más mínimo. El otro día lo hablaba con mi hermano. Acabo de llegar y creo que lo he perturbado [risas]. Me decía que se acaba de leer un libro, La sexta extinción (hay varios de este tipo); me dice que es muy bueno, muy didáctico, «es como el tuyo, muy ilustrativo. ¿Pero qué es lo que pasa? ¿Por qué no reaccionamos?». Y es que es cierto: los que estamos en primera línea de combate, en lo que es la frontera de los cambios del planeta, y entendemos lo que está sucediendo en muchos aspectos, nos estamos dando cuenta de que somos idiotas. Lo pongo muy suave en los libros, pero aquí te lo digo tal cual: he llegado a la conclusión de que somos profundamente estúpidos. A pesar de que se sabe que nos vamos al garete pero no ponemos remedio porque hay una desconexión cada vez más grande entre nosotros y la fuente: la propia naturaleza.

¿Se mueren los océanos?
No, no, para nada. Los océanos se transforman. Y la naturaleza tampoco se muere. La gente está muy equivocada con esto. La gente piensa que la naturaleza tiene problemas, que hay que cuidar a la naturaleza… Son chorradas. A la naturaleza no le pasa nada. Continuará cuando nosotros nos hayamos extinguido. Habrá otros tigres, otros rinocerontes, que no serán rinocerontes, serán otro tipo de animal que los sustituirá… Y no pasará nada.

Lo que ocurre es que está habiendo una profunda transformación que a nosotros nos afecta mucho porque dependemos por completo del océano para muchas cuestiones, entre otras, para la comida.

¿Existe realmente la «sopa de plástico» en el centro del océano Pacífico? Si mide 1.400.000 km2, ¿por qué no se ve por satélite?
El problema de los plásticos. Sí, existen estas manchas. Se centran en los giros, es decir, allí donde de alguna forma se paran las corrientes. Digamos que las corrientes hacen como una especie de giros y ahí se va reuniendo la porquería. Este es un problema muy real. Cuando estuve estudiando lo de los plásticos para el libro me sorprendí de la poca información que había. Antes era muy escéptico, pero conseguí unos artículos científicos de un grupo que se llama Algalita Marine Research Foundation que estuvieron haciendo una serie de mediciones. Esta es la poca información que en su momento recabé. Ahora se sabe que los plásticos están concentrados en determinadas partes y esas partes ya son absolutamente todas las partes; los plásticos han llegado a todos los elementos del ecosistema y la mayor abundancia se encuentra en los fondos, invisible a nuestros ojos.

Hay dos problemas con los plásticos. Uno es el problema de los grandes, que son los que ingieren las ballenas, los cachalotes, los pájaros… Luego están los plásticos que se fragmentan. Claro, los plásticos tienen una vida útil de cien, doscientos, quinientos años… El sol y la acción del agua hacen que se vayan convirtiendo en piezas cada vez más pequeñas. Hay lugares entonces, muy puntuales, en algunos sitios, donde puede haber tres trozos de plástico por cada animal vivo pequeño. Es muy bestia, los peces comen esos plásticos que son tóxicos y entran en la cadena alimentaria. Por tanto, está habiendo una pérdida de fauna, una pérdida de interacciones tróficas, es decir, de cadenas alimentarias espectaculares que, además, ni siquiera visualizamos.

¿Sabemos dónde están esos plásticos? ¿No se pude ir con una pala y recogerlos, por ejemplo?
Esa ha sido una de las propuestas: utilicemos los pesqueros que ya no están siendo útiles porque no hay pesca para recoger plásticos. Es una solución parcial. Porque lo primero que hay que hacer es una regulación de plásticos y dejarte de historias, que esos plásticos no lleguen al mar.
Es una de las contaminaciones, es cierto, más fáciles de controlar. Ahora bien, hay un problema con esto: junto a los plásticos hay animales. En determinadas zonas el impacto puede ser muy negativo. Aparte, la cantidad de plásticos que hay en determinadas zonas puede suponer que te lleve años y años limpiando.

¿Están los caladeros sobrexplotados? ¿Crees que hay especies marinas al borde la extinción por la sobrepesca? ¿Cuáles?
Sí. Las hay, claro. Sobre todo las que son más longevas. Son las que no tienen una capacidad de recuperación tan grande como para soportar la acción de pesca que estamos haciendo. El atún rojo, por ejemplo, que todo el mundo lo tiene en la cabeza. Pero hay otras especies, como la anchoa del cantábrico, que es una especie que en principio su estrategia de reproducción es de mucha producción de huevos… No están viviendo como los atunes que igual pueden alcanzar los veinticinco o treinta años. Viven mucho menos. Pero, claro, no pueden soportar la cantidad de toneladas que se están extrayendo de forma sistemática.
Hace poco salió un artículo donde otra vez se volvía a alertar de que estaban a punto del colapso en algunas zonas del Cantábrico.
Sí que hay especies que están al borde o han desaparecido desde un punto de vista ecológico, especies que ya no tienen ninguna función dentro del ecosistema.

¿Cuál es el papel de la retención de dióxido de carbono de los bosques marinos en comparación con los bosques terrestres?
No se sabe. Este es el quid de la cuestión, es mi tema de trabajo. Así como en los bosques terrestres empezamos a tener muy claro qué es lo que está pasando, qué dan, qué no dan, cómo funcionan… Sobre el mar tenemos aún muchas dudas; la cantidad de bosques submarinos que hay superan seguramente con creces la cantidad de bosques que hay en tierra firme. Hay zonas inmensas de ese tipo de bosques que captan alimento y muchos de ellos lo retienen durante cientos y miles de años en estructuras calcáreas, incluso algunos más tiempo. No sabemos realmente cuánto están reteniendo, si es mucho, poco, cómo lo están haciendo exactamente. Tenemos nociones, pero no sabemos el impacto, así como sí lo sabemos en los bosques terrestres. Tendríamos que cartografiar el fondo del mar de verdad, en serio, para tener una idea

¿Tiene que ser esa cartografía detallada, no vale vía satélite, no hay tecnología para hacerlo?
La tecnología existe, y cada vez es más sofisticada, pero el mar es, digamos, mucho más caro que la tierra. No hay invertido dinero suficiente. Ahora EE. UU., la Unión Europea, Japón, se están dando cuenta de que es necesaria una inversión mayor. Los técnicos y algunos políticos por fin se están empezando a dar cuenta de que necesitamos respuestas reales para poder protegerlo o para poder saber qué hacer.

¿Cómo afectan los parques eólicos marinos al ecosistema?
Los parques eólicos marinos pueden llegar a ser un problema cuando están mal planteados y cuando están puestos en zonas de aves migratorias. Por ejemplo, se discutió  mucho, y no sé al final qué ha pasado, un parque eólico delante de la desembocadura del Ebro. Es una zona importante de migración, un flujo de viento muy importante también. Digamos que en muchas zonas son incompatibles. Ahora bien, en mi opinión, si están bien diseñados no tienen por qué ser tan perjudiciales como se dice. Los que están en el mar del Norte, entre Alemania y la zona de Dinamarca, Gran Bretaña… hay algunos que están muy bien pensados, diseñados, se han hecho estudios ambientales durante diez años. Sí que seguirá habiendo pájaros que morirán por la acción de las aspas, pero no tan exagerado como para no poder plantearte el hacerlos.

Relacionado con lo que decías antes sobre la inversión, ¿sigue escondiendo misterios el océano (hic sunt dracones)? ¿Queda mucho por explorar?
Sí, queda muchísimo. Ahora te metes en YouTube y cada vez hay más robots submarinos, de repente te encuentras con animales submarinos que no entiendes, que no sabemos lo que son nosotros, los especialistas. Me ha pasado, en foros donde intercambiamos información, el encontrarme con un link de alguien que pregunta «¿qué es esto…?». Y te quedas mirando ahí una especie de masa gelatinosa que no tienes ni idea de lo que es. Te quedas fascinado durante diez o quince minutos y respondes: «No tengo ni la menor idea». Es algo, no es un alienígena, pero no sabemos qué es, no podemos saberlo. Y esto es bonito también, quiere decir que aún no hemos llegado a la frontera del conocimiento, que queda mucho por explorar.

Habrá muchas zonas sin explorar.
Muchas. Enormes. Tenemos un mapa completo de la Luna, de la superficie de Marte. De la superficie del fondo del mar marina hoy conocemos alrededor de un 4%. Piénsalo. Y estás en tu propio planeta.

¿Y a qué se debe esto?
Primero a que no lo ves. Y no te importa. Y, segundo, creo que el mar lo hemos utilizado siempre como un sumidero de porquería, por un lado; y por otro como un sitio para extraer proteína y alimento. Poco más. Nunca lo hemos visto como una parte esencial del funcionamiento del sistema. El otro día vi un pequeño vídeo que dura uno o dos minutos, Nature is Speaking, precioso. A Harrison Ford le toca el océano y dice algo que yo digo en mis libros: a la naturaleza no le importamos nada. Es como si el océano hablase y te dijera: «Estoy aquí desde siempre, tú no eres nadie, dependes de mí, y no lo has entendido, sigues haciendo el estúpido, y me da igual, porque tú te irás, y yo seguiré aquí».

¿Cómo es un día en Polastern?
Muy guapo, francamente. Es una experiencia muy bonita. Empiezas por la mañana muy temprano, te levantas sobre las seis y media o siete. Desayunas. Y luego te pones a trabajar directamente en cubierta, haces experimentos, o te dedicas a mirar los acuarios, a ver si tus animales están vivos… Toda la jornada transcurre intentando hacer un poco de todo. Tal vez puedas tener oportunidad de hacer fotografías, intentas  aprovechar el tiempo lo mejor que puedes, también interaccionar con colegas de otras ramas de la ciencia. Eso sí, son alemanes. Por tanto, horarios muy estrictos: desayunos a esta hora, si vienes más tarde no entras; esta es la comida, de once a once y media; y la cena de cinco a cinco y media. Si llegas dos minutos tarde te quedas sin cenar, aunque siempre hay una nevera para los rezagados.

¿Había muchos españoles?
Éramos nosotros básicamente. Del Instituto de Ciencias del Mar y de la Universidad Autónoma de Barcelona. Íbamos porque ir en el Hespérides está muy bien pero no llega a lo que podríamos llamar (que no es correcto, pero lo llamamos así) «Alta Antártida». Es decir, todo aquello que es impenetrable si no vas en un buque rompehielos. Nos convenía ir a zonas donde encontrábamos organismos que en otras zonas no era tan fáciles de encontrar. Y sistemas e interacciones animales que no iban a ser tan fáciles de hallar si nos movíamos solo en la zona más septentrional de la Península.

¿Por qué vamos a la Antártida? Pregunta de arranque de tu libro Un viaje a la Antártida.
Sí, es una de las cosas… Voy dando charlas para intentar convencer a la gente de que es importante conocer el continente blanco. Vamos sobre todo por curiosidad. Pero debemos ir porque en estos momentos el reloj corre y la Antártida, aun estando muy lejos, es un termorregulador. En estos momentos está aguantando el embate del cambio climático. Se está fundiendo, pero se está fundiendo de manera más parcial y hay zonas donde incluso el  hielo está creciendo. Pero hasta cuándo. Necesitamos comprender, saber dónde está el punto de fractura donde el calor sea lo suficientemente alto como para que haya una fusión de parte de lo que serían los glaciares, pero ya de una forma más continua.

Esa inmensa masa de hielo, de momento, se mantiene. Y es la que hace que el nivel del mar no está subiendo lo que debería. Si se fundiese todo, que nunca pasará, la altura del nivel del mar podría subir unos setenta metros. No sería como en Waterworld, eso es imposible, pero sí esos setenta metros, que son muchos. Nueva York desaparecería. Las grandes metrópolis costeras desaparecerían. Se salvarían las que están más altas. La transformación sería impresionante. ¿Pasará? ¿No pasará? El nivel está aumentando. Por eso tenemos que ir a la Antártida. Tenemos que entender cómo funciona el sistema para intentar demostrar que hay que hacer algo para que no continúe así.

¿Qué es el frente polar? ¿Cómo afecta a las corrientes planetarias?
El frente polar es una corriente. Hay que intentar imaginársela como una cinta transportadora que hay alrededor de la Antártida y que va dando vueltas. Este frente polar lo que hace es que si te pasas de una determinada latitud, la temperatura pasa de 12º, 14º, 11º grados a ser, de repente, de 2º o 3º. Por eso se llama frente polar. Es una barrera física. Hay muchos organismos que no pueden pasar porque hace mucho frío.

Es como si de repente sales sin camiseta a una temperatura de -20º. No lo haces. Te quedas dentro de casa.
Esa corriente circumpolar de alguna forma aísla, entre comillas, el continente antártico. Por otro lado en la Antártida, parte de las aguas se enfrían y forman corrientes profundas que pasan por debajo y se distribuyen por todo el planeta, alimentando, por así decir, el resto de las corrientes del mundo.

Entonces, si esto cambia, si esa formación de aguas profundas frías cambia, todo cambia. Y todo puede cambiar un poco en reversa. Es decir, en estos momentos sabemos que si se fundiese todo el casquete de Groenlandia en el hemisferio norte, todo el hielo, al crearse una película bastante espesa de agua dulce y muy fría en la superficie se ralentizaría la corriente del Golfo y sería, entre otras cosas, lo que podría provocar una nueva glaciación. Ya ha pasado con anterioridad, y volverá a pasar.

Es decir, la gente se equivoca mucho cuando piensa que el cambio climático va a ir siempre hacia una temperatura más elevada, porque puede haber un momento en que de forma muy brusca, en catorce o quince años, la media baje de 12º a 3º grados.

Y ese es el problema. ¿Por qué? No sé si habéis visto mapas de la tierra en glaciación. Una inmensa capa de hielo que lo cubre todo. Eso no lo para nadie. Si realmente pasase, en un lapso de cien años sería imparable.
Es una posibilidad que está ahí. Y repito, ha pasado con anterioridad.

¿Es la Antártida el próximo destino turístico de aventureros ricos tras el Himalaya?
Ya lo es. Ahora están yendo desde treinta y cinco a cuarenta mil turistas al año. Es lo de siempre. Se intenta controlar para que sea lo  menos perturbador posible. Hay que decir que las personas que van a la Antártida están como muy concienciadas, van a puntos muy concretos que en algunos casos ya están degradados por su presencia. El problema es que estas personas, sin quererlo, llevan consigo especies invasoras, alienígenas. Traen semillas, insectos, virus, bacterias… que vienen principalmente de Sudamérica. La Antártida ha estado aislada durante mucho tiempo, los organismos no están acostumbrados a todo esto que entra de golpe. Ese es el problema más grave, no tanto la afluencia en puntos muy concretos que degraden una parte muy pequeña del territorio.

El tratado antártico es a priori inamovible aunque tú has comentado que empieza a haber movimientos silenciosos, ¿a qué te refieres exactamente?
Y no tan silenciosos. Ya no lo son. Recuerdo que un ministro de Australia dijo, básicamente, que «por qué tengo yo que mirar hacia otro lado lo que se está haciendo ya de facto en la Antártida si puedo ser uno de los mayores beneficiados». La explotación pesquera, por ejemplo, de forma ilegal, o de forma poco regulada.

Hay una serie de países que se están empezando a poner nerviosos porque, quieras que no, hay un tratado que en teoría la protege. Legalmente, como es de todos, cualquiera puede ir a explotarla. Y si tú tienes un buen bufete de abogados tú podrías ir y hacerlo. Lo que ocurre es que nadie lo va a hacer por el momento. Pero la presión de la sociedad al final te va a decir que necesitas el oro, el uranio, el petróleo, la pesca… porque necesitas mantener esto, esta especie de ritmo absurdo en el que estamos inmersos. Y muchos materiales se nos acaban. Es el último bastión. ¿Por cuánto tiempo? Pues creo que es en el año 2049 cuando, creo recordar, se renovará el tratado y posiblemente se pongan a repartir los recursos.
No es pesimismo, es realismo. Hay que intentar preservar este continente de alguna manera para, por una vez en la vida, hacer algo inteligente y coherente.


¿Qué pasó en Larsen? ¿Dónde se prevé el siguiente colapso?
Está habiendo varios colapsos, no solo en la zona de la península, sino en zonas como el mar de Ros. Larsen es muy evidente porque desde el satélite se veía cómo colapsó totalmente la zona en muy poco tiempo. Desde mediados de los noventa hasta el 2000 toda una zona de hielo básicamente se fragmentó y gran parte desapareció. Lo que está pasando en muchas de estas zonas es que el hielo se está fundiendo a un ritmo mucho más acelerado de lo que sería esperable y todo aquello que estaba cubierto por hielo está quedándose expuesto a una nueva escena: otras corrientes, otro tipo de vida que están entrando… Y, sobre todo, parte de este hielo, el hielo terrestre, hace que suba el nivel del mar (recordemos que si es hielo marino no pasa nada desde un punto de vista de aumento del nivel del mar).

En la otra parte de la península antártica, lo que sería la parte oeste, que está menos explorada que la del este, está habiendo una serie de colapsos, glaciares que se están fundiendo a unos ritmos que ni los propios glaciólogos comprenden.

Pero has dicho antes que la masa se mantiene…
Si sumases todo, al final, el hielo que se funde en la Antártida y el hielo que crece en la Antártida, sería ligeramente negativo, pero no tanto como el Polo Norte, cuya dinámica es diferente.

En tu opinión, ¿aún es reversible el cambio climático?
No. Es decir, tal como estamos el cambio climático irá a más. Lo podemos ralentizar, por supuesto, mitigarlo, pero ya estamos encontrándonos con un problema grave de cambio climático. ¿Reversible? Todo es reversible, lo que importa son las escalas. Estamos cambiando en muy poco tiempo y estamos de alguna forma cambiando los flujos de energía y para que esos flujos vuelvan otra vez ha de pasar mucho más tiempo. Lo que ha cambiado en sesenta o cien años a lo mejor necesita veinte mil años para realmente volver a unos niveles más o menos aceptables.

El cambio climático tiene asociadas cosas buenas y malas. No es que sea totalmente negativo. Ahora bien, el problema es que yo creo que no estamos siendo conscientes ni estamos preparados para lo que implica el cambio climático, sobre todo para determinado tipo de  poblaciones que están empezando a formar inmigrantes ambientales, gente que ya no huirá por guerras o hambrunas, sino por inundaciones, profundas sequías o aumentos en el nivel del mar.

¿Y no somos conscientes por ignorancia o porque no nos importa?
Creo que no somos conscientes porque cada vez, como he dicho antes, estamos más lejos de la realidad que nos sustenta. No somos conscientes porque no hemos entendido que nosotros somos parte del sistema. Todo lo que nos rodea no es artificial. Todo sale de una fuente natural creada por un ser que está en la Tierra y que de alguna manera necesita de la Tierra para poder sobrevivir. Todo lo que creamos son estructuras, biomasas, etc., que nos sirven para vivir. No estamos siendo conscientes de que nosotros necesitamos acoplarnos a la naturaleza.

Solo digo una cosa: la economía tampoco va, es absurda; tiene un concepto básico que es el crecimiento continuo. Nada en la naturaleza tiene un crecimiento continuo. No existe esto; llega a un clímax y cae. El planeta es finito, los recursos son finitos y la capacidad de carga es finita. No hay mucho más que entender.
Lo que digo es que tiene que haber una reestructuración mental completa del uso de los recursos para que todos podamos sobrevivir de una manera digna, y teniendo iPads pero no uno cada año y medio, que no pasa nada si no renovamos el teléfono cada trescientos sesenta y cinco días.

¿Perturbación antropogénica o natural?
Hay una parte que es natural. Sin embargo la mayor perturbación del planeta en cuanto a emisión de gases de efecto invernadero (aparte de la que ya existía de forma natural y que nos ha permitido vivir) es principalmente antropogénica. En el último informe del IPCC del 2014, que salió hace poco, pone algo así como «estamos ya casi convencidos del todo de que la anomalía es antropogénica». Es decir, no se atreven a decir que lo es al 100%, solo un 99,9%. Y es bastante normal, si lo piensas, porque tienes una enorme cantidad de combustible fósil que se está poniendo en circulación a la vez. En mi opinión, es muy fácil de entender. Si tienes algo inmóvil durante decenas, cientos de millones de años y, de repente, lo pones en circulación… algo va a pasar, ¿no? Es bastante lógico.

¿Todo es responsabilidad de la emisión del CO2?
El cambio climático es culpa del CO2, metano, y otros gases que son de efecto invernadero.
Pero hay una cosa que quiero decir: ahora tendemos a echarle la culpa de todo al cambio climático, y eso es mentira. Hay muchos más problemas relacionados localmente con cambios, impactos directos, como puede ser pesca de arrastre, la tala masiva de bosques, los monocultivos, la expansión de ciudades…

Es como un cajón de sastre.
Sí, eso es.

¿Qué es el comercio de derecho de emisión? ¿Cuánto dinero mueve? ¿Hay una burbuja o está controlado?
No, no está controlado.  Es que, maldita sea, somos humanos y somos realmente impresionantes. De verdad. Haces una ley y hecha la ley hecha la trampa. Inmediatamente después de crear un marco en el que todos estamos de acuerdo ya hay alguien que quiere hacer una trampa. Y, claro, este es el drama.

Es un tema muy complicado de regular, de crear los mecanismos para que sea efectivo. Muy difícil. Así, países que contaminan «compran» tasas de carbono a países que no lo hacen. Y empieza un mercadeo que no lleva a ninguna parte.

¿Qué opinas sobre el reciente acuerdo entre China y EE. UU. sobre cambio climático?
No tengo mucha opinión. Sinceramente, no me lo he leído mucho. Lo que sí sé es que los chinos están desesperados. Hay varias cosas que no están funcionando, pero una de ellas es que en muy poco tiempo, aproximadamente unos veinticinco o treinta años, los chinos han conseguido autodestruirse como país desde un punto de vista medioambiental. De hecho, el próximo libro que me gustaría escribir va a ir de esto, sobre cómo se han autodestruido, porque tanto a nosotros como a ellos nos ha interesado. Ellos han encontrado el mercado perfecto para poder crecer, a costa de que han deteriorado su medio ambiente hasta niveles que no podéis llegar a imaginaros. Han hecho cosas increíbles: la presa de las tres gargantas, por ejemplo. Es una entre un montón. Hay tormentas de polvo que duran semanas, meses, porque han cambiado la calidad de los suelos y la climatología local. Han destruido zonas forestales inmensas. Cosas que no se saben. Yo estoy incorporando esta información porque voy poco a poco enterándome a través de literatura, blogs, artículos científicos, etc. Ellos mismos se han dado cuenta de que, claro, uno de los problemas más graves que tienen es que ellos mismos se están autodestruyendo sin darse el margen para  poder rehacerse de una manera digna.
Así, este tipo de acuerdos están bien. Que empiecen a hablar no solo de un beneficio económico. Pero es un camino muy muy largo.

¿Cuándo nace tu interés por el mar?
Nace en Cadaqués, cuando yo tenía ocho o nueve años. Allí hay una bahía. Me metía muchas veces en el agua y daba la vuelta nadando. Ahora eso no se puede hacer, es imposible, porque está lleno de barcas. Nadaba desde una punta hasta la otra mirando el fondo del mar. Y me encantaba. Veía los peces… Queda muy cursi, pero es así. Es lo que me gustaba. Me pasaba horas en el agua. Salía con los labios violetas. Mi madre me pegaba unas broncas de tres pares de narices. Mi idea, poco a poco, era ser biólogo marino. Desde siempre.

Decía Jacques Cousteau que «La felicidad de la abeja y la del delfín es existir. La del hombre es descubrir esto y maravillarse por ello». ¿Qué parte de culpa tiene este famoso investigador en que desearas descubrir la biología marina y maravillarte con ella?
Mucha. Te acordarás de que lo daban en prime time. Ahora te dan Gran Hermano. Pero antes, creo que los domingos por la noche, daban El hombre y la tierra, Cosmos, de Carl Sagan… Me hice la colección de Jacques Cousteau. Era un hombre muy inteligente, supo, no nos engañemos, sacarle beneficio. Hizo un negocio que, en el fondo, lo piensas, y te dices: «Yo quiero un negocio así». Te das la vuelta al mundo varias veces, estás todo el día tomando el sol… pero, oye, supo transmitir.

En uno de tus artículos mencionas que tu contacto con el mar ha ido disminuyendo con el tiempo a modo de «sucesión natural» por las nuevas generaciones de investigadores, ¿volverán en algún momento de tu vida las largas jornadas bajo el agua?
A ver cómo os lo digo para que no quede muy mal… Creo que hay algunos que se dan cuenta y otros que no. Yo soy de los que me doy cuenta. Meterte en el agua con botella está muy bien, me ha encantado, he hecho muchísimo buceo profesional, mucha fotografía submarina, etc. Me sigue gustando muchísimo meterme en el agua. Ahora que estoy en el Caribe me meto cada semana de dos a tres veces, pero con el tubito y las aletas, sin botellas ni regulador. Es como uno pequeño revival. Cuando vuelva aquí o donde vaya intentaré mantener ese vínculo porque es el que te inspira… pero es que te ahoga la burocracia.

¿Qué es el ICTA?
Es el Instituto de Ciencias y Tecnologías Ambientales. Es un instituto muy interesante porque aglutina muchísimas disciplinas diferentes: gente que estudia ecodiseño, metabolismo urbano, o gente como yo que está estudiando biología marina y gestión de espacios costeros.

Ahora bien, como somos seres humanos, este es el problema de los espacios, por muy interesantes que sean, esta transversalidad no acaba de existir; cada uno se mete en su despacho, en su historia, y a pesar de que al lado puede tener un compañero que puede ser genial… pues o por pereza, o por vanidad, o por no querer quedar como un ignorante, no se sale del despacho.

De los artículos publicados en el ICTA, el primero en 2006 y el último en 2014 son sobre corales rojos, ¿son tus animales marinos favoritos?
Fue por obligación, en realidad. Se nos asignó un proyecto para ver cómo estaba el recurso. Es un animal precioso, fascinante, al que hemos maltratado mucho, como prácticamente la mayoría de los animales en este planeta. Es un animal este que ha tenido la capacidad de resistir el machacamiento humano que ha tenido después de miles de años de explotación.

Más de ochenta artículos científicos en tu CV, ¿conoces tu índice H?
Sí, conozco el índice de impacto de mis otros artículos científicos. Tengo el índice H de 21, que no está nada mal teniendo en cuenta que empiezo a ser citado en el 2002. Y además es algo que normalmente es exponencial. Lo que pasa es que para lo que sirve en este país… qué quieres que te diga.

Bueno, en Cataluña más, ¿no?
De alguna manera, sí. Pero si sigue la cosa así le quedan dos telediarios. Ahora es cuando se está empezando a ver la erosión. Cuando empezaron los recortes, hace cuatro o cinco años, no se veía igual. Ahora sí. Hay mucha gente que no está aguantando, que se está yendo. Yo estoy entre la gente más crítica. Estoy en México y, aunque no me quedaré aquí, no sé muy bien qué voy a hacer. Hoy he tenido la reunión con los vicerrectores y estoy muy contento, sinceramente. Porque hay mucha voluntad. Pero ellos mismos son conscientes de que la situación es muy complicada, tienes que adaptarte si quieres luchar por un proyecto.

Siguiendo con el tema de la divulgación, ¿en qué medio te has sentido más cómodo?
En el diario Público, donde Patricia Fernández de Lis, la redactora de ciencias, me dejó mucho margen de maniobra. Y también El País. Pero El País es mucho más difícil, más competitivo, va mucho más a la carta. En cambio, en Público me sentía muy cómodo. Luego hay revistas como Quercus donde estaba supercómodo, muy bien, Serra es un tío encantador que ha luchado por su proyecto toda la vida, pero yo me daba cuenta de que era un medio muy especializado. Se me estaban pidiendo cosas muy especializadas, y a mí me gustaba abrirme más. Público me dio carta blanca. Y estoy muy contento.

¿Qué consejos darías a un investigador novel que empieza su carrera en este país?
Ayer precisamente, viniendo para acá, estuve hablando con una persona que estaba haciendo la carrera. Uno: estudia lo que quieras, no lo que dice el mercado. Dos: no te pares en tu ciudad o pequeña o gran universidad; hay mucho mundo fuera. No lo digo porque tengamos que emigrar, etc. No. Lo digo porque, sencillamente, vale la pena. Yo he viajado mucho. Y es maravilloso. Conoce nuevas culturas, enriquécete, y, por supuesto, saca buenas notas. Porque si quieres ser investigador no tienes más remedio.
Luego, una vez que entras en el mercado, que no es la tesis doctoral, sino después, eres libre, empieza a buscar. Y ahí aconsejo que se vuelvan a ir. Seis meses, dos años o para siempre, fuera. Que exploren, que no se queden quietos.

En cuanto a los estudios oceánicos y climáticos, ¿en qué posición nos encontramos?
Creo que estábamos en la —más o menos— cola de primera división, y ahora ya hemos pasado a segunda. La gente sigue trabajando de forma excelente, pero cada vez con menos recursos y, por tanto, cada vez con menos oportunidades. En muy poco tiempo hemos hecho un retroceso bestial. Por desgracia, en mi opinión, va a continuar si no lo paramos. Porque por mucho que haya elecciones… depende de quién gane, se van a tomar un poco más en serio la cosa o no.
A mí una de las cosas que más me ha dolido fue cuando un colega holandés me dijo: «Ah, ¿pero algún día pensasteis que estabais haciendo ciencia vosotros?». Sí que es cierto que no tenemos la infraestructura mental, diría yo, para entender que la ciencia sirve para algo más que para que yo me lo pase bien porque había visto a Cousteau. Lo que yo puedo ofrecer de biodiesel, o de gestión de recursos marinos, para entender por qué estos bosques submarinos de corales y esponjas son sumideros de carbono, a la sociedad le repercute. Lo que pasa, y en eso sí estoy de acuerdo, es que tenemos que hacer un esfuerzo mucho mayor los científicos para transmitirlo. Por eso estoy obsesionado con la divulgación científica.

Desde tu experiencia en Cancún gracias al contrato Marie Curie, ¿cómo se nos ve desde fuera?
En el caso de los mexicanos España es un referente. Pero es que está pasando una cosa muy curiosa. En el sitio donde yo estoy hay un montón de españoles que van a hacer tesis doctorales y trabajos posdoctorales. Yo estoy rodeado de españoles.

Esto lo están haciendo muchos países: bombear nuestra gente, nuestros especialistas. Hemos invertido millones en formarlos y ahora se van. Gente muy cualificada, muy buena. Mejores incluso que alemanes y demás. Tenemos mucha imaginación. Sabemos hacer cosas con una alpargata y un cordel. Un alemán es incapaz. Con todo el respeto, tengo muchos amigos alemanes.

Defiendes que para llegar a cualquier tipo de público (infantil o adulto) lo que se necesitan son historias, no rollos infumables. ¿Antes ficción que ensayo, o mejor un equilibrio gradual entre ambos?
Creo que es deseable que el que se dedique a esto intente hacer las dos cosas. Yo quiero continuar ahora con una novela juvenil. Los niños son lo más difícil, hay que llegar de otra manera, los estamos perdiendo a marchas forzadas. Pero hay que ir por etapas. Necesitas hacer un libro que sea una novela, que la gente se distraiga y al mismo tiempo vea que había cosas que no sabía, cosas que le interesan. Y que ese mismo lector u otros luego tengan la ocasión de penetrar mucho más en el tema. Y para eso están los ensayos.

De los libros sobre la Antártida y El planeta azul mi hermano mismo me lo ha dicho, «Tío, qué cantidad de datos pones. Me encanta, está muy bien, me los he leído, se entiende todo…». Hasta Antonio Muñoz Molina me hizo una crítica en Babelia muy buena. Pero son libros densos. Es complicado explicar tantas cosas. Una novela es más fácil: sexo, muertos, buenos y malos. Creas todo un entorno que lo que hace es distraer y, al mismo tiempo explicas un problema ambiental… Pero no funciona. No está funcionando bien. Funcionará cuando la gente se dé cuenta de que hay problemas que afectan a su día a día relacionados con el medio ambiente.

Tus dos novelas, Medusa y El cementerio de icebergs, son novelas escritas a cuatro manos con Toni Polo, ¿qué equilibrio aporta el que uno sea científico y el otro periodista?
Es genial. Porque el científico tiene un montón de palabrejas. Yo lo que hago es que hago la estructura de la novela, con todo lo que tiene que pasar y el contenido científico. Y Toni lo que hacía era escribir. Y, claro, lo bueno de esto es que Toni no es científico, y cuando no entendía algo venía y me preguntaba. Comíamos juntos, y le explicaba los términos de manera que él pudiese traducirlos y a la gente se le quedase qué era un «sinóforo» o el «fitopláncton».
¿En qué género te sientes más cómodo, escribiendo ficción o ensayo? ¿Qué te permite cada uno y qué te limita?
A mí me gusta contar historias. Me encanta. Si hay una cosa que tengo es imaginación. Entonces, la ficción me gusta mucho. Lo que pasa es que el ensayo me permite hacer libro de denuncia, más que la novela. Con la novela siempre te queda la duda de saber si la gente cuando acaba la deja en un estante y dice: «Bah, es ficción». El ensayo es cierto. Las dos me gustan muchísimo. Y los libros para niños, espero poder continuarlos. Lo que pasa es que es muy complicado, es un mercado muy difícil.

¿De dónde surge la idea de escribir esa serie de novelas infantiles sobre el Equipo Krakatek? ¿Requiere más esfuerzo este tipo de obra por tener que explicar de forma más amena ciertos conceptos científicos? ¿Esperas escribir más libros con estos protagonistas?
La idea surge porque en un momento determinado una editora nos pidió explícitamente que hiciésemos una serie de novelas infantiles para explicar fenómenos medioambientales. Lo hicimos a cuatro manos también. Le dije a la editora: «Dame un fin de semana». Y lo que hice fue hacer el guion de trece novelas diferentes. Y se lo presentamos. La mujer entusiasmada. Publicamos las dos primeras, esta mujer se fue a otra editorial, y se acabó, ediciones B ya no estaba interesada. Es lo que hay. Mala suerte.

¿Qué hay que hacer? Pues el problema es que los niños hoy en día, como somos animales visuales, lo que quieren es ver chorradas en YouTube, mis hijos los primeros. Leen, por suerte, pero también les gustan las tonterías. Entonces, hay que llegar de otra manera. El efecto visual es muy importante.

No sé si te pasa a ti. Yo trabajo treinta minutos y me agobio. Paro y me pongo en Facebook cinco minutos y miro qué has colgado tú, el otro, etc. Si me encuentro con un vídeo y veo que dura más de dos minutos ya no lo pongo. Estamos llegando a este nivel. Ocurre que hay vídeos de dos minutos que son geniales, que te transmiten.

Hay que meterles vídeos. Crear otras herramientas.

¿Qué libros recomendarías al que quiere empezar a aprender un poco más sobre lo que sucede en nuestros mares y océanos?
Había un libro de Cousteau, algo así como Los océanos… Es un libro muy simple, y está diciendo cosas que este hombre en aquel entonces ya veía y que hoy son perfectamente aplicables. No aparece el cambio climático porque en aquella época no había. Hay muchos. Libros de David Attenborough. Muy buenos. 

De Gerard Darrel, Silvia Earl y otros que también son muy buenos. Hay una literatura muy amplia. Sobre todo para jóvenes. Ahora bien, hay una carencia importante, no es fácil encontrar libros que te enganchen. Creo que la mayoría de los libros están dedicados a un público adulto.

¿Life acuatic o Moby Dick?
A mí Moby Dick me encantó. ¿Por qué? Bueno, los libros me gustan porque me gusta imaginármelos.

Pero como homenaje a Cousteau, ¿qué te parece Life acuatic?
Yo la vi, además con amigos. Mucha imagen, pero demasiada poca explicación. Eran imágenes impresionantes, fabuloso desde el punto de vista visual, pero a mí no me aportó nada. Eché en falta una historia.