sábado, 30 de abril de 2016

Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes


Criminal convicto en Newcastle entre 1871-1873. James Scullion fue condenado a 14 días de trabajos forzados en el Newcastle City Gaol por robar ropa, después fue enviado a un reformatorio por 3 años.



 Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da
importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobser-
vancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena edu-  
cación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que
empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá
detenerse. La ruina de muchos comenzó con un pequeño asesi-
nato al que no dieron importancia en su momento.



Thomas de Quincey

Micrographia


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   Robert Hooke realizó sus estudios microscópicos a petición de la Royal Society, contribuyendo así a desarrollar las raíces de la biología, igual que había ayudado a desarrollar las de la química y la física. En 1663, la Royal Society encargó a Hooke la tarea de presentar al menos una nueva observación en cada reunión. Pese a una dolencia de los ojos que hacía que le resultase difícil y doloroso mirar a través de una lente durante largo tiempo, estuvo a la altura del desafío y realizó una larga serie de observaciones con la ayuda de instrumentos que él mismo diseñaba.
    En 1665, con treinta y cinco años, Hooke publicó un libro titulado Micrographia, o "pequeños dibujos" . Era un poco un batiburrillo de sus trabajos e ideas en varios campos, pero causó gran sensación porque revelaba un nuevo y extraño micromundo a través de cincuenta y siete asombrosas ilustraciones dibujadas por el propio Hooke. Estas ilustraciones presentaban por primera vez a la percepción humana la anatomía de una pulga, el cuerpo de un piojo, el ojo de una mosca y el aguijón de una abeja. Que incluso los animales más simples tengan partes corporales y órganos como nosotros no fue solamente una revelación sorprendentes para un mundo que nunca había visto un insecto ampliado, fue también una contradicción directa de la doctrina aristotélica, una revelación similar al descubrimiento de Galileo de que la Luna tiene montañas y valles igual que la Tierra.
    El año que se publicó Micrographia fue el mismo en el que alcanzó su punto álgido la Gran Peste que acabaría con la vida de uno de cada siete londinenses. Al año siguiente, Londres quedó envuelto en el Gran Incendio. Pero a pesar del caos y el sufrimeinto, la gente leyó el libro de Hooke, que se convirtió en un superventas.
    Aunque Hooke estimuló a toda una nueva generación de estudiosos, también sufrió el ridículo de los escépticos, a quienes resultaba difícil aceptar sus representaciones a veces grotescas, basadas en observaciones hechas con un instrumento en el que no confiaban. El punto más bajo se produjo mientras Hooke asistía a una sátira de la ciencia contemporánea escrita por el dramaturgo inglés Thomas Shadwell, y se sintió humillado cuando se dio cuenta de que los experimentos que eran objeto de burla sobre el escenario eran sobre todo los suyos, extraídos de su estimado libro.
......




Las lagartijas no se hacen preguntas
Leonard Mlodinow

Equinox


“La verdadera investigación no la hace la industria farmacéutica, se hace desde lo público”

<p>Elena Villanueva.</p>
Elena Villanueva.
Foto cedida por la entrevistada
La escena la explicaba con una imagen muy cruda un médico, consciente de la situación: “Un día iremos por la calle y veremos a un señor desplomarse delante de nosotros, porque un virus, rutinario años atrás, ha logrado vencer a los antibióticos, ya que a la industria farmacéutica no le resultó interesante económicamente invertir en esto”. Con la industria farmacéutica nos pasa como con el alcantarillado, sabemos que ese subsuelo es una zona necesaria de la realidad que nos rodea, pero a veces salen malos olores e intuimos que algo no va bien por ahí, sin llegar a entender del todo qué es eso que no funciona, en qué consiste. ¿Cómo respira y se alimenta ese gigantesco, poderoso y desconocido mundo que se mueve bajo –o más bien sobre-- nuestros sistemas de salud?

Para responder esas preguntas CTXT se dirige a Elena Villanueva Olivo, coordinadora de políticas de ISGlobal y portavoz de No Es Sano, una campaña coral que nace de la preocupación de varias organizaciones por sanear el modelo de innovación de los medicamentos, un bien público y de salud, en manos actualmente de los intereses económicos de la farmaindustria.

¿Cuánto cuesta la pastilla que nos sana?
Los precios de los medicamentos se fijan con una completa arbitrariedad. No hay transparencia. En una negociación entre país y empresa farmacéutica, si la capacidad de compra que tiene España es más alta que la que tiene Egipto, el precio de un medicamento que pagará España será más alto que el que pague Egipto y el que pague EE.UU., por lo tanto, será todavía más alto.

¿Por qué no es transparente? Quiero decir, ahí hay unos presupuestos públicos...
No se llega a ese nivel de detalle, producto a producto. Y la industria farmacéutica juega a “te lo vendo más barato que a Francia, pero no digas por cuánto te lo vendo”. Y usando ese tipo de secretismo estamos donde estamos hoy.
Hace unos días, en Francia, se ha publicado una carta de los oncólogos franceses reclamándole al presidente que se tomen medidas para que los precios de los tratamientos oncológicos se bajen, porque están alcanzando precios escandalosos que van a poner al sistema de salud francés, como al resto de sistemas de salud europeos, en la situación de a quién tratar y a quién no tratar, porque los precios son altísimos.

En España lo vivimos hace no mucho con la hepatitis C…
El caso de la hepatitis C ha sido uno de los que más repercusión ha tenido en España, pero no es el único. Es un caso que al trascender ha mostrado por primera vez ante la opinión pública en España las escandalosas formas en que la industria farmacéutica fija los precios. Hemos pagado, mediante el sistema de salud pública, 25.000 euros por cada tratamiento. Es una barbaridad. Incluso con el precio que se le puso en Egipto, que fueron 900 euros, esto supondría el presupuesto que tiene el Ministerio de Sanidad para 5 años. Para ponerles ese tratamiento a todos los enfermos de hepatitis C que hay en Egipto, no podría atenderse durante 5 años ningún otro tema de salud. Y te hablo de 900 euros, no de 25.000 que es lo que España pagó por tratamiento. Pero es que 900 euros también es un precio muy caro para determinados sistemas de salud. No podemos fijar los precios sobre la base de la capacidad económica de un país.
La industria, una vez esto se ha mostrado públicamente, quiere hacer creer que es una excepción, pero no lo es. Nosotros queremos insistir en que estos altos precios fijados por la industria del tratamiento para la hepatitis C lo serán en breve para el cáncer y ya lo son para el VIH y otra serie de enfermedades neurológicas y cardiovasculares.

Alguien del sector farmacéutico le respondería ahora mismo lo costosa que es la investigación hasta llegar al medicamento...
El 80% de la investigación básica, que es la primera parte del proceso de investigación, la hacen los institutos de investigación públicos, lo que pasa es que la mayoría de los ensayos clínicos al final del proceso, los centros de investigación públicos no tienen la capacidad de hacerlos. Pero la investigación básica, que es la más larga y compleja, es la que supone muchas horas de laboratorio hasta que das con una molécula prometedora, y se hace desde lo público. Y una vez que llega la molécula prometedora, llegan las farmacéuticas, la compran y hacen los ensayos clínicos. Ellos lo que están pagando son los ensayos. La verdadera investigación e innovación se está haciendo desde lo público. Así que tenemos que cambiar el argumentario de que la innovación la está haciendo la industria farmacéutica.  Lo público, instituciones y ciudadanos, están a merced de la industria farmacéutica. Es el doble pago. Estamos financiando la investigación básica, la más compleja, y se la vendemos a la industria cediendo todos los derechos sobre ese producto, sin asegurarnos que luego se venderá a un precio accesible para el ciudadano. Eso es incomprensible.

Por lo tanto, no se justifican estos precios por el coste de investigación. Hay estudios que dicen que el tratamiento para la hepatitis C, por ejemplo, se puede conseguir por un precio tan bajo como 100 dólares. Y entendemos y respetamos que la empresa tiene que tener beneficios, pero deben ser unos márgenes de beneficio que sean asumibles. No puede ser que el sector farmacéutico sea el sector industrial con más márgenes de beneficios que existe y que no esté dando a la sociedad los productos que necesita. Esto es lo que no es asumible. Beneficios sí, pero beneficios que hagan que los sistemas de salud tengan que elegir qué personas pueden ser tratadas y cuáles no, es lo que no vemos lógico.

La salud operando bajo criterios comerciales…
En un mercado libre como el que tenemos pasa no solo con medicamentos, pero en este caso es que estamos hablando de bienes públicos de salud. No podemos hablar de esto como si fuese un producto cualquiera. Y además, es que ni siquiera en otros sectores la diferencia de precios es tan exageradamente brutal.

Necesitamos que esos precios sean transparentes, que la negociación sea pública. Que tú le preguntes a tu Gobierno y sepas el porqué de los acuerdos firmados y cuánto paga. Nos ha costado auténticos esfuerzos conocer lo que se paga en España y en el resto de países. Y por qué la Unión Europea no fija precios de forma conjunta y de forma transparente. No puede ser que Alemania pague una cosa, España otra, etc. Eso crea desigualdades dentro de la comunidad europea e incluso entre regiones dentro de España.

Y hablamos de Europa, pero más abajo lleva pasando un tiempo.
En los países en desarrollo lo llevan sufriendo de forma más alarmante desde la crisis del VIH-sida, desde finales de los 80, principios de los 90. Muere mucha gente por el VIH y cuando se consigue el tratamiento resulta que muchos siguen muriendo porque es un tratamiento excesivamente caro, que se podría producir de una forma muchísimo más barata, con genéricos. Entonces se producen movilizaciones internacionales para pedir esto, pero no se hace porque no interesa porque no hay niveles de mercado, son poblaciones sin capacidad económica, y porque enfermedades crónicas como el VIH son para la industria muy interesantes económicamente, porque son gente que va a estar en tratamiento el resto de su vida si quiere sobrevivir. Un tratamiento caro en una enfermedad crónica es un negocio asegurado. Esa es una de las cosas por las que nosotros, como otras organizaciones, hemos preguntado desde hace mucho tiempo por qué no hay una investigación por parte de la industria para la vacuna contra el sida. Pero no interesa mientras el negocio de las enfermedades crónicas esté asegurado.

Si enfermas, más te vale que tu enfermedad sea rentable para otros.
Esto es lo que se conoce como la brecha 90/10 que hace que muchas enfermedades queden totalmente desatendidas por falta de rentabilidad. Por eso demandamos que el poder de la negociación y el poder de la investigación pase del sector privado al sector público: que sea el sector público el que maneje las reglas del juego, que en los últimos años han perdido completamente.

¿De dónde viene esta falta de control por parte de lo público en un tema vital?
Es un proceso que viene de largo. No siempre fue así. Desde que se produjeron las fusiones entre grandes empresas farmacéuticas en los años 90 se produjo un conglomerado, quedan 5 o 6 farmacéuticas que monopolizan el mercado y la Bolsa, que se rigen por parámetros absolutamente comerciales. Su único interés es obtener beneficios con un gran margen, el interés sanitario queda totalmente aparcado. En 2002 la OMC aprueba el acuerdo de propiedad intelectual por el que se establecen patentes para productos farmacéuticos. En ese momento cambian absolutamente las reglas del juego y del mercado. Y a partir de ahí la cosa ha ido empeorando. Es algo único lo que pasa en la industria farmacéutica que no pasa en ninguna otra industria. Además de lo delicado del tema, porque estamos hablando de problemas de salud pública, comparándolo con otras industrias, como la automovilística, donde todos pelean por sacar un modelo nuevo al mercado, donde la innovación es muy importante, donde se busca un coche con más motor, más prestaciones, esto en la farmacéutica no se da. En los automóviles no sucede que saques un modelo de coche, lo patentes y digas, durante 20 años nadie me puede copiar este avance. Esto no pasa, existe una competencia, una continua mejora e innovación. En este sentido no se justifica esta protección al sistema farmacéutico. Y sobre todo, esa falta de transparencia en las conversaciones entre el sector privado y los gobiernos. Creemos que eso es lo más preocupante.

Las patentes son, imagino, el soporte legal que permite ciertas prácticas dañinas.
No creemos que las patentes sean el único problema y el gran demonio. Dar patentes de innovación a cosas que realmente sean innovación no sería un problema. El problema es que se están dando patentes a cosas que no son innovación. En los últimos 10 años, sólo el 25% de los productos que han salido bajo patente son realmente innovadores, es decir, sólo el 25% de los productos con esta licencia que los protege aportaba algo que no aportara ya un producto existente. Eso es lo verdaderamente peligroso. Si permitimos a la industria patentar durante 20 años productos que no aportan nada nuevo y tener unos beneficios y un monopolio en el mercado, ¿cuál es el incentivo para que la industria apueste por investigar productos innovadores que solucionen problemas de salud? Ninguno. La patente no sería un problema si fuera para un producto innovador que solucione un problema de salud pública. Y sucede que, cuando una patente caduca a los 20 años, cuando se podría liberar el producto con el abaratamiento que supondría, se les permite renovar la patente con pequeñas modificaciones que no aportan ningún valor añadido ni mejora y se alarga la patente otros 20, 10, 5 años, por lo cual, sin hacer apenas inversión se están renovando monopolios durante años y se desincentivan inversiones en la investigación que sí es necesaria, para las enfermedades crónicas, para las cardiovasculares, para el cáncer…  El mercado de patentes como tal no funciona.

Si desde lo público pueden hacerse cosas, ¿por qué no se hacen?
La industria farmacéutica es el lobby más poderoso que hay. En EEUU gastan más en lobby que la industria armamentística, que es bien conocida. Invierte grandes cantidades de dinero en tener bien representados sus intereses. Y nadie dice que no lo puedan hacer, lobby podemos hacer todos, pero ¿de qué manera? A qué técnicas se están recurriendo.

¿Hay experiencias de modelos alternativos fuera del gobernado por la industria farmacéutica?
Sí, las hay. Brasil es un caso. Cuando sucedió la crisis del sida, que les afectó fuertemente, allí se decidió que iban a producir sus propios medicamentos, no iban a importarlos. Tailandia también decidió hacerlo así. Y gobiernos que en ese momento se sintieron con fuerza decidieron que, o bien las farmacéuticas daban los tratamientos a un precio más bajo, o bien los producirían de forma nacional. Es una de las medidas que se pueden tomar. Los gobiernos tienen esa capacidad. Si hay voluntad política puede hacerse. Brasil lo hizo y obtuvo buenos resultados. Y no solo para el VIH, cuando decidieron hacer genéricos para asegurar el tratamiento para todos los enfermos del país, sino que ahora se está formando a médicos, se están distribuyendo antirretrovirales por África, y no solo esto, sino que su propio modelo de innovación es distinto al del resto de países europeos o EEUU. Y todo este modelo distinto y más sano, se basa en que hay voluntad política. También Argentina es algo diferente, la India es completamente diferente, la llaman la farmacia de África porque es donde están la mayoría de empresas de genéricos. Brasil y Argentina están incluso reformando sus directrices de patentes para definir de forma más restrictiva, entre otros, los conceptos de novedad y actividad inventive para asegurarse que solo se patenta la verdadera innovación.
El problema es que se están firmando acuerdos entre la Unión Europea y la India, entre EE.UU. y los países de la ribera del Pacífico, como es el caso del TTP, que va a limitar la capacidad de esos países para hacer lo que han estado haciendo hasta ahora por las reglas de propiedad intelectual. EE.UU. y Europa, que son las sedes de las grandes farmacéuticas están buscándole las vueltas a la situación para que estos países que tienen otro modelo, dejen de operar como están operando.

Entiendo entonces, por los casos de Brasil, Tailandia o la India que no es excusa para los gobiernos que todo esté globalizado y no se pueda hacer nada, que hay margen de maniobra en lo local.
Hay margen. Es cierto que hay limitaciones dentro de la OMC, pero a la hora de negociar individualmente con las farmacéuticas, existe ese margen para hacer las cosas de otra manera. Dentro de la Unión Europea, España tendría posibilidades de hacer cambios. Cada vez que se aprueba qué medicamentos te cubre la Seguridad Social, ahí no te lo marca nadie, tú puedes decidir qué medicamentos se cubren y cuáles no. Tú no tendrías que cubrir medicamentos patentados que no aporten valor añadido ninguno, si ya hay genéricos, libres de patentes. Eso no te lo marca nadie desde fuera. Pero los políticos se excusan en que es un modelo global, pero es eso, una excusa, porque realmente, como se ha visto en otros casos, hay posibilidad de cambio.

¿Qué puede hacer el ciudadano?
Nosotros vemos una oportunidad en el hecho de que el ciudadano europeo o norteamericano esté empezando a sufrir las consecuencias que hasta ahora solo sufrían los ciudadanos de países en desarrollo. Es una pena que tenga que sufrirse aquí, pero esperemos que eso nos haga despertar y decir, ojo, que hasta ahora nosotros como europeos teníamos aseguradas nuestras medicinas, y con el caso de la hepatitis C hemos visto que no es así. Y ese argumento tan extendido, esa justificación por parte del ciudadano, de que gracias a que las farmacéuticas gastan mucho en investigación tenemos estas posibilidades, empieza a caerse. Porque para empezar no gastan tanto en investigación, la mayor parte del gasto es marketing, y se empieza a percibir que las prácticas no son como deberían. Creemos que es un buen momento para que las cosas cambien. Incluso Hillary Clinton en la campaña de Estados Unidos está reclamando un cambio de modelo, cada vez está más claro que los precios tienen que bajar. Está habiendo una presión social cada vez mayor para que el modelo cambie.

Tenemos que pedir más cuentas al gobierno respecto a su relación con el sector privado y exigirle transparencia al sector farmacéutico. Tenemos que sospechar más, hacernos más preguntas. Si hay esa demanda social, que hasta ahora no la ha habido porque el argumentario ha sido muy bien controlado por la industria, realmente creemos que se pueden propiciar cambios.

Nos poníamos en situación para ilustrar el estado del asunto con el caso de los antibióticos...
Los antibióticos que tenemos vienen desde hace décadas. Y como son tratamientos que duran 3 o 4 días, las farmacéuticas no tienen prioridad en invertir en ellos, no son tan rentables, por ejemplo, como la diabetes, que es una enfermedad crónica en la que la persona va a tener que estar el resto de su vida en tratamiento, es decir, pagando, de su bolsillo o mediante los impuestos que financian el sistema público de salud, depende del país. Entonces, ante la falta de innovación en antibióticos, lo que nos encontramos es que estos medicamentos están generando resistencias, hacen falta nuevos antibióticos. Desde hace 20 años sólo han salido dos nuevos a la luz, porque a la industria no le parece interesante, pero los virus se van haciendo resistentes a los tratamientos que tenemos. Hay un riesgo altísimo, hay informes de la OMS que dicen que de aquí a 30 años no tendremos antibióticos para tratarnos. Porque si lo seguimos dejando en manos de la industria, ellos no lo van a hacer, porque no les resulta interesante comercialmente. No podemos dejar que el sistema de innovación dependa de intereses comerciales, porque entonces, no va a funcionar. No basta con que subvencionemos la investigación, si no que haya investigación pública.

Todo esto da bastante miedo, la verdad.
No queremos alarmar, pero creemos que la gente debe ser consciente de a lo que se enfrenta. Los políticos, la ciudadanía y los medios han de ser conscientes del problema al que nos enfrentamos y de los riesgos que conlleva no cambiar este modelo. Es un tema desconocido porque es complejo y eso hace que los medios no lo traten, porque es difícil tratar algo tan complicado en poco espacio, pero es necesario.



Fuente:  http://ctxt.es/es/20160427/Politica/5714/industria-farmaceutica-medicamentos-negocio-investigacion-Espa%C3%B1a.htm

jueves, 28 de abril de 2016

Bélgica distribuirá pastillas de yodo a toda la población para prevenir una posible emergencia nuclear


Las autoridades belgas distribuirán pastillas de yodo a los once millones de habitantes del país para prevenir una posible emergencia nuclear, anunció la ministra de Salud belga, Maggie De Block, citada por el diario La Libre Belgique.

La medida ya estaba en vigor para las personas que viven en un perímetro de 20 km alrededor de las centrales nucleares belgas de Tihange (sur) y Doel (norte), en la frontera belga cerca de la central francesa de Chooz, así como de la planta holandesa de Borssele y de los centros de investigación nuclear de Fleurus (sur) y Mol (norte).

Pero el gobierno decidió ampliar el perímetro a 100 km, siguiendo las recomendaciones del Consejo Superior de Salud, un organismo del Estado, explicó el periódico. Teniendo en cuenta el tamaño del país, la decisión afecta ahora a toda la población belga, dijo la ministra el miércoles en el parlamento.

El líder del grupo ecologista Jean-Marc Nollet (oposición), se felicitó de la medida que reclamaba su partido pero subrayó que no quiere decir que “el riesgo nuclear ya no exista”, indicó La Libre Belgique. La seguridad de las centrales belgas es objeto de polémica desde hace varios años, tanto en Bélgica como en los países vecinos. Alemania y Luxemburgo pidieron que dejaran de operar de manera provisional los reactores de Doel 3 y de Tihange 2, cuyas cubas tienen miles de fisuras.

Por su parte la agencia belga de control nuclear (AFCN) indicó que las centrales responden “a las exigencias de seguridad más severas” y que no hay “ninguna razón” de atender las peticiones de Alemania y Luxemburgo.


Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2016/04/28/belgica-distribuira-pastillas-yodo-poblacion-prevenir-emergencia-nuclear/

miércoles, 27 de abril de 2016

El análisis de Zizek sobre los Panamá Papers




Lo único realmente sorprendente sobre los Panamá Papers es que no hay ninguna sorpresa en ellos: ¿no sabíamos de modo preciso lo que esperábamos aprender allí? Aunque una cosa es saber sobre las cuentas bancarias offshore en general y otra, tener pruebas concretas. Es como sospechar que nuestra pareja nos engaña; uno puede aceptar el conocimiento abstracto, pero saltamos de dolor cuando accedemos a los detalles más escabrosos. Y cuando uno tiene fotografías de lo que está pasando… Así que con los Panamá Papers ya estamos frente a las imágenes más sucias de la pornografía financiera del mundo de los ricos, y ya no podemos pretender que no sabemos.

En 1843 el joven Karl Marx afirmó que el antiguo régimen alemán “sólo imaginaba que creía en sí mismo y exigía al mundo que debía imaginar la misma cosa.” En tal situación, avergonzar a quienes están en el poder se convierte en un arma en sí . O, como continuaba Marx, “la presión real debe ser más apremiante si se le añade la conciencia de esa presión, la vergüenza debe ser más vergonzosa mediante su publicidad.”

Esta es nuestra situación hoy día: enfrentamos el cinismo descarado del orden mundial existente, cuyos agentes sólo imaginan que creen en sus ideas de democracia, derechos humanos, etcétera, y a través de movimientos como WikiLeaks y las revelaciones de los Panamá Papers, la vergüenza –nuestra vergüenza por tolerar tal poder sobre nosotros–, se hace más vergonzosa mediante su publicación

Un rápido vistazo a Panamá Papers revela una característica positiva y sobresaliente y otra negativa. Lo positivo es la solidaridad total entre los participantes: en el sombrío mundo del capital global, todos somos hermanos. El mundo occidental desarrollado está allí, incluyendo a los escandinavos no corruptos, quienes se dan la mano con Vladimir Putin. Y el presidente de China, Xi, Irán y Corea del Norte también están ahí. Los musulmanes y los judíos intercambiar guiños amigables, es el verdadero reino del multiculturalismo, donde todos son iguales y todos diferentes. La característica negativa: la contundente ausencia de los Estados Unidos, que le presta cierta credibilidad al reclamo de Rusia y China de que hay involucrados en la investigación intereses políticos particularizados.

Entonces, ¿qué vamos a hacer con todos estos datos? La primera y predominante reacción es la explosión de furia moralista, por supuesto. Pero debemos cambiar de tema de inmediato, de la moral a nuestro sistema económico: los políticos, los banqueros y gerentes siempre fueron codiciosos, así que ¿qué es lo que nuestro sistema legal y económico les facilitó para que se realizaran en esa avaricia de manera tan desmedida?

Desde la crisis financiera de 2008 en adelante, las figuras públicas, del Papa hacia abajo, nos bombardean con mandatos para luchar contra la cultura de la codicia excesiva y el consumo. Como lo dijo uno de los teólogos cercanos al Papa: “La crisis actual no es una crisis del capitalismo, sino una crisis de la moral.”

Incluso hay sectores de la izquierda que siguen ese camino. No falta anti-capitalismo hoy día: las protestas de Occupy estallaron hace un par de años, e incluso asistimos a una sobrecarga de la crítica de los horrores del capitalismo: libros, investigaciones pormenorizadas y reportajes de televisión abundan en empresas sin piedad, en la contaminación de nuestro medio ambiente, en los banqueros corruptos que obtienen gordas bonificaciones mientras que sus bancos tienen que ser salvados por el dinero público, de los talleres clandestinos que funcionan con horas extras de trabajo infantil.

Hay, sin embargo, un retén a todo este desborde de la crítica: lo que por regla general no se cuestiona es el marco democrático-liberal de lucha contra estos excesos. El objetivo explícito o implícito es democratizar el capitalismo para extender el control democrático sobre la economía a través de la presión de los medios, las investigaciones gubernamentales, leyes más duras, y las investigaciones policiales honestas. Pero el sistema como tal no se cuestiona y el marco institucional democrático del Estado de Derecho sigue siendo la vaca sagrada, incluso las formas más radicales de este “anti-capitalismo ético”, como el movimiento Occupy, no lo toca.

El error a evitar aquí se ejemplifica mejor con la anécdota, acaso apócrifa, sobre el economista izquierdista-keynesiano John Galbraith, quien antes de un viaje a la Unión Soviética, a fines de 1950, escribió a su amigo anticomunista Sidney Hook: “No te preocupes, no me dejaré seducir por los soviéticos para regresar a casa diciendo que tienen socialismo”. A lo que Hook le respondió de inmediato: “¡Pero lo que me preocupa es que regreses alegando la URSS NO es socialista.” Lo que más preocupaba a Hook era la ingenua defensa de la pureza del concepto: si las cosas van mal con la construcción de una sociedad socialista, esto no invalida la idea en sí, sólo significa que no se implementó del modo correcto. ¿No detectamos la misma ingenuidad hoy en día en boca de los fundamentalistas del mercado?

Cuando hace un par de años, durante un debate televisivo en Francia, el intelectual francés Guy Sorman afirmó que la democracia y el capitalismo necesariamente van de la mano, no pude resistir hacerle la pregunta obvia: “¿Pero qué pasa con la China actual” Sorman espetó : “¡En China no hay capitalismo!” Para el Sorman, fanáticamente pro-capitalista, si un país no es democrático, significa simplemente que no es de verdad capitalista, sino que ejerce su versión desfigurada; de la misma exacta manera que una democracia estalinista comunista no es una forma auténtica de comunismo.

El error subyacente no es difícil de identificar, es el mismo que en el célebre chiste: “Mi novio nunca llega tarde a una cita, porque en el momento que llegue tarde ya no es más mi novio.” Así es como los apologistas actuales del mercado, en un secuestro ideológico inaudito, explican la crisis de 2008: no fue el fracaso del libre mercado lo que lo causó, sino la excesiva regulación estatal, es decir, el hecho de que nuestra economía de mercado no era verdadera, que todavía estaba en las garras del Estado de Bienestar. La lección de los Panamá Papers es que, precisamente, este no es el caso: la corrupción no es una desviación contingente del sistema capitalista global, es parte de su funcionamiento básico.

La realidad que surge de los PP es la de la división de clases, tan simple como eso. Los documentos nos enseñan cómo los ricos viven en un mundo separado en el que se aplican reglas diferentes, en el que el sistema legal y la autoridad se inclinan a su favor y no sólo los protegen, sino que siempre están preparados para torcer sistemáticamente las leyes para acomodarlos

Ya hay muchas reacciones de la derecha liberal a los Panamá Papers que ponen la culpa en los excesos de nuestro Estado de Bienestar, o lo que queda de él. Dado que la riqueza está tan fuertemente gravada, no es de extrañar que los propietarios traten de moverla a lugares con menores impuestos, ya que en última instancia no hay nada ilegal. Ridículo como esta excusa es que este argumento tiene algo de verdad, y trae dos puntos dignos de mención. En primer lugar, la línea que separa las transacciones legales de las ilegales es cada vez más difusa, y con frecuencia se reduce a una cuestión de interpretación. En segundo lugar, los dueños de la riqueza que se trasladó a cuentas en el extranjero y a los paraísos fiscales no son monstruos codiciosos, sino individuos que simplemente actúan como sujetos racionales que tratan de salvaguardar su riqueza. En el capitalismo no se puede tirar el agua sucia de la especulación financiera y mantener sano al bebé de la economía real. El agua sucia es efectivamente la línea de sangre, el linaje del bebé sano.

No debemos temer aquí llegar hasta el final. El sistema jurídico capitalista global es en sí, en su dimensión más fundamental, la corrupción legalizada. La cuestión sobre dónde comienza el crimen (cuáles operaciones financieras son ilegales) no es una cuestión legal, sino una cuestión eminentemente política, atañe a la lucha por el poder.

Entonces, ¿por qué miles de hombres de negocios y políticos hacen lo que documentan los Panamá Papers? La respuesta es la misma que la del antiguo y vulgar enigma popular: ¿Por qué se lamen los perros? Porque pueden.



Fuente: http://www.attac.es/2016/04/18/el-analisis-de-zizek-sobre-los-panama-papers/

lunes, 25 de abril de 2016

"Clinton defiende un tipo de feminismo neoliberal, solo para mujeres privilegiadas"

<p>Nancy Fraser</p>
Nancy Fraser
Fotografía cedida por Nancy Fraser
 Nancy Fraser (Baltimore, 1947) milita al frente de la lucha feminista y la teoría crítica desde finales de los años 60. Crítica de lo que ella denomina “feminismo neoliberal”, sus teorías sobre el reconocimiento y redistribución como términos para entender las desigualdades sociales son muy influyentes. Fraser recibe a CTXT en su oficina del departamento de filosofía de la New School for Social Research, en el East Village de Manhattan, para hablar de la preeminencia de las políticas de identidad, la importancia de Bernie Sanders, Donald Trump y Hillary Clinton, y las razones por las cuales sintió la necesidad de introducir un tercer concepto -- el de ‘representación’ en su último libro Fortunas del feminismo (Traficantes de sueños,  2012) para explicar los males de la sociedad contemporánea y dónde debería centrarse la lucha para arreglarlo. 

Hace veinticinco años escribió sobre el término “reconocimiento”, que tomó prestado de Hegel, explicando que fue la palabra clave de aquella época a la hora de entender cuestiones de diferencia e identidad. ¿Cómo lo entendía Hegel y por qué es importante para entender el presente?
En Hegel tenemos, esencialmente, dos actores que se encuentran y que son sujetos; pero para ser un sujeto completo, cada uno de ellos debe ser reconocido por el otro. Cada uno reafirma al otro como sujeto en su propio derecho, que es a la vez igual y diferente de mí mismo. Si los dos pueden afirmar eso, entonces hay un proceso de reconocimiento recíproco, igualitario y simétrico. Pero, como es sabido, en la dialéctica amo-esclavo se encuentran el uno al otro en términos desiguales y asimétricos, en términos de dominación y subordinación. Entonces hay un reconocimiento no recíproco.

¿Por qué está tan en boga desde el principio de los años 2000?
Tiene que ver con lo que en ese momento llamé la condición postsocialista. Fue el momento de la historia de las sociedades de posguerra en el cual la problemática de la justicia distributiva había perdido la capacidad hegemónica de articular la lucha y el conflicto social de las mayorías. Hasta ese momento, durante la posguerra, el paradigma de la redistribución había sido hegemónico, y casi todo el discurso social y el conflicto se organizaban en esos términos. Esto significaba que era difícil que muchos problemas salieran a la superficie. Muchas reivindicaciones fueron relegadas a los márgenes porque no encajaban con la gramática distributiva. Básicamente, lo que vemos ahora al mirar atrás es que las políticas del reconocimiento coinciden con el auge del neoliberalismo. El neoliberalismo está, de hecho, desplazando el imaginario socialdemócrata y su ataque contra la justicia distributiva igualitaria está destruyendo el modelo socialdemócrata; si no completamente, al menos se está deteriorando y perdiendo su influencia, su habilidad para organizar el espacio político y el discurso; y de alguna manera esto abre un espacio a las diversas reivindicaciones y luchas del reconocimiento.

¿Se le ocurre algún ejemplo de esto?
Después de 1989*, tras el colapso del comunismo y el bloque soviético. ¿Qué pasó? Muy rápidamente hubo un aumento del antagonismo religioso, del antagonismo nacionalista – y ahí entramos en el terreno del reconocimiento. Antes, esas reivindicaciones se reprimían --se excluían. Por tanto, existía una versión comunista del discurso distributivo, que quedó destruida. En Occidente, supone la derrota de la hegemonía socialdemócrata. Aparte del ascenso del neoliberalismo, parte de esto tiene que ver con los nuevos movimientos sociales que estallan en los años sesenta. La Nueva Izquierda tenía un ethos radical, o mejor dicho anticapitalista; ponía énfasis en la redistribución y el reconocimiento de manera muy radical. Pero cuando el tiempo pasó y el espíritu radical anticapitalista de la nueva izquierda empezó a desvanecerse, los movimientos sucesivos –un nuevo tipo de feminismo, un nuevo anti racismo, las políticas sexuales del movimiento LGTB– tendieron a ignorar la visión política económica y a centrarse en las cuestiones que yo definiría en términos de status o reconocimiento.

Usted conecta estas cuestiones con las políticas de identidad. ¿Hasta qué punto es un término peyorativo?
Una parte de lo que intento hacer en mi análisis es evitar una identificación rápida entre las políticas de identidad y las de reconocimiento. Lo que he tratado de explicar es que las políticas de reconocimiento son una dimensión legítima de la justicia, y que las reivindicaciones para superar las injusticias del reconocimiento son importantes; y que simplemente no se pueden reducir a reivindicaciones de redistribución como lo haría el marxismo común, de brocha gorda. Quería defender la importancia, la legitimidad, la autonomía relativa de las reivindicaciones del reconocimiento. Intento sugerir que hay más de una manera de entenderlas – que no tienen por qué adoptar la forma de políticas de identidad. Es cierto que, con frecuencia, las reivindicaciones de reconocimiento adquieren formas de políticas de identidad. Y esto, desde mi punto de vista, es desafortunado. Crea todo tipo de problemas, y normalmente es mejor si se puede encontrar una visión no identitaria de lo que significa la lucha por el reconocimiento. 

¿Y qué debería significar?
Un movimiento como el feminismo no debería luchar por la idea de que hay una identidad o ethos feminista diferente, que requiere de un reconocimiento afirmativo para equipararse con la masculinidad. No; diría que las políticas del reconocimiento en un movimiento feminista deberían ser las luchas contra las formas del estatus de desigualdad ligadas a los términos de género. Y eso deja muy abierta la posibilidad de revalorizar “lo femenino”, sea lo que fuere. Por eso intento desligar las políticas de reconocimiento de las políticas de identidad.

Mirando atrás, me da la sensación –corríjame si es un análisis equivocado-  de que en Estados Unidos ha habido un gran avance en términos de reconocimiento, como el matrimonio homosexual, e incluso en temas de visibilidad, como tener un presidente negro. ¿Ha habido demasiado de eso y muy poco énfasis en la redistribución? Sigue habiendo mucha desigualdad, y no parece que esté mejorando...
No es una cuestión de demasiado o muy poco, sino de que no ha habido un equilibrio. Ha habido un desequilibrio y mucha parcialidad. Por ejemplo, el movimiento homosexual y el movimiento LGTB se centran en la igualdad en el matrimonio y en el acceso al servicio militar. No me parecen las mejores opciones para enfocar la lucha. En cualquier caso, las dos tienen, y eso es interesante, un elemento distributivo. El Ejército es una de las pocas vías que tienen los trabajadores para pagar las matrículas universitarias, por ejemplo, o sea que genera beneficios económicos. Y tener el derecho a casarse conlleva derechos económicos y sociales, además de los simbólicos, de reconocimiento...

¿Cuáles habrían sido las rutas alternativas? 
Hubiera preferido luchar para conseguir que los derechos sociales básicos fueran simplemente derechos individuales, independientemente del estado civil; hubiera preferido una sociedad que no enfatizara el hecho de estar o no casado. En vez de decir “¡nosotros también queremos casarnos!”, ¿por qué no decir, “te damos derechos sanitarios, fiscales y todos los demás beneficios por ser simplemente una persona, un ciudadano, un residente en el país?”. 

Entiendo que se refiere a que esos derechos están en pie de igualdad en términos de redistribución, pero ponen el acento en el estatus. ¿Es por eso por los que los prefiere? 
Sí. Porque la cuestión igualdad en el matrimonio introduce odiosas comparaciones de estatus entre los que están casados y los que no. No debiéramos reforzar eso...   

A principio de los años 2000 escribió sobre el problema del “desplazamiento”, en el cual “las cuestiones de reconocimiento se usan para marginalizar y ‘exclusivizar’ las luchas redistributivas”. Han pasado ya casi dos décadas. ¿Qué balance hace de este periodo?
El paisaje del conflicto social y de las reivindicaciones, al menos en Estados Unidos, es muy diferente de cuando escribí aquello. El ejemplo más espectacular es la campaña electoral de las primarias presidenciales, donde por un lado está Bernie Sanders, que se presenta como un “socialista democrático”, y está lanzando un discurso de clase abrumadoramente centrado en la desigualdad. También apoya todas las buenas causas progresistas de reconocimiento, pero el verdadero centro de gravedad lo pone en la cuestión de la clase billonaria, el uno por ciento y todo eso...

¿Le sorprende que Sanders haya llegado tan lejos en las primarias enfatizando su discurso sobre las clases sociales?
Si. Es una sorpresa fantástica. Estoy muy contenta; nunca lo hubiera pensado, y demuestra lo lejos que hemos llegado desde el final de la Guerra Fría. El hecho de que puedas usar el término socialismo y que eso ya no implique o inspire la locura y la estigmatizacion de los ‘rojos’ que imperaba entonces es muy interesante. En el otro lado, está Donald Trump, que presenta un cierto tipo de populismo autoritario, nacionalista de derechas que evoca también una problemática de clase pero la colorea de una manera excluyente, cuasi racista, y ciertamente nacionalista. Es como si estas dos figuras difirieran considerablemente sobre las políticas de reconocimiento --así como en sus propuestas programáticas-- pero los dos expresan la relevancia de la distribución. Esto es nuevo. Cuando escribía a mediados de los noventa la distribución estaba en los márgenes, y todo era reconocimiento, reconocimiento, reconocimiento. Esto ya no es así. El reconocimiento no desaparece, y no debería hacerlo, pero creo que ahora estamos ante un equilibrio muy diferente.

Ya que ha hablado de las elecciones, ¿qué hay de la otra candidata demócrata, Hillary Clinton? Varias feministas de la ‘segunda ola’ como Gloria Steinheim han declarado que las mujeres deben votarla porque es una mujer y la candidata feminista. ¿Lo es?
Yo no diría que es la candidata feminista. Pero está pasando algo muy interesante. Clinton lleva décadas presumiendo de ser una feminista de carné. Empezó su carrera abogando por las mujeres y los niños; es famosa por su discurso en el que equiparaba los derechos de las mujeres y los derechos humanos ante la ONU; y ha defendido con consistencia el derecho al aborto. Entonces, si eso encaja con la parte del reconocimiento, ella ha estado en eso de una manera más explícita y central que Sanders. Pero, por otro lado, ¿qué tipo de feminismo es ese? Clinton representa un tipo de feminismo neoliberal centrado en romper el techo de cristal. Eso significa eliminar los obstáculos que impiden a mujeres más bien privilegiadas, con buena formación, y que ya poseen grandes cantidades de capital cultural y de otro tipo, subir en los escalafones de gobiernos y empresas. Las principales beneficiarias de este feminismo son mayoritariamente mujeres privilegiadas, cuya posibilidad de ascender depende en buena medida del enorme grupo que se encarga del servicio doméstico y el cuidado familiar, también muy feminizado, además de muy mal pagado, muy precario y racializado. Y a la vez, Hillary Clinton, como su marido, está muy implicada con Wall Street, con la desregulación financiera y la neoliberalización de la economía. Así que el tipo de feminismo que Sanders representa tiene más posibilidades de ser un feminismo para todas las mujeres, para las mujeres pobres, para las mujeres negras, para las mujeres de la clase obrera… Y esto se acerca más a mi tipo de feminismo. 

En su libro Fortunas del feminismo introduce un tercer término; ya no solo habla de reconocimiento y redistribución sino también de representación. ¿Por qué sintió esa necesidad?
Porque conceptualiza, de una manera explícita, la idea de que más allá de las cuestiones de la distribución, estatus y reconocimiento, hay una serie de cuestiones que tienen que ver con lo político como dimensión fundamental de la sociedad. Creo que en este momento la cuestión de quién tiene standing político en un mundo de refugiados, solicitantes de asilo, inmigrantes sin papeles se convierte en una cuestión muy importante. Esto no es específico del reconocimiento o la redistribución, aunque esté interrelacionado. También tiene que ver con tener voz política.

¿Hasta qué punto trascienden fronteras esas ideas?
Cuando pensamos sobre la voz política, sobre quién la tiene y quién no, creo que deberíamos pensar en una comunidad política acotada a un determinado estado- nación, como Estados Unidos u otros, pero también en un contexto más amplio, internacional, transnacional y global. Vivimos en un mundo en el que los estados están empoderados muy desigualmente. Imagina que eres un ciudadano de Somalia, y que tienes, si no un estado fallido, un estado muy frágil sometido al yugo de los poderes y las instituciones financieras globales, como el FMI –hay cuestiones sobre la voz política que tienen que ver con un nivel más alto, no solo en tu propio estado sino en el sistema mundial. Creo que la única manera de atacar eso es a través del concepto de representación. Ahora habría que pensar en las tres dimensiones de la justicia -- o tres formas diferentes de injusticia, si prefieres: una pobre redistribución, el des-reconocimiento y la mala o inexistente representación. No hacerlo supone afrontar los problemas políticos desde el marco equivocado. 

¿Y cómo se articula esto en términos de movimientos sociales o políticos? Estoy pensando en Europa, por ejemplo, dónde hay un debate sobre cómo articular las subjetividades políticas, sobre si esto puede pasar sin que las políticas de identidad se afiancen, o incluso se impongan. Usted introduce el concepto de representación o transnacionalización. ¿Se puede construir poder político en un mundo globalizado sin enfatizar la identidad y poniendo de relieve, por ejemplo, la representación? ¿Cómo cree que se podría hacer?
Creo que de alguna manera la estructura y el problema de la Unión Europea es en parte una cuestión de representación. Me refiero al hecho de que el Banco Central Europeo y las instituciones financieras globales, en conexión con lo que comúnmente se llama Troika, tienen en sus manos una gran cantidad de poder, tanto que tienen la capacidad, a través de la imposición de medidas de austeridad, de invalidar elecciones. Pueden decirle a los griegos: “¡No nos importa a quién votasteis, no podéis poner en marcha esas políticas!”. Hay cuestiones básicas sobre dónde  reside el poder y la voz política en la Unión Europea, ya que interactúa con el orden financiero global. Todo esto está por encima, o al menos se cruza con problemas de reconocimiento y redistribución. Hay un tipo de problema de reconocimiento en Europa dónde los países ricos del norte miran por encima del hombro a los llamados PIGS -- los países del sur-- por ser vagos y evasores de impuestos. Esta es una vieja historia familiar de reconocimiento. Pero se convierte en letal cuando interactúa con el problema estructural --que por supuesto tiene que ver con la misma creación del euro-- en el que se impone la austeridad sobre la voz democrática. 


Las verdaderas sirenas


Beluga sirena. Vía.

Sirenia en griego antiguo Σειρήνες, es el nombre dado a las cinco especies de mamíferos placentarios con asombroso parecido a las sirenas, esos genios marinos híbridos de mujer y pez. Únicos mamíferos marinos herbívoros o "vacas marinas" que los marineros confundían con hermosas mujeres con cola de pez.

Y es que a lo largo de la historia la mayoría de las civilizaciones en contacto con los sirenios daban nombres  femeninos. En Egipto se les llamaba "hermosa doncella del mar", en Kenia "reina del mar", en Indonesia  "princesa dugong" y en la cuenca del río Amazonas  "pez-mujer".

Incluso Cristóbal Colón, en uno de sus viajes avistó estas criaturas. Según aparece en su diario de a bordo, un martes 9 de enero de 1493: "El día pasado, cuando el Almirante iba al Río de Oro, dijo que vido tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara".




 
 

Un fármaco mata al parásito de la malaria con una dosis de menos de un euro

Investigadores de la filial española de GSK en Tres Cantos (Madrid) han probado la eficacia en ratones de una nueva molécula contra la malaria. El medicamento tiene un mecanismo novedoso y actúa eliminando los parásitos causantes de la enfermedad mediante la inhibición de la síntesis de proteínas. Además, el tratamiento completo tendría un coste de un dólar (0,8 euros) y requerirá una única dosis oral.

María Tapia Seoane
 Un nuevo compuesto que puede matar al parásito que causa la malaria ha sido presentado esta semana en la revista Nature. El fármaco, que ha probado su eficacia en ratones, requerirá una única dosis, tendrá un coste de menos de un euro y reducirá la transmisión de la enfermedad, según los autores del estudio.
El trabajo, que ha estado liderado por el equipo del profesor Ian H. Gilbert del departamento de química biológica de la Universidad de Dundee (Reino Unido), ha contado con la participación de investigadores españoles de la multinacional farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK).

Esta empresa cuenta en esta localidad madrileña de Tres Cantos con una unidad de malaria que opera dentro del Centro de Investigación de Enfermedades de Países en Desarrollo (DDW, por sus siglas en inglés). Un grupo de esta división colaboró en otro  reciente estudio de una nueva clase de compuestos contra la malaria llamados pyrazoleamides, publicado en noviembre en Nature Communications.

Según explica a Sinc Javier Gamo, director de la unidad de malaria, la nueva molécula, denominada DDD107498, “tiene un mecanismo de acción novedoso y actúa eliminando los parásitos Plasmodium falciparum –causantes de la enfermedad– mediante la inhibición de la síntesis de proteínas”.

Esta síntesis –agrega– “es un proceso esencial para el desarrollo del parásito en diversas fases de su ciclo de vida. Por ello, la nueva molécula es efectiva en las múltiples fases del plasmodio”

Ratones infectados
El equipo de GSK en Tres Cantos ha contribuido a caracterizar las propiedades antimaláricas de la molécula. Y lo ha llevado a cabo “definiendo aspectos tan importantes como la eficacia del compuesto usando modelos in vivo de la enfermedad o la velocidad con la que el compuesto inactiva los parásitos”, destaca el experto.

En el estudio, los investigadores españoles han utilizado ratones a los que se ha implantado glóbulos rojos humanos infectados con una línea adaptada del plasmodio como modelo para evaluar la eficacia del fármaco.

Gamo señala que el compuesto empezará ahora la fase de desarrollo clínico "para evaluar la seguridad en humanos evitando cualquier aspecto tóxico del mismo".

Los autores del estudio señalan que el bajo coste del nuevo fármaco es un aspecto muy importante, ya que la mayor parte de los afectados viven en países en vías de desarrollo. El hecho de que requiera una única dosis oral también es valorado muy positivamente.

Según la Organización Mundial de la Salud, la malaria fue responsable de más de 500.000 muertes en 2013, sobre todo entre niños y mujeres embarazadas en África subsahariana.

Fuente:  http://www.agenciasinc.es/Noticias/Un-farmaco-mata-al-parasito-de-la-malaria-con-una-dosis-de-menos-de-un-euro

USAID
No hay cura sin 
Diagnóstico
Los nuevos métodos para detectar enfermedades como
la malaria, el dengue o el Zika están salvando vidas y
aumentando los estándares de salud en países en desarrollo.

Mas información: http://reportajes.elespanol.com/diagnosis/

#VivasNosQueremos: Los mensajes de las mexicanas durante la marcha contra el machismo

Miles se manifestaron contra la violencia hacia las mujeres el 24 de abril
El hashtag #VivasNosQueremos fue trending topic en México durante casi todo el día
 
 Miles de mexicanos salieron a las calles para protestar contra la violencia hacia las mujeres el 24 de abril. La marcha más grande de la movilización nacional del #24A o #VivasNosQueremos comenzó a las 10:00 horas en Ecatepec, Estado de México (uno de los municipios que registra más feminicidios en todo el país) y terminó alrededor de las seis de la tarde en el Ángel de Reforma en la Ciudad de México. También hubo protestas en ciudades como Puebla, Xalapa, Tuxtla Gutierrez, Oaxaca, Morelia, Guadalajara y Ciudad Juárez, que desde hace más de 20 años vive una crisis de feminicidios sin resolver.

El hashtag #VivasNosQueremos fue trending topic en México durante la mayor parte del día hasta las nueve de la noche, con más de 70.000 tuits, según la herramienta de medición Curator. Tanto en las calles como en Twitter, los manifestantes mostraron las pancartas y mensajes que denunciaban las consecuencias del machismo en el país, desde el acoso callejero hasta el feminicidio.

Marcha sobre Paseo de la Reforma en Ciudad de México. Saúl Ruiz
Marcha en San Cristóbal Ecatepec, Estado de México. Saúl Ruiz
Manifestante en San Cristóbal, Ecaptepec. Saúl Ruiz
Aquí va razón por la cual estoy marchando hoy con miles de hombres y mujeres
En la marcha
"Ni golpes que duelan, ni palabras que hieran"
No significa: ¡NO!
Las piernas como lienzo, no como objeto.
Manifestantes en Paseo de la Reforma, Ciudad de México, Alba Mora



Más información:  http://verne.elpais.com/verne/2016/04/25/mexico/1461540734_476453.html?id_externo_rsoc=TW_CM

sábado, 23 de abril de 2016

La radiación de Fukushima queda al descubierto con esta ingeniosa técnica fotográfica

La radiación de Fukushima queda al descubierto con esta ingeniosa técnica fotográfica
La radiación que rodea una casa abandonada en Iitate, Fukushima. Imagen: Greg McNevin / Greenpeace

La radiación de Fukushima queda al descubierto con esta ingeniosa técnica fotográfica
La radiación en el interior de la misma casa, propiedad de la familia Sato. Imagen: Greg McNevin / Greenpeace

La radiación de Fukushima queda al descubierto con esta ingeniosa técnica fotográfica
El interior de este bosque de Iitate no ha sido descontaminado. Imagen: Greg McNevin / Greenpeace

La radiación de Fukushima queda al descubierto con esta ingeniosa técnica fotográfica
Un arrozal de Onami, en Fukushima, donde se superan los niveles recomendados. Imagen: Greg McNevin / Greenpeace

La radiación de Fukushima queda al descubierto con esta ingeniosa técnica fotográfica
El interior de la guardería Soramame en la ciudad de Fukushima. Imagen: Greg McNevin / Greenpeace

La radiación de Fukushima queda al descubierto con esta ingeniosa técnica fotográfica
Una escuela de Starye Bobovichi, en Rusia. Imagen: Greg McNevin / Greenpeace

La radiación de Fukushima queda al descubierto con esta ingeniosa técnica fotográfica
Un parque infantil en Zlynka, en Rusia. Imagen: Greg McNevin / Greenpeace
 
La radiación de Fukushima queda al descubierto con esta ingeniosa técnica fotográfica
La entrada en ruinas de una antigua iglesia en Starye Bobovichi. Imagen: Greg McNevin / Greenpeace
  Cinco años después del accidente nuclear de Fukushima, la radiación nuclear persiste en algunas zonas descontaminadas y declaradas seguras por las autoridades japonesas. El fotógrafo Greg McNevin ha dado con una manera ingeniosa de fotografiar la contaminación invisible (y en tiempo real).

En colaboración con la organización ambientalista Greenpeace, McNevin hizo varias fotografías de larga exposición aplicando la famosa técnica de light painting o pintura con luz. Para ello fabricaron una herramienta de iluminación LED con forma de palo y la conectaron a un contador Geiger que detecta la radiación ionizante del entorno. Sólo hizo falta que alguien recorriera el encuadre con el palo en la mano mientras el obturador capturaba la luz.

Los resultados son escalofriantes. En las fotos, las barras blancas representan un nivel de contaminación aceptable según las autoridades (menos de 1 mSv por año); las naranjas (hasta 5 mSv por año) significan que la radiación excede los niveles objetivo, lo que puede suponer un riesgo para la salud; y las rojas (más de 5 mSv por año) implican que hay que evacuar a la población.

 Greenpeace se trasladó también a los alrededores de Chernóbil, 30 años después del mayor accidente nuclear de la historia, para demostrar la persistencia de la contaminación radiactiva en zonas que están
habitadas.

 Puedes leer la historia completa y ver el resto de imágenes de Fukushima y Chernóbil en el blog de Greenpeace.



Fuente:  http://es.gizmodo.com/la-radiacion-de-fukushima-queda-al-descubierto-con-esta-1772481270

"La empresa pagó a los sicarios que mataron a mi madre"

Berta Zúñiga Cáceres, hija de la líder indígena hondureña asesinada el 3 de marzo, responde a las preguntas de 'Público' en medio de un viaje por Europa para reclamar una investigación independiente sobre el caso.

Berta Zúñiga Cáceres, hija de la líder lenca asesinada, pide justicia ante la embajada de Honduras en Bruselas. FRIENDS OF EARTH EUROPE.
Berta Zúñiga Cáceres, hija de la líder lenca asesinada, pide justicia ante la embajada de Honduras en Bruselas. FRIENDS OF EARTH EUROPE
 No hace ni dos meses que le arrebataron para siempre a su madre, pero Berta Zúñiga Cáceres, hija de la reconocida líder indígena hondureña asesinada, responde amable y con voz decidida desde el otro lado del teléfono. En sus palabras se advierte el legado de su progenitora: "Las enseñanzas fundamentales de mi vida han estado bastante influenciadas por ella", reconoce. Es indudable, al menos, la herencia de su espíritu de lucha. La búsqueda por la verdad y la justicia la ha traído a ella y a otros miembros del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas (COPINH) hasta Bruselas para reunirse con europarlamentarios y representantes de la sociedad civil. Reclaman una investigación independiente que arroje luz sobre el crimen de Berta y de otros miembros de la organización que fueron también abatidos, pero advierte de que esa es una pelea que se suma a las reclamaciones históricas del pueblo lenca, por las que murió su madre, y a las que no tienen la más mínima intención de renunciar: la paralización del proyecto hidroeléctrico de Aguazarca y la defensa de su territorio. Por eso exige que se retire toda la financiación europea a la empresa hondureña DESA, encargada de la obra y a quien responsabiliza de manera directa y sin pestañear de lo sucedido.

Después de mes y medio del asesinato de su madre, el caso sigue bajo secreto de sumario y sin avances. Ustedes desconfían de la investigación oficial ¿Por qué?
Que se haya decretado en secreto ya va en contra de la propia ley procesal penal de Honduras, que dice que las víctimas tenemos derecho a participar activamente en el proceso de investigación. Es algo que a nosotros se nos ha denegado. La institucionalidad hondureña participó y ha sido cómplice y ha avalado a la empresa que nosotros hemos señalado como la fuente principal de las amenazas. La institucionalidad hondureña se confabuló abiertamente con la empresa en varios procesos.

Hay que saber que la impunidad en nuestro país llega al 80%. Las autoridades hondureñas han hecho montajes en asesinatos anteriormente. En nuestro caso, el proceso ya ha sufrido una serie de irregularidades como la contaminación de la escena del crimen y que no se ha dado copia de los testimonios a los testigos protegidos ni al testigo principal, Gustavo Castro. Las líneas de investigación a las que se les ha dado prioridad han sido: o un conflicto interno de la propia organización, o un crimen pasional. El derecho internacional establece, obviamente, que cuando un activista es asesinado, la primera línea de investigación a agotar es la que tiene que ver con su trabajo. ¡Aquí la empresa fue investigada once días después! Tuvieron todo el tiempo del mundo para eliminar pruebas.

¿Quién creen ustedes que son los responsables del crimen de Berta? La empresa DESA fue la fuente principal de las amenazas. Desde el año 2013 tenía un conflicto con la organización y con Berta como coordinadora general, a la que criminalizó y señaló en varias ocasiones, que ha pagado a sicarios en varias oportunidades para matarla, que ha chantajeado y sobornado a las autoridades municipales, judiciales y también a personas en las comunidades que participan rechazando el proyecto. Señalamos como responsable a la empresa DESA (Desarrollos Energéticos Sociedad Anónima) que fue financiada por el FMO (Banco de Desarrollo Holandés).

Esa es una de las razones por la que están hoy en Bruselas, para pedir que se retire la financiación de estas entidades al proyecto de Aguazarca… ¿Qué respuesta han tenido?

Nosotros queremos que se cancele la financiación. Hemos tenido una recepción buena y conseguido el compromiso de algunos parlamentarios en la búsqueda de justicia y en que se cancelen estos préstamos.

También están reclamando una investigación independiente. ¿Creen que el Gobierno terminará colaborando? Ante la presión internacional el Gobierno empezó a hacer varias cosas para desentenderse de nuestras demandas sin hablar con nosotros. Pero ninguna de las instancias a las que ellos apelan tiene el mandato para hacer una investigación del tipo que nosotros pedimos. Quien lo tiene es la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El Gobierno ha evadido totalmente esta cuestión. La Comisión se reunió con el canciller de la República pero este dijo que era mejor esperar a que se cerrara la investigación.
¿Se sienten amenazados?

Bueno, el asesinato de mi mami marca un antes y un después. Ella era una líder, una persona reconocida nacional e internacionalmente, con premios importantes, y aún así fue asesinada, lo que nos dice que en realidad ahora en Honduras puede pasar cualquier cosa. Pero también yo creo que el objetivo de su asesinato, además de intimidar y paralizar el movimiento social, era destruir a su organización, que tenía una trayectoria importante y que incluso tenía procesos judiciales contra cada uno de los proyectos hidroeléctricos en la región Lenca. No negamos que hay una persecución, que la organización está siendo perseguida, vigilada, y que uno de los objetivos era ese, destruir su organización, que era su proyecto político.

Honduras es el país más peligroso para los defensores del medio ambiente, donde se han disparado las cifras de activistas asesinados en los últimos años. ¿Cómo ha influido el golpe de Estado de 2009 en esta situación?

El Golpe de Estado es el punto de inflexión en el que la historia de nuestro país empieza a cambiar y a ser más represivo y más violento. Honduras tiene una de las tasas de muertes violentas más altas del mundo y esto pasa justamente después del Golpe de Estado que crea una situación de conflictividad en los territorios de las comunidades indígenas y campesinas. Son asesinatos dirigidos a activistas, defensores de la tierra y del tema de los bienes comunes. Yo creo que es evidente cómo el golpe de Estado marca un antes y un después.

¿Qué papel está jugando EEUU?
Es ambiguo. La responsabilidad de EEUU en el apoyo al golpe de Estado es evidente. Y el apoyo también a la militarización del país, que han sido las fuerzas represivas que han cuidado los intereses de las empresas privadas. Por otro lado han mostrado un fuerte interés en apoyar una investigación sobre el asesinato de mi madre. Digamos que el Departamento de Estado sí tiene una postura muy aliada a la del Gobierno de Honduras, pero existe presión de la sociedad civil estadounidense y de algunos parlamentarios estadounidenses que ya han criticado no sólo el asesinato, sino los procedimientos que se están siguiendo en la investigación.

Hay quienes ven en su lucha una pelea por un pedazo de tierra. Su madre defendía que se trataba de una lucha por los seres humanos y por la supervivencia del planeta. ¿Qué significado tiene el río en su comunidad?
Yo creo que todos los elementos que componen la territorialidad de los pueblos indígenas son muy importantes porque hay una visión y un entendimiento y una relación distinta que la del mundo occidental, que no puede entender cómo nos oponemos a proyectos que ellos llaman de desarrollo sostenible. La instalación de estos proyectos no afecta sólo al río, sino que significa el despojo territorial. Acaparan territorios importantes y crean conflictos dentro de las comunidades. Son empresas con dinero que pagan a las personas para ponerlas a favor del proyecto. Incluso están vinculadas al sicariato, contratan personas para asesinar. El tema del agua forma parte del hábitat funcional de los pueblos indígenas. Y la funcionalidad es muy importante, pero también la sacralidad. Las comunidades creen que en los ríos habitan espíritus. Al eliminarlos, se crea un conflicto con la ancestralidad y la espiritualidad y eso es algo que no entienden ni las empresas ni los bancos financiadores.

Usted va a seguir con la lucha que comenzó su madre. ¿Qué aprendió de ella?
De mi madre aprendí muchas cosas. Ella nos enseñó a luchar desde siempre, no lo hacemos desde ahorita. Lo hemos hecho siempre, una práctica constante y coherente que ella nos inculcó. Desde su asesinato pretendemos continuar con más fuerza y tener una doble lucha: por un lado la lucha histórica del pueblo Lenca y por otra la lucha en la búsqueda de la justicia. Las enseñanzas fundamentales de mi vida han estado bastante influenciadas por ella, pero el hecho de la coherencia entre lo que se dice y se hace es algo fundamental que ella nos dejó, así como la búsqueda de una justicia profunda y verdadera que va más allá de lo que la institucionalidad hondureña nos pueda ofrecer. En este sentido nosotros no nos vamos a conformar con que se investigue y se dé con los responsables del asesinato, sino que vamos a luchar por parar los proyectos que han significado la muerte de varias personas en nuestro país. Y esa es una lucha de toda la vida, no es de un día para otro.

viernes, 22 de abril de 2016

Al margen de la existencia


EL JARDÍN DE LAS DELICIAS: HIERONYMUS BOSCH


    



Se aprende más en una noche en vela que en un año de sueño. Lo cual equivale a decir que una paliza es mucho más instructiva que una siesta. 


E.M. Cioran


In memoriam: Prince

Prince. Foto: Corbis.
Prince. Foto: Corbis.
 Cuesta creerlo, pero desde hoy vivimos en un mundo sin Prince.

Siempre tuve la impresión, casi la creencia, de que el hecho hipotético de que Prince fuese mortal iba contra el orden natural de las cosas. La interrupción de su existencia carecía de sentido como concepto y era una posibilidad que jamás se me había pasado por la mente. Claro, desde un punto de vista racional puedo entender que era un organismo vivo como los demás seres humanos —suponiendo que él fuese humano, de lo cual todavía no estoy convencido— y que como a todo organismo vivo le llegaría su final. Pero a veces la racionalidad no vence y confieso que mientras escribo estas líneas continúo sin ser del todo consciente de que Prince Roger Nelson, uno de mis mayores ídolos, uno de los individuos que más alegraron mis años de infancia y adolescencia, ya no esté entre nosotros. No tiene ningún sentido. Era demasiado grande para morir. El universo será una broma de mal gusto sin él.

Quienes vivieron sus años de gloria recordarán que Prince tenía completamente cautivada a la industria musical, empezando por el público, siguiendo por la crítica y terminando por sus propios compañeros de profesión. A nadie con dos dedos de frente se le ocurría contradecir la idea de que Prince era un genio. En una época donde la mayor parte de los músicos a los que muchos admirábamos ya no vivían, o vivían horas bajas o ya no publicaban sus mejores discos, y donde el noventa por ciento de la música que dominaba las listas de éxitos se antojaba insustancial y prefabricada, ahí apareció él, que no solamente estaba de luminosa actualidad, sino que recogía y combinaba largas tradiciones musicales condensándolas en su propia persona con una pasmosa facilidad que nos tenía a todos atónitos. Todo en su música y su imagen tenía raíces, muchas raíces y mucho poso, y aun así sus canciones eran muy propias, muy suyas, revolucionarias. Hizo lo que se supone que hacen los genios: construir algo nuevo y distinto desde lo ya conocido, desde lo establecido, y sin negar el parentesco con sus ídolos para dárselas de innovador. Es más, recordándonos sin complejos de quién había tomado sus influencias, homenajeándolos a cada paso que daba. Todos podíamos ver que Prince tenía mucho de Jimi Hendrix, de James Brown, de Sly Stone, de los Beatles, de Stevie Wonder, de muchos grandes nombres. No se molestaba en ocultarlo. Pero a nadie se le hubiese ocurrido acusarle de ser un vulgar imitador o fabricante de pastiches, porque todos sabíamos que él era uno de ellos. Un discípulo, pero también un igual. Tenía esa misma magnitud, la de los más grandes.

Escribí otro artículo donde repasaba —con el cariño que pueden ustedes presuponer— varias anécdotas rocambolescas e hilarantes relacionadas con su exuberante personalidad. No crean que ahora reniego de ese texto porque la noticia de su muerte me haya causado tristeza; al revés, ahora me parece mucho más entrañable (e igual de gracioso) pensar en cuando se caía del escenario agarrado a una farola o montaba numeritos dignos de Gloria Swanson en las entregas de premios. Pues bien, en ese texto también recordaba que en los ochenta, para mí, cada nuevo disco de Prince era una de las mejores noticias del año. Durante mucho tiempo pude comprobar que cada vez que estrenaba álbum me noqueaba con canciones que nadie más podía haber concebido en su momento: «Purple Rain», «Let’s Go Crazy», «Raspberry Beret», «Kiss», «Sign o’ the Times», «Girls and Boys», «Alphabet St.», «Batdance», «Partyman», «Cream», «Sexy MF», «Peach». Canciones que sonaban a tradición y a novedad, en las que Prince parecía un viajero del tiempo capaz de componer piezas en las que varias décadas bailaban al unísono. Incluso en el 2015, cuando yo ya no era un adolescente, podía golpearme con un diamante inesperado como aquella hipnótica «Stare» que he seguido escuchando varias veces al mes desde que se editó para Spotify, porque parecía una canción salida de las más redondas obras maestras del funk de los años setenta.

Es verdad que no siempre sus discos fueron igual de brillantes —como le sucede a cualquier artista con una larga carrera—, sobre todo porque hubo épocas en las que sentíamos que, aunque continuaba grabando la música que le apetecía como de costumbre, ya no se preocupaba tanto por producir esos momentos de impacto. Momentos de impacto que, lo admito, son difíciles de conseguir; por eso nos sirven para decidir cuáles han sido los periodos más inspirados de cualquier músico. Pero Prince hace ya mucho tiempo que no los necesitaba. Sus años de apogeo fueron tan descomunales que a nadie que los viviese le puede sorprender que la prensa, de manera unánime, le calificase como «el genio de Minneapolis». Hoy se utiliza la palabra «genio» con mucha —demasiada— liberalidad, pero entonces, al menos en el caso de Prince, fue el marchamo de calidad impuesto de manera unánime por una prensa musical a la que impresionaba año tras año. No recuerdo otro artista cuya carrera haya sido contemporánea a mi existencia ante el que los medios hayan estado tan rendidos de antemano en plan: «No sabemos qué es lo próximo que hará Prince, pero sí sabemos que irá por delante de cualquier cosa que podamos imaginar». Aquella aureola de divinidad creativa es algo que no he vuelto a contemplar en torno a nadie.



Prince desapareció de la primera línea comercial de manera gradual, pero imparable. Por un lado, nuevas corrientes como el grunge le hicieron parecer «muy de los ochenta», algo muy injusto porque algunas de esas mismas corrientes, como el llamado rock de fusión de los noventa, no hubiesen existido sin él, que había estado practicando ese estilo, casi en solitario, durante su década de reinado. Pero también es cierto que se dejó atrapar por un nuevo R&B más etéreo, y menos interesante, con el que estuvo jugueteando más tiempo del debido. Así, los más jóvenes crecieron sin entender lo grande, lo importante, lo decisivo que había sido Prince. Pero nunca estuvo en decadencia. Jamás. Cada vez que tenía la oportunidad de recordarle al mundo que era un gigante, lo hacía, con esa facilidad insolente de quienes nacen tocados por el dedo de los dioses. Como cuando apareció en el típico miniconcierto del intermedio de la Super Bowl, el mayor escaparate de la industria musical estadounidense. No lo tenía fácil: dos años antes, Paul McCartney había estremecido por igual a las viejas y las nuevas generaciones con una actuación intensa y enérgica. El año anterior, los Rolling Stones habían triunfado también, aunque tirando más de leyenda que de eficacia musical. Prince sucedió a estos dos gigantescos nombres con una puesta en escena relativamente minimalista (si se puede decir tal cosa de un show de la Super Bowl), en el sentido de que decidió central todo el peso en él mismo, su voz y su guitarra. Hasta los dioses parecían ponerse en su contra, porque empezó a llover a cántaros. Pero él ignoró el hecho y cantó y tocó su guitarra a todo volumen, olvidando las sutilezas R&B y recordándonos que no solamente era un gigante del funk y del pop, sino también un furibundo roquero cuyos anárquicos solos no tenían nada que envidiar en fuerza a los de cualquier grupo considerado «duro».

Al final, el clima probó ser no una maldición divina sino todo lo contrario, cuando le sacó partido mientras hacía cantar a todo el estadio una mágica «Purple Rain» muy apropiadamente interpretada bajo la lluvia. Y por cierto, yo hasta entonces pensaba que ya no se podía hacer nada nuevo, al menos que mereciese la pena, con «All Along The Watchtower» desde que la versionó Hendrix (es más, el propio Bob Dylan pensaba así) hasta que Prince interpretó una estrofa en plan blues durante aquella actuación… De lagrimón, amigos y amigas. Es decir, cómo glosar la grandeza de un individuo que mientras Lenny Kravitz hace un solo de guitarra es capaz de hacer lo mejor ¡de ese solo ajeno! (vean el minuto 2:15 de este video: «Y ahora voy a hacer un ruidito molón para que termines tu solo como Dios manda»). A eso lo llamo ejercer de productor en vivo, sobre un escenario, y ya de paso robar el show como quien pasea por el comedor de su casa. Sin vacilar, sin entrometerse en lo que el otro hace, sino complementándolo. Son tantos los miles de detalles así que ha habido en la carrera de Prince que se necesitaría una enciclopedia. ¿Y qué decir de su intervención en el concierto de homenaje a George Harrison? Apareció sin previo aviso para tocar el solo final de una «While My Guitar Gentrly Weeps» que sin él era perfecta, pero con él se transformó en algo asombroso. Con su fogosidad hendrixiana a la guitarra, y con esos calculados toques de showmanship heredados de James Brown, Prince recordó una vez más a los más jóvenes que no importaba si ya no reinaba en las listas; continuaba siendo el más grande. Y si no, que suba otro e intente hacerlo mejor. No es una cuestión de técnica; es cuestión de sabiduría musical y savoir faire. Sé que no soy objetivo, porque prefiero mil veces el solo de «Kiss» a cualquier filigrana imposible de John Petrucci, pero díganme que Prince no es insuperable cuando decide tirar de sentimiento:


Estas apariciones atestiguaban que poseía tal constelación de talentos que podía lucirse junto a cualquiera, en cualquier momento, con cualquier canción que le pusieran por delante. Eso es lo que mejor resume la relevancia que tuvo como artista cuando todo el mundillo parecía orbitar a su alrededor: los demás podían hacer lo que quisieran, que cuando él se lo proponía terminaba destacando, siempre. Pues eso mismo es lo que le hizo a la música en los ochenta: demostrar que los límites no eran tales, que los estilos que se consideraban ya superados aún podían dar más de sí y generar cosas excitantes, que aún podían imaginarse nuevos universos. Y ahora ya no tendremos más de esos momentos. Ya no aparecerá por sorpresa en cualquier evento para apoderarse del espectáculo con su propia presencia. Aunque, como dice mi amiga Monty —la misma que me sugirió lo del artículo de momentazos principescos—, puede que todo sea una treta promocional y que reaparezca en unos días, con su expresión de niño travieso y alguna canción compuesta al efecto, con un en plan «I’m Alive 4 U Again». Eso sería fantástico: la Segunda Venida de Prince. Algo lo suficientemente grandioso como para ser digno de él. Y si no, siempre nos queda ponernos en plan negacionista, resistiéndonos a admitir que Prince se ha ido y aferrándonos a que todo es una conspiración de la CIA, la NASA y la Casa Blanca. Si la el mundo real carece de Prince, desechemos el mundo real. Prince es mucho más necesario que la realidad. En fin, bromeo por no llorar. Esto ha sido tan inesperado como triste. No consigo que me entre en la cabeza. ¿Qué haremos ahora? Le organizaremos un funkneral a su medida, sí, pero, ¿y después, qué? ¿Quién va a ocupar su lugar? ¿Quién va a ser tan maravillosamente único?

Descansa en paz, Maestro. No volverá a haber nadie como tú.


Fuente: http://www.jotdown.es/2016/04/in-memoriam-prince/