miércoles, 26 de julio de 2017

Profesión de fe




La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón,
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos 
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.


Antonio Machado

lunes, 24 de julio de 2017

Turquía juzga al diario ‘Cumhuriyet’ pese a las presiones internacionales

Diecinueve empleados y directivos del periódico progresista se enfrentan a penas de hasta 43 años de cárcel por criticar al Gobierno

Compañeros de los periodistas detenidos y manifestantes sostienen copias del diario 'Cumhuriyet' el inicio del juicio contra 19 de sus empleados y directivos este lunes en Estambul.

Compañeros de los periodistas detenidos y manifestantes sostienen copias del diario 'Cumhuriyet' el inicio del juicio contra 19 de sus empleados y directivos este lunes en Estambul. AFP
 En medio de una gran expectación y de numerosas peticiones de organizaciones internacionales para que los encausados sean liberados, el juicio contra 19 periodistas, empleados y directivos del diario Cumhuriyet comenzó este lunes en Estambul. Casi nueve meses después de que efectivos de la policía irrumpiesen en sus oficinas y se llevasen detenido a parte del equipo de este rotativo estambulí, uno de los pocos independientes que quedan en Turquía, tanto desde el punto de vista ideológico (es crítico con el Gobierno) como económico: no tiene detrás a ningún gran grupo empresarial sino que lo publica una fundación. Casi nueve meses que diez de los acusados han pasado en prisión preventiva (206 días en el caso del periodista Ahmet Sik y 109 en el del contable Emre Iper, otros dos empleados de Cumhuriyet detenidos posteriormente).

La Fiscalía pide entre 7,5 y 43 años de cárcel para los 19 encausados (doce en prisión, seis en libertad vigilada y dos juzgados in absentia), a los que imputa los cargos “colaboración con organización armada terrorista”, “abuso de autoridad” e “insultos al presidente”. Según el sumario de acusación, el diario cambió en 2013 su dirección y modificó su política editorial para favorecer a la cofradía de Fethullah Gülen, antaño aliada del presidente Recep Tayyip Erdogan pero ahora su principal enemigo y a la que se acusa de dirigir el golpe de Estado del pasado año. Las pruebas en que se basa la acusación son en su mayoría textos publicados por el diario y mensajes compartidos en las redes sociales, así como comunicaciones a través de la aplicación de mensajería móvil ByLock, utilizada por los gülenistas y que el Gobierno turco considera prueba suficiente para vincular a sus usuarios con la asonada militar.

Además de estas acusaciones, a varios periodistas —por ejemplo Ahmet Sik— se les incrimina ser miembros del grupo armado kurdo PKK y del izquierdista DHKP-C, lo cual, sostiene la defensa, es contradictorio en extremo: no sólo los gülenistas, en su periodo de esplendor (2007-2013), hicieron todo lo posible por descarrilar el proceso paz entre el Gobierno y los insurgentes kurdos, sino que los militantes del PKK y del DHKP-C se odian entre sí y, de hecho, las prisiones turcas mantienen a sus militantes en pabellones diferentes para evitar conflictos.

Los periodistas juzgados niegan todas las acusaciones y, uno de ellos, el columnista Kadri Gürsel, aseveró ante los jueces que de todos los mensajes y llamadas hechas por supuestos gülenistas que se incluyen en su imputación no respondió a una sola. Además, recordó a los jueces que él ya había advertido sobre la peligrosidad de la cofradía gülenista cuando el Gobierno islamista aún la consideraba su aliada. De hecho, en el pasado, jueces y fiscales de adscripción gülenista procesaron a varios empleados de Cumhuriyet acusándoles de tratar de atentar contra el Ejecutivo de Erdogan en juicios que posteriormente se demostró que habían sido manipulados.

Las sesiones del juicio contra Cumhuriyet continuarán ininterrumpidamente hasta el viernes, cuando se espera que el tribunal decida si prolonga o no la prisión preventiva de los detenidos; si bien el proceso se prolongará durante meses hasta que los jueces alcancen un veredicto. “Como muchos otros de los más de 150 periodistas actualmente entre rejas en Turquía, los imputados del caso Cumhuriyet que están encarcelados, están siendo castigados sin siquiera haber sido condenados pues permanecen en prisión preventiva desde hace meses y (sufren) límites arbitrarios a sus contactos con el exterior e interferencias a su derecho a preparar su defensa”, denunció el Instituto de Prensa Internacional (IPI), una organización de defensa de la libertad de prensa con sede en Viena a la que pertenece Kadri Gürsel. De hecho, el director del diario, Murat Sabuncu, pidió posponer su defensa ante el tribunal dado que los documentos que había preparado para ello en la cárcel le fueron confiscados por la Gendarmería.

Numerosos representantes de organizaciones internacionales, como PEN, Reporteros Sin Fronteras y la Federación Internacional de Periodistas, estuvieron presentes en la sala de juicios, así como los eurodiputados Arne Lietz (grupo socialdemócrata) y Rebecca Harms (grupo verde). También la Unión Europea, el Consejo de Europa y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) siguen de cerca el proceso. El representante para Libertad de los Medios de Comunicación de la OSCE, Harlem Désir, exigió la liberación de los periodistas detenidos y criticó las medidas tomadas durante el estado de emergencia vigente en Turquía por suponer “presiones innecesarias y desproporcionadas contra la libertad de expresión y de prensa”.

Este no es el único caso al que se enfrentan Cumhuriyet y sus periodistas. También deben responder en el proceso sobre la revelación de un presunto envío ilegal de armas a los rebeldes sirios, por el que el corresponsal del periódico en Ankara, Erdem Gül, y el exdirector Can Dündar (huido a Alemania y que está igualmente incluido en el juicio iniciado este lunes), se enfrentan a cadena perpetua. Por esta causa ya ha sido condenado a 25 años de cárcel el diputado opositor Enis Berberoglu, quien filtró a los periodistas las imágenes del envío de armas.


Indígenas en sandalias y traje regional ganan una ultramaratón a corredores profesionales

Sin deportivas en los pies, ropa de atletismo, cronómetros, medidores de pulsaciones, ni entrenamientos...


Sin deportivas en los pies, ropa de atletismo, cronómetros, medidores de pulsaciones, ni entrenamientos, los indígenas tarahumara -o rarámuri- se coronaron por 21º año consecutivo en el Ultramaratón de los Cañones.

Un camino lleno de lodo, piedras, pendientes y un puente colgante pone a prueba a los participantes. Sin embargo, el detalle más resaltante es el gran detalle que separa a los profesionales de los indígenas: no llevan equipamientos, ni extenuantes rutinas de entrenamiento para la competencia. Y es así cómo se impusieron a atletas profesionales de medio mundo: calzando sandalias con suela de jebe.

En la mencionada competencia participan más de mil atletas de México, Canadá, Estados Unidos, Rusia, España, Costa Rica y Ecuador, que se presentan equipados con zapatillas especiales y ropa con la que puedan minimizar el impacto del viento o la lluvia, pero no pueden hacer nada contra “los pies ligeros”, que es lo que significa la palabra tarahumara.

El grito de “¡Weringa!” -“adelante” en lengua tarahumara- dio inicio a la serie de cuatro carreras que se disputaron este fin de semana en el municipio de Guachochi, Chihuahua (México).

Aproximadamente 100 de ellos se inscribieron y muchos participaron vistiendo su ropa tradicional. Las mujeres compitieron con largas faldas multicolor y pañuelos en la cabeza, mientras que los hombres corrieron con calzones largos a modo de taparrabos y una camisa.

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Aproximadamente 100 indígenas tarahumara se inscribieron y muchos participaron vistiendo su ropa tradicional.
No les hizo falta más para ganar las carreras de 100 y 63 km, tanto en categoría masculina como femenina.

“Nosotros no nos preparamos porque a diario tenemos que caminar y pues como no tenemos vehículo, por eso tenemos que caminar”, explicó Miguel Lara, el tarahumara de 27 años que ganó la carrera de 100 km, a AFP.

Es la cuarta vez que gana este ultramaratón, se ha llevado 1.500 dólares de premio, obteniendo con ello un el récord histórico.

Sin lugar a dudas muchas veces no hace falta lo mejor, si las condiciones físicas son las óptimas, además de la actitud y ejemplo de ello son los indígenas tarahumara.


Fuente: http://www.salyroca.es/articulo/roca/indigenas-sandalias-traje-regional-ganan-ultramaraton-corredores-profesionales/20170724105702003567.html?utm_content=buffer489e0

Coraje




El coraje es el precio que nos exige la vida a cambio de
   la paz.
El alma que no lo sabe es prisionera
de las pequeñas cosas.

No conoce la lívida soledad del miedo
ni las cimas de las montañas, donde la alegría amarga
   puede oír
el sonido de las alas.

¿Cómo puede la vida concedernos el don de vivir,
    contrarrestar
la fealdad monótona y gris y el odio grávido a menos
   que nos atrevamos 
a dominar el alma?

Cada vez que tomamos una decisión, pagamos con
    coraje
por contemplar el día irresistible
y considerarlo hermoso.

AMELIA EARHART



   "Por favor, ten la seguridad de que soy muy consciente de los riesgos. Quiero hacerlo porque quiero hacerlo. Las mujeres deben intentar hacer cosas como lo han intentado los hombres. Y cuando fracasan, su fracaso sólo debe ser un desafío para otras" *

* Una carta dirigida a George Palmer Putmam para ser leída si aquél resultaba ser su último vuelo
                                                              

sábado, 22 de julio de 2017

La mirada


Franco Fontana

PORQUE no poseemos,
vemos. La combustión del ojo en esta
hora del día cuando la luz, cruel
de tan veraz, daña
la mirada ya no me trae aquella
sencillez. Ya no sé qué es lo que muere,
qué lo que resucita. Pero miro,
cojo fervor, y la mirada se hace
beso, ya no sé si de amor o traicionero.....


Claudio Rodríguez

Se cumplen 47 años de la llegada del ser humano a la Luna

Tenemos la imagen muy viva en nuestra mente y nuestra retina pero ya hace 47 años de la llegada del hombre a la Luna en 1969, concretamente la de Neil Armstrong, el astronauta de la misión Apolo XI, seguido de Edwin Aldrin, a bordo del aterrizador Eagle.
 
La huella de Neil Armstrong en la superficie de la Luna


 La misión se envió al espacio el 16 de julio, llegó a la superficie de la Luna el 20 de julio y al día siguiente logró que Armstrong y Aldrin caminaran sobre la superficie lunar.

El Apolo 11 fue impulsado por un cohete Saturno V desde el complejo de Cabo Kennedy, en Florida. La misión está considerada como uno de los momentos más significativos de la historia de la Humanidad y la Tecnología, según la NASA.

La tripulación del Apolo 11 se completaba con Michael Collins, que quedó orbitando la Luna a bordo del módulo de mando Columbia, al que el módulo de aterrizaje se reacopló tras abandonar la superficie lunar con numerosas muestras y volver a la Tierra.

Neil Armstrong y el saludo castrense en la Luna
Neil Armstrong y el saludo castrense en la Luna | NASA
 Armstrong fue el primer ser humano que pisó la superficie de nuestro satélite, el 21 de julio de 1969 al sur del Mar de la Tranquilidad (Mare Tranquillitatis). Al tocar la superficie Armstrong pronunció una de las frases más conocidas de nuestro tiempo: "Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la Humanidad".

Además de astronauta, Neil Armstrong era también era ingeniero aeroespacial, piloto militar, piloto de pruebas y profesor universitario. Realizó su primer vuelo espacial en 1966 como piloto al mando de Gemini 8.

En diciembre de 1968 se le ofreció comandar la misión Apolo XI. Meses antes de la misión, se decidió que Armstrong sería el primero en descender por el diseño del módulo lunar: la escotilla se abría hacia dentro en el lado derecho y ello dificultaba que el piloto del módulo, Aldrin, saliera primero.

El 24 de julio, los tres astronautas lograron un perfecto amerizaje en aguas del Océano Pacífico, poniendo fin a la misión espacial más trascendental hasta hoy en día.


viernes, 21 de julio de 2017

83 heridos, entre ellos uno en coma, en la manifestación del Rif prohibida por Marruecos

 La policía utilizó bombas de gas lacrimógeno contra la población durante siete horas
Un periodista de Rabat, detenido por "incitar a participar en la manifestación"
Los manifestantes pedían la liberación de los activistas encarcelados, la desmilitarización del Rif y derechos sociales

La policía lanza gas lacrimógeno durante una manifestación en la localidad de El Hoceima, Marruecos. Los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes marroquíes dejaron al menos 83 personas heridas en nubes de gases lacrimógenos y enfrentamientos en una manifestación no autorizada contra la desigualdad y la corrupción. (
La policía lanza gas lacrimógeno durante una manifestación en la localidad de El Hoceima, Marruecos. Los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes marroquíes dejaron al menos 83 personas heridas en nubes de gases lacrimógenos y enfrentamientos en una manifestación no autorizada contra la desigualdad y la corrupción. ( AP / Teresa Di Campo

"Esto lo vamos a llevar hasta el final, y si tenemos que llegar a la situación de Siria lo haremos", sentenció duramente Hamadi, uno de los manifestantes de la marcha de Alhucemas del 20 de julio cuando la policía arrojó la primera bomba de gas lacrimógeno en el centro de la ciudad.

El lanzamiento de gases se sucedió a lo largo de la tarde y noche. Los vecinos colaboraron desde sus casas lanzando cebollas por las ventanas o bajando coca-colas para combatir los efectos de los gases en la piel, ojos y fosas nasales. Una sociedad acostumbrada a lidiar con estas situaciones como recordaba Hamadi, "esto ya lo viví en la sublevación de 1958 y en la Revuelta del Pan".

Los manifestantes no se rindieron y continuaron en las calles tapados con pañuelos o mascarillas, bajo gritos que pedían la liberación de todos los presos y desmilitarización del Rif, criticando al Majzén -oligarquía cercana al monarca- y condenando la represión.

Alhucemas comenzó la tarde del jueves en calma tras el cierre de todos los negocios. En el centro algunos ciudadanos sentados en los cafés convivían con las fuerzas del orden. Cada esquina, se parapetaba policía nacional y antidisturbios. De repente grupos de jóvenes empezaron a bajar corriendo por distintas calles coreando las insignias del Movimiento Popular del Rif. La manifestación prohibida por las autoridades seguía adelante.

No habían pasado ni quince minutos y un oficial de policía llamó a dispersar la marcha y recordó con un altavoz los reglamentos que prohíben las manifestaciones y marchas no autorizadas. Tres recordatorios, y la policía intervino para dispersa la multitud. Los jóvenes se dividieron en grupos y siguieron adelante. A la salida de las mezquitas se unieron las personas que estaban rezando la oración de Al-Asr.

No hubo una única marcha el 20J porque los activistas no lograron reunirse en la plaza Mohamed VI, rebautizada como la plaza del pueblo o de los mártires, completamente sitiada por la policía. Las autoridades dificultaron también el acceso a internet, instrumento de comunicación de los activistas.

De hecho los miembros del Hirak habían hecho un llamamiento a la población para que dejaran abiertas las wifis y tener una mayor cobertura. Sin embargo, la red iba y venía, además en momentos de máxima tensión era imposible hablar incluso por teléfono.

Así que las protestas se celebraron en varios barrios a partir de las 16 horas con itinerarios improvisados y a medianoche seguía la nube de gas alrededor del hospital.

Un manifestante es ayudado durante una manifestación en la ciudad norteña de El Hoceima, Marruecos, el jueves 20 de julio de 2017. Los enfrentamientos entre la policía y los manifestantes marroquíes dejaron al menos 83 personas heridas en nubes de gas lacrimógeno y peleando en una manifestación no autorizada. Desigualdad y corrupción.
Una manifestante es ayudada durante la marcha en la ciudad norteña de Alhucemas, en Marruecos. Foto AP / Teresa Di Campo
"La policía actuó aplicando la ley"
En respuesta a las críticas en las redes sociales, fuentes cercanas al Gobierno respondieron, "la policía actuó aplicando la ley. La gente debería estar en casa en vez de salir a la calle en una manifestación".
Efectivamente, salir este jueves a la calle el jueves en Alhucemas parecía un delito. Las fuerzas del orden cargaron indiscriminadamente contra todas las personas que se manifestaron sin tener en cuenta la edad o su condición, si eran o no activistas.

Del recuento de 83 heridos oficiales, la prefectura local asegura que 72 de ellos son miembros de las fuerzas del orden "en grado más o menos grave". Según estos datos oficiales, solo once manifestantes están heridos, y ya pasaron por la comisaría. Todos recibieron el alta médica excepto dos heridos graves, un policía y un miembro de la Seguridad Nacional, según informa la agencia MAP.

Las autoridades locales justifican el uso de gas lacrimógeno porque los activistas "lanzaban piedras contra la policía". También denuncian desperfectos materiales, dos vehículos quemados en Adjir, un pueblo cercano a Alhucemas, según fuentes oficiales.

El bombardeo de gas se mantenía a medianoche cerca del Hospital Mohamed V de Alhucemas, a donde era imposible acceder. En este centro sanitario entró en coma un manifestante herido en la cabeza, supuestamente "de una pedrada", y posteriormente fue trasladado al aeropuerto de Rabat en helicóptero. Desde el Hirak aseguran que "ha fallecido por el impacto del casquete de una bomba de gas".

La mujer que tomó el relevó del líder Nasser Zafzafi tras su detención, Nawal Ben Aissa, también tuvo que ser atendida en urgencias tras recibir golpes en el estómago.

El número de detenidos es indeterminado, entre ellos está confirmado el arresto del periodista Hamid El Mahdaouri del portal de información baldi.info, acusado de haber "incitado supuestamente a asistir a la manifestación a pesar de haber sido prohibida por las autoridades". Sin embargo, la línea editorial de este medio marroquí es cercana al pueblo rifeño mostrándose muy critico con los ministros implicados en los sucesos y detenciones en Alhucemas desde la muerte del vendedor de pescado Mohcine Fikri.

El abogado de los detenidos del Hirak, Mohamed Ziani, considera que "en todo esto hay una falta de inteligencia política", y tiene claro que el único que lo puede parar es el monarca Mohamed VI. El letrado no pierde la esperanza de un indulto real con motivo de la Fiesta del Trono el 30 de julio. Sin embargo, fuentes cercanas a Interior niegan a este medio que se vaya a dar la gracia real a los presos del Hirak, aunque no descartan la liberación provisional por problemas de salud de la única mujer presa, Salima Ziani, más conocida como 'Silya'.

El miércoles el fiscal redujo la pena de los detenidos en la ciudad de Alhucemas de 18 a 7 meses con "un propósito político", aseguró el abogado en una entrevista telefónica con eldiario.es.

El casi medio centenar de presos en la cárcel de Oukacha en Casablanca abandonaron la huelga de hambre el martes, víspera de la marcha del 20J.

Alhucemas sobrevive acorralada
Acceder a la ciudad no resultó sencillo. A las obras en las carreteras y los controles habituales a las entradas y salidas de las poblaciones, se sumaron los controles extraordinarios de la policía, que sigue siendo numerosa en la región, para evitar la concentración en Alhucemas.

Los taxis se unieron al boicot y no aceptaron a viajeros que quisieran unirse a la marcha porque las autoridades les habían amenazado con retirarles la licencia. Para llegar desde Nador, a solo una hora y media, fue necesario pasar al menos 5 ó 6 controles donde había que identificarse, además de dejar los datos personales previamente en la prefectura de policía.

Desde Largüi, un pueblo cercano a Nador, se quejaron en un vídeo difundido en Facebook de no poder viajar para unirse a las protestas. Después de comprar el billete de autobús, la policía les retuvo el carnet de identidad, y quedaron "atrapados".

Los jóvenes se las ingeniaron para unirse a la protesta. Desde Tamsaman llegaron pateras al puerto de Alhucemas con activistas. Otros grupos lo hicieron a pie atravesando las montañas del Rif.

Rostros conocidos del mundo de la cultura, como el director de cine Kamal Hachkar, también respiraron los gases. El realizador se manifestó en el centro de la ciudad para expresar su "solidaridad con las reivindicaciones del Rif, que son las reivindicaciones de todos los marroquíes, una mejor justicia social, más educación, más cultura, e igual acceso para todo el mundo", explicó a eldiario.es.
Llegó desde Marrakech y se mostró solidario con las familias de todos los detenidos desde el 26 de mayo. "Espero que la manifestación permita hacer entender a las autoridades que hace falta que liberen a todos los prisioneros sin excepción porque Marruecos necesita a estos jóvenes".


martes, 18 de julio de 2017

Nocturne No.2 in D flat major op.27


Escándalo en Alemania: el hermano de Benedicto XVI, vinculado al abuso de 547 chicos en un coro católico

Monseñor Georg Ratzinger dirigió el coro durante 30 años en la catedral de Ratisbona, período en el que sucedieron los abusos.

Escándalo en Alemania: el hermano de Benedicto XVI, vinculado al abuso de 547 chicos en un coro católico
El hermano del papa Benedicto XVI, Georg Ratzinger, en una imagen de 2013. / EFE
 En el informe final, conocido hoy, del gran escándalo de abusos a los niños cantores de la catedral de Ratisbona, en Baviera, Alemania, el hermano mayor del Papa emérito Benedicto XVI, monseñor Georg Ratzinger, de 93 años, que fue durante 30 años director del famoso coro católico germano, fue acusado de haber tenido parte de la responsabilidad de cubrir con un “yo no vi nada ni me enteré de nada” los abusos físicos y sexuales contra 547 niños.

Escándalo en Alemania: el hermano de Benedicto XVI, vinculado al abuso de 547 chicos en un coro católico
Foto de archivo tomada el 11 de noviembre de 1989 del director de música Georg Ratzinger, hermano del papa Benedicto XVI, durante
 El abogado Ulrich Weber, encargado de la investigación, afirmó que durante la larga gestión de Georg Ratzinger, entre 1964 y 1994, ocurrieron “las cosas más graves” y “a él se le reprocha haber mirado para otro lado y no haber tomado medidas”.

Un "campo de concentración"
Los integrantes del coro describieron a los investigadores sus años escolares como “un infierno”, una prisión y “un campo de concentración". El abogado Weber agregó que “muchos se referían a esos años como la peor época de la vida, caracterizada por el miedo, la violencia y el desamparo”.

Weber dijo que nadie irá preso por las denuncias porque debido al tiempo que ha pasado los delitos han prescripto y no pueden ser juzgados por los tribunales. Pero el escándalo representa una mancha muy grande para la Iglesia, que salpica al hermano del Papa emérito.

El escándalo estalló en 2010, cuando Weber anunció un primer informe que abarcó abusos contra 213 de los llamados coro de “gorriones de la catedral de Ratisbona”. En cincuenta casos los abusos fueron de naturaleza sexual y abarcaron “de las caricias a las violaciones”.

Compungido, el hermano mayor del entonces Papa Ratzinger, elegido en 2005 y que en febrero de 2013 renunció al pontificado, confesó que había dado “algunos bofetones y tirada de las orejas” a los miembros del coro, por lo que pedía perdón. Pero también aseguró que nunca vio abusos graves y menos aún de índole sexual. “Si hubiera conocido los excesos de violencia que se estaban utilizando habría hecho algo”, dijo.

Dos o tres chicos cada noche
Dos religiosos ya fallecidos fueron considerados los principales responsables. El peor era Johan Meier, director de la escuela anexa al coro entre 1953 y 1992. El compositor alemán Franz Witttebrink contó a la prensa germana que Meier “se llevaba a la noche a a dos tres niños de 8 y 9 años a su habitación, les ofrecía vino y los castigaba físicamente”.

“Eran sádicas puniciones vinculadas al placer sexual”, dijo Wittenbrink.

Otro religioso fue removido en 1958 del coro y condenado a prisión en 1971. Algunas de las víctimas hicieron la denuncia ante los responsables de la diócesis.

El informe final de hoy del abogado Ulrich Weber también acusa al cardenal conservador Gerhard Ludwig Mueller, que hasta el 1 de este mes era el “ministro” del Papa para la Doctrina de la Fe, que no lo renovó en el cargo, y en 2010 era el obispo de Ratisbona, encargado de esclarecer el escándalo.

Weber sostiene que la tarea del cardenal Mueller “presenta varias debilidades, entre ellas la de no buscar el diálogo con las víctimas”.


 Georg Ratzinger, quien hasta hoy llama “nene” a su hermano Joseph, está completamente ciego y aunque sigue en Ratisbona pasa muchos días con su hermano en el convento de los jardines vaticanos donde el Papa emérito Benedicto XVI reside.

En abril, Joseph Ratzinger celebró con una fiesta bávara sus noventa años, acompañado por su hermano Georg y bavareses que llegaron a festejarlo, con bailes y mucha cerveza.


Más información: https://www.clarin.com/mundo/escandalo-alemania-hermano-benedicto-xvi-vinculado-abuso-547-chicos-coro-catolico_0_SkExQKoB-.html

Pensamientos estrangulados


Cristian Porrres
En la sangre, una inagotable gota de vinagre: ¿a qué hada se la deberé?

E.M.Cioran

En el origen de Boko Haram

Anoche, cinco chicas se hicieron estallar en Maiduguri.
Poco después de oír las explosiones, Fati, una vecina de esta ciudad del norte de Nigeria, se fue a dormir. “Ya me he acostumbrado a ese sonido”. No es demasiado extraño, en realidad. La semana pasada, hubo tres ataques suicidas más cerca de la Universidad. Y otros dos unos días antes, a unos pocos kilómetros, en la frontera de Camerún. En los dos últimos meses, una media de veinte.

Solo en el año 2017, la banda yihadista Boko Haram ha realizado 110 atentados similares, en los que ha enviado a más de doscientas personas con cinturones bomba a hacerse explotar entre civiles, guardias o militares. El goteo incesante de muertos en ataques suicidas se une a una violencia desatada, con asesinatos, violaciones y secuestros masivos en tres de los estados del noreste de Nigeria y la región del Lago Chad, que baña también territorios nigerinos, cameruneses y chadianos. El resultado del horror ha sido una huida a la desesperada: 2,6 millones de personas han perdido su hogar y otros 30 millones están en peligro de morir de hambre.

Fatima Jidda (derecha, velo rojo, 55 años) construye su refugio junto a su hija Fatime Yunus (30) en un campo de desplazados de Maiduguri. Acaban de llegar huyendo de Boko Haram. Xavier Aldekoa
Who. ¿Quién es Boko Haram?
En realidad Boko Haram nunca se llamó así. En 2002, un clérigo radical llamado Mohamed Yusuf recorría las calles de la ciudad nigeriana de Maiduguri predicando por una sociedad basada en un islam estricto y contra la injusticia social. Su enemigo era el corrupto e ineficiente Estado nigeriano, a quien acusaba de haber olvidado durante décadas al norte. En sus sermones repetía el mismo grito: “Boko is haram, Boko is haram!”. Era su manera de decir que los libros —símbolo de la educación occidental frente a las tablillas de madera utilizadas en las madrazas o escuelas coránicas— eran pecado. Yusuf fundó entonces la secta Jama'atu Ahlis Sunna Lidda'awati Wal-Jihad (Personas Comprometidas con la Propagación de las Enseñanzas del Profeta y la Yihad). La población se refería a ellos en lengua hausa como los “yusufiyya” o los “boko haram”. Su discurso era extremista y derivó en una revuelta juvenil violenta, pero sus ataques se dirigían principalmente a policías y fuerzas de seguridad nigerianas, prostitutas o vendedores de bebidas alcohólicas. Al menos al principio.

When.¿Cuándo se dispara la barbarie?
En el año 2009 todo cambió. Para entonces, Yusuf ya se había ganado las simpatías de parte de la población. Después de cada detención, al salir finalmente del calabozo, largas filas de coches de simpatizantes le seguían hasta su casa y miles de personas le aclamaban a su paso. Su discurso desafiante había calado en una población joven y desesperada. No solo era pobreza, era (y es) ausencia de futuro: en el norte nigeriano hay ciudades con un 80% de desempleo juvenil y millones de niños no van a la escuela. El Gobierno de Nigeria pensó que la solución pasaba por cortar por lo sano el desafío. Se equivocó. El 30 de julio de 2009, Yusuf lideró una protesta contra una ley gubernamental de uso obligatorio del casco en moto que derivó en una represión policial sin freno y dejó 800 muertos. Yusuf fue detenido y ejecutado sin juicio. En unas imágenes grabadas en teléfono móvil de su último interrogatorio, se le ve ensangrentado, con el torso desnudo y rodeado de policías.
Con su ejecución sumaria, se inicia la peor espiral de violencia en la historia reciente de Nigeria. Bajo el liderazgo de Abubakar Shekau, un iluminado violento, la banda fundamentalista radicaliza su discurso y multiplica sus atentados. Desde 2009, el conflicto entre el Gobierno y el grupo yihadista ha dejado más de 30.000 muertos.

En marzo de 2015, Boko Haram da otro paso más: jura fidelidad al Estado Islámico de Siria e Irak y cambia su nombre al de Estado Islámico de África Occidental (aun así, todo el mundo sigue refiriéndose a ellos como BH o Boko Haram). Esta decisión tendrá repercusiones importantes. Poco a poco, se crean dos facciones dentro de la banda fundamentalista. Por un lado, Shekau se distancia de Estado Islámico y continúa su deriva asesina y de matanzas. Por el otro, una facción “menos” radical —las comillas son importantes—abre una relación menos mortífera con los civiles: les roba comida y somete, pero no les degüella; su enemigo, asegura, es el Gobierno y las fuerzas de seguridad. 

Es el momento de apuntarse dos nombres: Abu Musab al-Barnawi, hijo del fundador de la banda, y en menor medida Mamman Nur, que pasan a ser los hombres fuertes del grupo fundamentalista. Se producen incluso enfrentamientos entre esta facción y la de Shekau.

Where. ¿Dónde actúan?

 Al principio y hasta hace un lustro, Boko Haram actuaba exclusivamente en el norte de Nigeria. Y se hizo fuerte. En 2015, llegó a controlar un territorio intermitente del tamaño de Bélgica en el norte de Nigeria. En las zonas controladas por los yihadistas nigerianos, ni el Ejército ni las fuerzas de seguridad nigerianas se atrevían a poner un pie. El Gobierno de Nigeria se vio obligado a reaccionar. La victoria en las urnas de Muhammad Buhari en 2015 aumentó la presión militar sobre la banda, que para entonces ya peleaba con un ejército multinacional formado por tropas de los países amenazados por los yihadistas: Chad, Níger, Camerún, Togo y la propia Nigeria. La pérdida de territorios replegó a sus milicianos, que ahora han adoptado una suerte de guerra de guerrillas, con continuas incursiones en ciudades y campos de desplazados. Borno State, en Nigeria, sigue siendo su bastión: su presencia es tan notable que las carreteras son una ruleta rusa. Los coches y camiones de los convoyes, escoltados siempre por militares, hacen sonar sus cláxones con alivio cuando llegan a destino.

Madres y sus hijos en el centro de malnutrición de Unicef en Dikwa. El pueblo, en el noreste de Nigeria, acoge cada día a decenas de personas que escapan de Boko Haram. Xavier Aldekoa
What. ¿Qué ha provocado?
Un hambre atroz. Como el comercio prácticamente se ha detenido, los precios han subido y la población está demasiado aterrada para ir a cultivar los campos, el rugir de tripas se ha extendido por toda la región. Fatima Jidda, una kanuri orgullosa de 55 años, admitía que no tenía otra opción que esperar. “Yo quiero regresar a mi hogar, trabajar mis campos; pero si lo hago Boko Haram me matará. ¿Qué voy a hacer?”. El destino de muchos ha sido la gran ciudad. Antes de la crisis, Maiduguri tenía una población de apenas un millón de personas; ahora ya supera los dos millones. Y no hay suficiente comida para todos. De los más de mil millones de dólares que Naciones Unidas ha solicitado para hacer frente a la emergencia en 2017, solo se ha recaudado un 38%. En cualquier pueblo o ciudad, en cualquier rincón, hay miles de personas —sobre todo mujeres y niños— sin apenas nada que echarse a la boca. Millones de personas que han escapado a la carrera y han dejado todo atrás, y cuya subsistencia depende de la ayuda humanitaria.  Lo mismo ocurre en Diffa, al otro lado de la frontera con Níger, en el norte de Camerún o, en menor medida, en la orilla chadiana del lago Chad.  

Why. ¿Por qué?
Thomas recuerda continuamente a sus dos hijas que no cojan nada de un extraño. Prudence y Marie apenas tienen cuatro y dos años y su padre no se fía. “Tengo miedo de que les den una bomba y las manden a explotarse a un mercado, son muy pequeñas”. Thomas es un tipo tranquilo, religioso, y solo se sobresalta cuando se le plantea la cuestión. “¿Boko Haram y el islam? Boko Haram es poder, dinero y agenda política, no religión”.

Es difícil contestar a por qué la banda actúa así. Su nivel de sadismo responde a una táctica para controlar grandes territorios, ya que el terror empuja a miles a huir y “limpia” el territorio, pero su ensañamiento con la población escapa a la comprensión. Es cierto que el grupo fundamentalista quiere imponer su versión extremista de la sharía en Nigeria y derrocar al Gobierno, y usa la religión como motor: cientos de secuestrados admiten haber sido adoctrinados durante su cautiverio para seguir una visión fundamentalista de la religión. Pero también lo es que el grupo ha matado a miles de musulmanes, a los que acusa de moderados o simplemente de no pensar como ellos.

No habrían logrado provocar tanto miedo sin apoyos. Sobre todo al principio, la banda gozaba de simpatías políticas y de hombres de negocios acomodados, que favorecían su causa para debilitar al Gobierno central. Boko Haram también se ha llenado los bolsillos con el robo de bancos cuando conquistó decenas de ciudades, con el pillaje y con el comercio de cabezas de ganado, un mercado que mueve millones en la zona.

La miseria también desempeña un papel en su poder. La banda, con unos 26.000 guerrilleros actualmente, ganó miles de reclutas cuando ofreció dinero (alrededor de 400€), una moto y una esposa a quien luchara con ellos. En una zona sin empleo ni esperanza, y donde el Ejército entró a cuchillo con la consigna de la lucha antiterrorista por delante y abusó de los civiles, algunos decidieron aceptar la oferta. Para muchos, lo de menos era la religión.

Xavier Aldekoa ha conversado con los lectores desde Maiduguri a través de Facebook Live (Revista 5W). Puedes volver a verlo aquí:



Honduras- ¡Ganó Berta! Cierran proyecto hidroeléctrico “Agua Zarca”

El Banco Holandés de Desarrollo (FMO) y el Fondo Finlandés para la Cooperación Industrial (FINNFUND) retiraron definitivamente su apoyo al proyecto hidroeléctrico Agua Zarca que impulsa la empresa Desarrollo Energéticos Sociedad Anónima (DESA).

La construcción de este proyecto ha desatado persecución, amenazas y asesinatos entre los cuales figura el crimen contra la extinta ambientalista Berta Cáceres, quien a través del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh) combatió la imposición de la hidroeléctrica.


 Tegucigalpa. La decisión de suspender el polémico proyecto hidroeléctrico trascendió el pasado fin de semana, pero fue hasta el lunes 10 que entró en vigencia de manera oficial. Esta medida pone final a una historia trágica en Honduras que ha dejado tras de sí la muerte de varios indígenas y líderes del pueblo Lenca, entre otros, la reconocida Premio Goldman, Berta Cáceres.

A través de comunicado, la corporación Desarrollo Energéticos Sociedad Anónima (DESA), notificó que la suspensión del proyecto contribuirá a la reducción de conflictos en la zona donde se ubica el río Gualcarque, occidente de Honduras, donde se había fijado la base de este proyecto hidroeléctrico que produciría 21 megavatios de energía limpia.

Asimismo en el documento, DESA ha manifestado que una parte de la comunidad estaba a favor de este proyecto porque ha generado empleos directos en algunas zonas de los departamentos de Santa Bárbara e Intibucá.

La empresa dejó constancia que pese a la cancelación de la inversión, continuarán su inversión social en las comunidades del occidente para seguir mejorando la infraestructura y calidad de vida.

La líder ambientalista Berta Cáceres junto al Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh) se opusieron férreamente a la implementación de éste proyecto debido a que amenazaba el patrimonio natural, cultural, económico y hábitat funcional del pueblo lenca.

Cabe recordar que la polémica entre la comunidad y las represas se agudizó luego que el 3 de marzo de 2016 individuos ingresaron en la medianoche en la casa de Cáceres para atacarla con varios disparos que le arrebataron la vida a la mundialmente reconocida ambientalista hondureña.

La comunidad nacional e internacional sigue observando al gobierno hondureño y de manera constante exigen castigo para los autores intelectuales del asesinato de Berta, de hecho, en el Congreso de Estados Unidos se impulsa la “Ley Berta Cáceres para la defensa de los derechos humanos en Honduras”.

La familia de la ambientalista se ha pronunciado con relación al cierre del proyecto hidroeléctrico y ve la decisión como un triunfo de Berta Cáceres y del pueblo Lenca, una hija de la fallecida había advertido a DESA: “Te vas porque te vas”, mientras demanda el esclarecimiento definitivo y castigo para todos los ejecutores del crimen que cegó la vida de una mujer que se distinguió como defensora del ambiente, por eso lo llaman “Guardiana de los ríos”.

Noticia original aquí >>


Fuente: http://www.pazcondignidad.org/es/88-delegaciones/en-el-mundo/1577-gano-berta-cierran-proyecto-hidr-gano-berta-cierran-proyecto-hidroelectrico-agua-zarca-oelectrico-agua-zarca 

Prisión preventiva para la directora de Amnistía Internacional en Turquía

Amnistía Internacional exige la liberación de su directora en Turquía y del resto de activistas detenidos

Idil Eser, directora de Amnistía Internacional, detenida en Turquía. EL MUNDO
 La sala 10ª de la Corte de Paz de Estambul ha decretado cárcel en espera de juicio para seis de los diez trabajadores pro Derechos Humanos arrestados el 5 de julio pasado, durante un taller sobre seguridad digital. Entre quienes seguirán entre rejas está Idil Eser, directora de Amnistía Internacional en Turquía, y los dos extranjeros, un alemán y un sueco. Todos están bajo sospecha de "cometer un crimen en nombre de una organización terrorista sin pertenecer a ella". Se teme que estén siendo víctimas de la purga de Erdogan.

"Los fiscales turcos han tenido doce días para afirmar lo obvio: que estos diez activista son inocentes. La decisión que ha procedido demuestra que la verdad y la justicia se han vuelto completamente ajenas en Turquía", ha denunciado el secretario general de Amnistía, Salil Shetty, en un comunicado postrero a la decisión judicial, emitida en la madrugada del martes tras los interrogatorios. "No es una investigación legítima, sino una caza de brujas políticamente motivada que traza un futuro aterrador para los derechos en Turquía".

Amnistía Internacional cree que su directora local y su presidente en Turquía, Taner Kiliç - encarcelado desde el cinco de junio pasado acusado de pertenecer a la cofradía del predicador Fetüllah Gülen - están siendo procesados por los contactos establecidos durante su trabajo habitual en defensa de los derechos humanos. Según Amnistía, una de las liberadas bajo fianza, Ilknur Üstün, está acusada de haber pedido fondos "a una embajada" para un proyecto sobre "igualdad de género, participación en políticas y reporterismo".

"Lo que aprendemos hoy es que defender los derechos humanos se ha convertido en un crimen en Turquía", ha afirmado a la agencia AFP el investigador de Amnistía Andrew Gardner. En la redada del cinco de julio, en un hotel de la isla turística de Büyükada, los agentes detuvieron a los activistas y al responsable del establecimiento, liberado poco después. La Fiscalía relaciona a los encarcelados con tres organizaciones armadas sin relación entre ellas, una de las cuales es la acusada del golpe de Estado de hace un año.

Entre quienes seguirán en prisión, a la espera de juicio, están Günal Kursun y Veli Acu, de la Asociación de la Agenda de Derechos Humanos, Özlem Dalkiran, de la Asamblea de Ciudadanos y los extranjeros Ali Gharavi y Peter Seudtner, ambos consultores en seguridad de la información. Este tipo de oficios despiertan el recelo de las autoridades, quienes se han acostumbrado a señalar en público, como "espías" al servicio de intereses extranjeros, a periodistas o activistas foráneos. Cuatro activistas fueron liberados bajo fianza.

"Lo que es claro como el agua, cien por cien claro, es que se trataba de un taller sobre derechos humanos rutinario, el tipo de taller que se realiza por toda Turquía, de hecho un taller que se realiza por todo el mundo", ha asegurado Andrew Gardner, quien dice haber visto a su colega Idil Eser "en buen estado de ánimo". Amnistia ha instado este martes a los líderes mundiales a "dejar de morderse la lengua y actuar como si no pasara nada".


Fuente: http://www.elmundo.es/internacional/2017/07/18/596de9eb22601d12238b4615.html

lunes, 17 de julio de 2017

Libia: el cazador de refugiados


Miles de refugiados aguardan en Libia su oportunidad para lanzarse en un bote y llegar a Europa. La Unión Europea está decidida a impedírselo. El trabajo sucio se lo hace este hombre: el comandante Al Bija, un caudillo local que decide quién cruza el Mediterráneo y quién no… Hablamos con él. Por Michael Obert / Moises Saman (Magnum Photos / Contacto 


LIBYA. Zawiyah. April 5, 2017. Abdulrahman Al-Bija, a former revolutionary fighter and now a Libyan Coast Guard commander in Zawiyah, rides his horse in a farm on the outskirts of Zawiyah.
Magnum Photos / Contacto

Llevamos diez días recorriendo la costa libia, la frontera más peligrosa del mundo. Hasta un millón de refugiados y emigrantes se agolpan en estos momentos en Libia, el país de tránsito más importante en la ruta marítima entre África y Europa. Se cree que 300.000 de esas personas podrían alcanzar las costas europeas este año. Pero la Unión Europea está decidida a retenerlas en Libia.

Los países miembros acordaron en la cumbre de Malta de este año que los guardacostas libios se encargaran de interceptar a los refugiados y de llevarlos a centros de acogida en tierra. Este servicio de guardacostas tiene su base al oeste de la capital, Trípoli. Su jefe: el comandante Al Bija, un temido señor de la guerra. Su equipo: una única embarcación y 37 hombres.


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En 2015, el comandante y un grupo de hombres echaron del puerto a una milicia rival. Tras un sangriento combate se hicieron con una patrullera armada con una ametralladora. Diseñaron su propio logotipo y se autobautizaron. Servicio de Guardacostas Libio de Zauiya
Al Bija, de 30 años, tiene una mano mutilada, le faltan dos dedos. «He tenido que matar a mucha gente»,cuenta de sí mismo. Para unos, es un héroe; para otros, un asesino. Y para los líderes políticos de Europa, la única posibilidad de poner fin a los traficantes de personas en Libia.

«Nosotros somos lo único que hay», dice el comandante. Al Bija, pelo hacia atrás, barba cerrada, mirada penetrante, pistola metida en el cinturón, pantalones vaqueros. Mientras nos habla, Al Bija sostiene un cigarrillo entre el anular y el meñique de su mano mutilada, lo enciende con un mechero y da una profunda calada. Junto con él están varios de sus hombres armados con Kaláshnikov. «Somos la única vigilancia costera operativa en el oeste de Libia», concluye. 

El comandante Al Bija controla desde hace dos años las aguas desde la frontera tunecina hasta Jansur, cerca de Trípoli. Es un territorio inmenso, y Al Bija solo cuenta con una embarcación -el Tileel, de 16 metros de eslora-, un par de lanchas rápidas y un puñado de hombres. «Nuestra misión es rescatar a los refugiados en el mar, localizar a los traficantes y, si es necesario, matarlos», dice.

Según sus propios cálculos, Al Bija y su gente han devuelto a Libia a más de 37.000 personas desde agosto de 2015. El Ministerio de Defensa libio confirma esta cifra.

¿Pero es el comandante Al Bija el aliado que busca Europa? ¿Es «uno de los buenos», como él mismo asegura? ¿O juega a dos bandas? Lo cierto es que Europa no dispone de otra alternativa. Seis años después de la muerte del dictador Gadafi, ya no queda prácticamente nadie en Libia que confíe en una transición a la democracia. El «Gobierno de Unidad Nacional», por el que pasan todos los planes de la Unión Europea, apenas ejerce control alguno. Hay unos 1700 grupos armados combatiendo entre sí. Milicias rivales se enfrentan por el control de ciudades, carreteras, refinerías, campos petrolíferos… y también por el multimillonario negocio que suponen los seres humanos que quieren cruzar el Mediterráneo y llegar a Europa.

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Este traficante resultó herido de gravedad durante un intercambio de disparos con la tripulación de la embarcación del comandante. Falleció pocas horas después de que se tomara esta foto. «Nuestra misión es rescatar refugiados, localizar a los traficantes y, si es necesario, matarlos», dice Al Bija
«La gente de la UE se queda sentada en sus elegantes despachos pensando soluciones geniales», dice el comandante Al Bija. Pero la costa occidental libia es «la madre de todos los clanes y tribus», en palabras de Al Bija: un mundo cerrado a los extraños, incluso a libios de otras regiones. «El que no ha nacido y crecido aquí no sobrevive».

Para poder liberar estas costas de los traficantes, hacen falta cientos de hombres bien adiestrados, dice Al Bija. Pero ¿quién se va a encargar de seleccionarlos? ¿El débil Gobierno de Trípoli? ¿La UE? «Yo -responde el comandante-. Conozco a los hombres adecuados».

Un hombre dedicado a la lucha
Al Bija nos resume su vida: en 2011, la revolución puso un abrupto final a sus estudios en la Academia Naval de Trípoli. Se unió a los rebeldes que se alzaron contra Gadafi, fue herido nueve veces, perdió dos dedos de la mano derecha por una granada. Desde entonces tuerce un poco la pierna izquierda al caminar y tiene la cadera desviada. Cuando cree que nadie lo ve, se toma un puñado de analgésicos.

En el verano de 2015, él y un grupo de hombres echaron del puerto a una milicia rival. Tras un sangriento combate construyeron lo que hoy es el puesto de mando y repararon el achacoso Tileel, una patrullera armada con una ametralladora. Luego diseñaron su propio emblema, se autobautizaron «Servicio de Guardacostas Libio de Zauiya» y se echaron al mar.

Su enemigo: los traficantes de seres humanos. La ONU habla de docenas de bandas organizadas. A los refugiados y emigrantes que no pueden reunir el dinero para la travesía los retienen, a menudo durante meses, en prisiones privadas, en las que se los golpea, viola, tortura y asesina.

¿Por qué arriesga su vida Al Bija? «Tengo buen corazón -dice, y se pone la mano sobre el pecho-. ¿Acaso puedo dejar que mis hermanos se ahoguen en el mar?».

¿Y de dónde sacan el dinero, de qué viven? Dice que él se dedica al comercio de caballos, y que sus camaradas trabajan en la construcción, son cerrajeros… «Parte de los ingresos se nos van en nuestras operaciones», asegura. Más tarde nos dirá que salen al mar unos 300 días al año. Si eso es así, ¿cómo se las apañan para dar de comer a sus familias? «Requisamos pesqueros ilegales de Egipto y Túnez, vendemos las capturas y nos quedamos con el barco hasta que pagan la multa».

Sin embargo, a lo que se dedican sobre todo es a combatir a los traficantes. ¿Por qué lo hacen? «Sus clanes ganan millones con el tráfico de personas, compran armas modernas, vehículos blindados… Si no entorpecemos su negocio, acabarán dominándonos, expulsándonos, matándonos».

Aquí, en este mundo turbio de los señores de la guerra, las milicias y el tráfico de seres humanos, es donde Europa pretende poner en marcha una «gestión de fronteras» para contener la emigración que llega de África. Pero ¿un señor de la guerra como Al Bija es el socio ideal a sueldo de la UE?

Sobre Al Bija se vierten graves acusaciones. En su cuartel general, le leemos un artículo del 22 de febrero de 2017 publicado por TRT World, uno de los portales de noticias líderes en Turquía: «Al Bija es el pez gordo de la mafia de la vigilancia costera, que controla el lucrativo negocio del tráfico de personas en Zauiya y la región circundante. Todos los traficantes al oeste de Trípoli le pagan un porcentaje», afirma el artículo. A los que se niegan, el comandante los ataca con el Tileel.

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El refugiado Mohamed Moseray enseña una foto de sus amigos, a los que perdió en el Mediterráneo cuando se hundió el bote en el que viajaban. A los vivos, «nos dejan que nos pudramos aquí», dice Mohamed, que está recluido en el campo de Annasser
Expertos en la materia, como la periodista italiana Nancy Porsia, están seguros: «Los guardacostas de la Marina libia participan en el tráfico de personas». El coronel Tarek Shanboor, a las órdenes del Ministerio del Interior del Gobierno de unidad en Trípoli, admite: «Tenemos traficantes en nuestras filas, es un problema real».

El comandante Al Bija reposa su mano mutilada sobre la mesa. «Mentiras -dice con calma amenazadora-. Mentiras vertidas por los propios traficantes». Si consiguen quitarles a ellos de en medio, argumenta, los criminales tendrán las manos libres para llevar a cabo sus asquerosos negocios.A los africanos que viajan en los botes de los traficantes interceptados en el Mediterráneo, Al Bija y sus hombres los llevan a campamentos especiales gestionados por el Gobierno de unidad apoyado por la ONU. Es lo que la UE ha acordado.

En el campo de Surman, a media hora en coche al oeste de Zauiya, más de 200 mujeres -muchas de ellas, con bebés y niños- están acuclilladas en el suelo de una nave con rejas oxidadas en las ventanas. Mantienen la vista clavada en los pies. Nadie se atreve a moverse. No se oye ni un susurro.
Solo cuando el guardián -un hombre con uniforme de camuflaje, barba descuidada, ojos enrojecidos y olor a alcohol- sale un instante de la nave, una mujer joven reúne el valor suficiente para ponerse en pie y acercarse a hablar con nosotros. Es de Nigeria y lleva más de diez meses retenida en el campo de Surman, sin contacto con el mundo exterior, dice. Nadie sabe dónde se encuentra, seguramente su familia cree que está muerta.

Se arrodilla delante de nosotros, junta las manos temblorosas. «¡Nos violan!», susurra, y nos enseña los brazos. Los tiene cubiertos de cardenales, se aprecian perfectamente las marcas de los dedos. «¡Ayudadnos, por favor!». Se levanta el pañuelo. El chándal que lleva está empapado de sangre desde la entrepierna hasta la rodilla. ¿Quién lo ha hecho? «Todos ellos. Uno detrás de otro».

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A los africanos que intercepta Al Bija los llevan a campamentos especiales gestionados por el Gobierno. En Surman, las mujeres están a merced de sus guardianes. Mientras ellos estén presentes, apenas se atreven a hablar o a moverse
El guardián vuelve. La joven enmudece y nos lanza una mirada implorante. Nos invade una enorme sensación de impotencia. No podemos hacer nada por estas mujeres. Al contrario. una palabra en falso por nuestra parte y ellas lo pagarían, nos tememos. Quizá con la vida.

Afuera aguarda el coronel Ibrahim al Abdusalám, el director del campo de mujeres. Oficialmente, se encuentra a las órdenes del Ministerio del Interior; en realidad, el campo está bajo el control de la milicia local. «Mire lo quietas que están -dice, y se echa a reír-. Eso quiere decir que se sienten bien aquí, con nosotros».

¿Por qué las retienen durante meses en condiciones tan lamentables? «Europa no quiere a estas mujeres -dice con toda tranquilidad-, así que, bueno, las metemos aquí». Pero, añade, ya va siendo hora de que Europa aporte algo de dinero. «Para baños y duchas portátiles, toboganes y columpios, tampones, pañales, leche infantil…».

Poco a poco lo vamos entendiendo. cuantos más africanos tengan aquí hacinados, cuanto peor le vaya a esta pobre gente, más fuerte es la posición de las milicias de cara a las negociaciones con los países europeos. Hace tiempo que a Surman llegó la noticia de que Europa quiere encargar a Libia la protección de sus fronteras y que está dispuesta a invertir grandes cantidades.

¿Y los derechos humanos?

 Las organizaciones humanitarias se oponen enérgicamente a este plan. «Mientras en Libia los refugiados y migrantes estén expuestos a cárcel, maltrato, secuestro o violación, muchos de ellos seguirán viendo la travesía del Mediterráneo como la única esperanza de huir de ese infierno -explica Markus Beeko, de Amnistía Internacional-. Si la UE quiere plantearse una posible colaboración con Libia, primero hay que poner fin a las graves vulneraciones de los derechos humanos de refugiados y migrantes».

«Nos dejan que nos pudramos aquí», nos susurra un hombre desde el interior de su celda en el campo de Annasser, instalado en una antigua planta de refinado en Zauiya. A través de la diminuta mirilla en la puerta de acero solo podemos percibir el blanco de sus ojos. Nos golpea un olor penetrante. Poco a poco empiezan a encenderse cerillas en el interior de la celda y en medio de la oscuridad vemos surgir rostros asustados y torsos desnudos, cubiertos con enfermedades cutáneas y heridas.

Los hombres, hacinados, están acuclillados en el suelo. Duermen sentados porque no hay sitio para tumbarse. Tampoco hay duchas ni retretes. Orinan en pequeñas botellas de agua bajo sus mantas y defecan en bolsas.

El hombre asomado a la mirilla de la celda se llama Mohamed Moseray, tiene 25 años, un estudiante de Informática de Sierra Leona. Todavía lleva el chándal rígido por la sal con el que hace cuatro semanas lo sacaron, medio ahogado, del Mediterráneo. Debajo de la tela, su piel está cubierta de quemaduras por el combustible vertido en el fondo del bote neumático. En Sierra Leona, cuenta, tuvo que abandonar sus estudios porque no encontraba un trabajo para ayudar a su familia. Simplemente, no veía perspectivas de futuro. «Mi objetivo es licenciarme en la universidad», dice Moseray, y empieza a temblar antes de echarse a llorar. Se rehace. «Por eso quiero ir a Italia, y luego a Canadá». Allí, dice, el Estado le financiará los estudios.

Tras una odisea de cinco años por África occidental y el Sáhara, cuenta Moseray, por fin un buen día los traficantes echaron al agua el bote neumático que debía llevarlo a Italia. Era la medianoche del pasado 19 de marzo. Los traficantes amontonaron a 150 personas en la embarcación. «Si no te subías, te disparaban». No estuvieron ni dos horas a flote. lo que tardó el bote en zozobrar.

«Gritos, rezos, gente por todas partes, en el agua, mujeres embarazadas, bebés… ¡No sabían nadar!». Hace el recuento de sus amigos. «Mohamed Focus Diallo. ahogado; Amadou Melodiba: ahogado; Mohamed Bah: ahogado». Uno tras otro, los vio desaparecer bajo las aguas.

Mohamed Moseray no sabe muy bien qué pasó después. Solo recuerda que un barco se acercó a ellos. Tampoco ha olvidado la mano que le tendió su salvador. «Era una garra
-dice Mohamed Moseray-, le faltaban un par de dedos».

Son las diez de la noche y subimos a bordo del Tileel con una docena de hombres armados vestidos de camuflaje. El comandante Al Bija ha recibido un soplo. el mar está agitado, pero los traficantes han hecho zarpar un bote hinchable lleno de refugiados con dirección a Europa.

Los hombres introducen las balas en los cargadores de sus Kaláshnikov, colocan los lanzagranadas en posición y meten una cinta de proyectiles en la ametralladora de proa. Para ellos, rescatar es combatir. Cada vez más bandas de traficantes cuentan con escoltas armadas para proteger sus cargamentos humanos.

En estos momentos, la travesía a Italia cuesta hasta 2500 dólares por persona. Si multiplicamos esta cifra por las 181.000 personas que el año pasado cruzaron el Mediterráneo hasta Italia, de las que unas 5000 murieron ahogadas, los traficantes libios ingresaron en torno a los 450 millones de dólares. Y eso solo en 2016.

Aunque el pasaje se paga antes de salir, perder el cargamento a manos del Tileel es un contratiempo en un sector marcado por una fuerte competencia. Los refugiados interceptados en el mar y devueltos a Libia desaconsejan recurrir a los mismos traficantes que usaron ellos, y lo hacen a través de las amplias redes de contactos que se extienden por las rutas migratorias africanas. Para los traficantes, que sus clientes se ahoguen y desaparezcan es un mal menor.

Con las luces apagadas, como un fantasma, el Tileel abandona el puerto de Zauiya y cabecea en medio de las olas que van cobrando altura. Las ráfagas de viento silban en la cabina de mando. «Si no los encontramos, morirán», dice el comandante Al Bija, sujetando el timón.
En Libia, donde todo gira en torno a la supervivencia, nadie juega con las cartas sobre la mesa. Sea cual sea la agenda oculta de Al Bija, ahora, a bordo del Tileel, intuimos que nosotros formamos parte de ella. Que nos está usando. ¿Quiere aparecer como un socio digno para Europa en el reportaje que escribiremos sobre él a la vuelta? ¿Quiere demostrar que puede hacerse cargo de la tarea?

Intereses comunes

Al Bija cuenta que su acuerdo con la UE va viento en popa. Poco antes de nuestra llegada se reunió en Trípoli con diplomáticos británicos. ¿Qué temas se tratan en esas negociaciones? «¡Secreto!», dice, pero acaba revelándonos una de sus exigencias: «Seguros de vida y médicos para mí y mis hombres. Y visados para dos semanas de vacaciones en Europa, para descansar».

Rumbo norte-noroeste, 18 nudos. Las luces de la costa han quedado atrás; la luna brilla sobre unas aguas oscuras como la pez. En ese momento, algo parpadea en la pantalla del radar. Tensos, los hombres de la tripulación se arremolinan en torno a Al Bija. Las ventanas de la cabina se empañan por el efecto de tantas respiraciones aceleradas. Los hombres tocan con el dedo la pantalla del radar, como si pudieran percibir a través del cristal qué es lo que nos aguarda. Navegamos durante media hora en dirección a la señal del radar. La cámara de rayos infrarrojos capta algo a 400 metros de distancia. Es una embarcación. Al Bija estudia la silueta en el monitor. «¡Es un bote hinchable!», dice por fin con tono de triunfo.

Los pilares sobre los que descansa el acuerdo de la UE se tambalean. El presunto servicio de guardacostas libio está en manos de unos actores bastante dudosos. Los campos de acogida seguros son de momento naves industriales gestionadas por las milicias y donde se hacina multitud de personas desamparadas, un recurso más del que sacar partido en la guerra por hacerse con Libia… y con los millones de la UE.

«No hay soluciones rápidas -dicen desde la ONU-. Tenemos que hacer todo lo posible por estabilizar el país». Una vez conseguido, la gente, en vez de subirse a un bote, preferirá quedarse en un país rico en petróleo para trabajar, como ocurría antes, en tiempos de Gadafi. Y los traficantes de seres humanos verían escasear su mercancía.

A las 150 personas que abarrotan el bote neumático y tratan de resistir los embates de las olas, las soluciones a largo plazo no les sirven de mucho. El Tileel ya casi ha llegado a su altura cuando la lancha surge de entre las sombras, los traficantes abren fuego contra nosotros y nos ponemos a cubierto tirándonos al suelo.

El comandante Al Bija corre por la cubierta, devuelve los disparos, saca a un herido de la línea de fuego, se arrastra hasta llegar a nosotros. Nos sacude los hombros con su mano mutilada. ¿Seguimos vivos? Lo dice como si el éxito de su misión dependiera de ello.

De repente se hace el silencio. Alzamos la cabeza con precaución. Al Bija y sus hombres utilizan un gancho para acercar la lancha rápida al costado del Tileel. Tres traficantes yacen en el fondo de la embarcación, dos de ellos gravemente heridos.

«¿Nos creéis ahora? -nos grita el comandante-. ¿Os habéis convencido ya de que no estamos con ellos?». De lo que nos hemos convencido es de que, para demostrar que puede ser el socio que busca Europa, no solo ha puesto en peligro su vida y la de sus hombres, sino también la nuestra. Y la de las personas amontonadas en el bote hinchable.

Los refugiados se quedan inmóviles como estatuas mientras los iluminamos con nuestras linternas. Ninguno parece herido. Las mujeres rezan. Los niños lloran y hunden las caras en los abrigos de sus madres. Arrastrarlos de vuelta al puerto llevaría horas. Y los traficantes han alertado a su base usando un teléfono por satélite. El Tileel no tendría nada que hacer contra toda una flotilla de lanchas rápidas.

«Demasiado arriesgado», dice Al Bija, y empuja el bote con el pie, alejándolo. El agua les llega ya hasta la pantorrilla. ¿Por qué no sube a bordo a unos cuantos? ¿Aunque sea a los niños? En vez de responder, el comandante Al Bija da la vuelta y regresa a tierra a toda máquina. Las personas a bordo del bote hinchable se quedan flotando a la deriva y desaparecen en la oscuridad.

LIBYA. Zawiyah. April 5, 2017. Abdulrahman Al-Bija, a former revolutionary fighter and now a Libyan Coast Guard commander in Zawiyah, rides his horse in a farm on the outskirts of Zawiyah.

¿Héroe o asesino? 
 El comandante Al Bija perdió dos dedos de la mano derecha en un ataque con granadas. Según sus propios cálculos, él y su gente ya han devuelto a Libia más de 37.000 personas. «Nosotros somos lo único que hay -afirma-. La única vigilancia costera». Al Bija también se dedica a la cría de caballos. ¿Cuánto puede costar su semental Jordan? «Cincuenta mil dólares», dice. 

Fuente:http://www.xlsemanal.com/actualidad/20170716/libia-el-cazador-de-refugiados-al-bija.html#ns_campaign=rrss&ns_mchannel=xlsemanal&ns_source=fb&ns_fee=0&ns_linkname=sem28-actualidad-cazador

domingo, 16 de julio de 2017

En el tercer planeta del sol


Henry Horenstein

El águila ratonera no suele reprocharse nada.
Carece de escrúpulos la pantera negra.
Las pirañas no dudan de la honradez de sus actos.
Y el crótalo a la autoaprobación constante se entrega.
El chacal autocrítico está aún por nacer.
La langosta, el caimán, la triquina y el tábano
viven satisfechos de ser como son.
[...] En el tercer planeta del sol,
la conciencia limpia y tranquila
es un síntoma primordial de animalidad.


Wistlawa Szymborska

viernes, 14 de julio de 2017

El meteorólogo


Gustave Le Gray, 1856
 Su especialidad eran las nubes: las largas plumas de hielo de los cirros, las torres granulentas de los cumulonimbos, los jirones recortados de los estratos, los estratocúmulos que arrugan el cielo, como hacen las olitas de la marea con la arena de las playas, los altoestratos que forman velos en el sol, todas las grandes formas a la deriva bordeadas de luz, los gigantes algodonosos de los que caen la lluvia, la nieve y los rayos. Sin embargo, no era una persona que estuviese en las nubes... al menos, yo no lo creo. Nada de lo que sé de él hace pensar que fuera un fantasioso. Respresentaba a la URSS en la Comisión Internacional para el Estudio de las Nubes, participaba en congresos pansoviéticos sobre la formación de las nieblas y en 1930 había creado la Oficina del Tiempo, pero esas denominaciones poéticas no lo hacían soñar, se tomaba todo eso en serio, como un científico que desempeña su profesión al servicio, naturalmente de la construcción del socialismo; no era un profesor Nimbus. Las nubes no eran un pretexto para soñar, nada vaporoso había en él, hasta lo imagino algo rígido. Al pasar a ser en 1929 el primer director del Servicio Hidrometeorológico de la URSS, se había propuesto hacer un catastro de las aguas, otro de los vientos y otro del sol. Seguramente no veía nada pintoresco al respecto; en estos proyecto de cartografiar lo inaprensible no había solicitud alguna a la imaginación, lo que le interesaba era lo concreto, realidades mensurables, los encuentros de las grandes masas de aire, el estiaje de los ríos, la formación del hielo y el deshielo, la evolución de las lluvias, la influencia de esos fenómenos en la agricultura y la vida de los ciudadanos soviéticos. También en el cielo se edificaba el socialismo.
   Había nacido en 1881 en Krapivno, un pueblo de Ucrania.

El meteorólogo
Olivier Rolin

   Alekséi Feodósievich Vangengheim se dedicaba a estudiar las particularidades meteorológicas del vasto territorio soviético. Sin embargo, en 1934 será acusado de traición al régimen y encerrado en un campo de trabajo. Durante todos los años en los que Alekséi estuvo preso hasta su muerte, dirigió la mayor parte de su correspondencia a su hija, Eleonora, que tenía cuatro años en el momento de su detención.
ADIVINANZA. "Una casa de unos centímetros,/Unas hermanas viven en ella./Adivina cómo se llaman"

CARTAS. "¿Has recibido los nidos de pardillo y de varákushka?" (Última carta, del 19 de septiembre 1937)

CARTAS, "¿Has recibido tu segundo zorro azul?" (Última carta, del 19 de septiembre de 1937)

Pentágono, cuadrado, círculo, elipse, espiral, triángulo, simetría, asimetría



 "Uno de mis conocidos ha hecho aquí, para que su hija aprenda a contar, un herbario con hojas, una, después dos, luego tres, después cuatro..." (Pável Florenski, carta del 3 de julio de 1935)