sábado, 7 de enero de 2017

El olor de las lágrimas



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Las lágrimas son una secreción acuosa producida por las glándulas lacrimales y las glándulas de Meibomio y contienen una gran variedad de sustancias químicas incluyendo glucosa, sodio, potasio, proteínas entre las que están la albúmina, la globulina y la lisozima, que actúa como antimicrobiano, y distintos tipos de productos de desecho. Se sabía que las lágrimas tenían una función humectante y protectora de la córnea pero parece que hay mucho más. Se ha visto que la composición de las lágrimas generadas por emociones es muy diferente de la de las lágrimas producidas como un reflejo protector, como cuando nos entra algo en el ojo. En algunos animales, las lágrimas contienen sustancias químicas que influyen en el comportamiento de otros animales hacia el que llora. La rata-topo ciega (Spalax), también llamada con el divertido nombre de ratopín rasurado, extiende lágrimas en su pelaje y eso hace que otras ratas-topo sean menos agresivas con ese individuo.
   Pues bien, parece que en la especie humana las lágrimas también consiguen modular el comportamiento de otras personas. Ante las lágrimas de una mujer, los hombres perdemos la excitación sexual. Y no es, como pudiéramos pensar, ante la visión de una mujer llorando sino algo mucho más interesante desde el punto de vista científico: es ante el olor de las lágrimas. El experimento realizado por un grupo de investigadores del Instituto Weizmann de Israel consistía en recoger lágrimas de tristeza en unos bastoncitos de algodón. Para conseguir esas secreciones lo que hicieron fue poner anuncios por el campus solicitando voluntarios de lágrima fácil y luego hacerles ver películas lacrimógenas, lo que normalmente llamamos "dramón". De más de sesenta personas que respondieron, solo una era un hombre. Fue eliminado en las pruebas selectivas posteriores lo que también da un poco que pensar sobre el cromosoma Y y si realmente somos menos emocionales que las mujeres.
   Llorar por una emoción es un comportamiento del que sabemos muy poco y que parece exclusivo de los humanos a pesar de la mala fama de los cocodrilos al respecto. En ratones se ha demostrado que las lágrimas sirven como un emisor de señales químicas, de mensajes codificados en sustancias odorantes. El grupo de trabajo israelí empezó su estudio con la hipótesis de que las lágrimas tuvieran también en los humanos esa función quimiosensorial. Los hombres participantes en el estudio fueron incapaces de distinguir los bastoncillos impregnados de auténticas lágrimas de aquellos que solo contenían una gota de agua salada. Sin embargo, cuando se les ponían delante fotos de mujeres y se les pedía que puntuasen su atractivo sexual, aquellos que habían olido las verdaderas lágrimas emocionales femeninas valoraban peor los retratos, veían reducido el sex appeal de las fotografiadas y no era por las personas que formaban el grupo experimental y el grupo control pues se seguía cumpliendo cuando se intercambiaban los bastoncillos a los dos grupos. El efecto se comprobó en 17 de 24 participantes, un alto porcentaje a pesar de que el grupo no era numeroso. No solo eso, los participantes en el estudio que habían olido esas lágrimas, siempre frente a un grupo de hombres control que olían las gotas de solución salina, mostraban tres importantes diferencias: se puntuaban menos a sí mismos cuando se les decía que valorasen su deseo sexual en esos momentos, mostraban menores niveles de excitación (ritmo cardíaco y ritmo respiratorio) y presentaban también niveles reducidos de testosterona. Finalmente la neuroimagen con resonancia magnética funcional mostró que al oler las lágrimas femeninas se reducía selectivamente la actividad en los centros cerebrales masculinos de la excitación sexual. Es interesante mencionar también que el descenso de la testosterona en los hombres implica también un descenso de la agresividad y un aumento de la empatía, algo que encaja bien con la situación donde ese hombre se encuentra muy cerca de una mujer que se siente triste. Puede ser un consejo interesante para ellas: si después del cine quieres unos escarceos amorosos, no le lleves a ver Kramer contra Karmer si es que eres de lágrima fácil, puede que te consuele y poco más.
[...] Se ha visto que las lágrimas de un bebé reducen el deseo sexual tanto de hombres como de mujeres. Puede ser un factor, entre muchos otros, para esa bajada de la actividad sexual que se produce en muchas parejas tras el nacimiento de un hijo y un mecanismo biológico para decirnos que un bebé llorando tiene prioridad absoluta incluso ante lo "único". Pero no quiere decir que el amor se haya acabado: un estado emocional tiene dos componentes, uno que se manifiesta en una sensación física característica (la atracción o el deseo) y un sentimiento consciente (el amor). Ambos están mediados por distintas regiones cerebrales y es solo que la presencia del bebé ha hecho que el control hormonal haya pasado del modo "reproducción" al modo "crianza" pero los sentimientos están intactos, sobre todo si cambias los pañales cuando te toca.
   Finalmente, aunque el estudio se relacione con el sexo, que es algo que siempre vende, sus implicaciones van más allá. Existe un grupo de enfermedades que se tratan reduciendo mediante fármacos los niveles de testosterona, la más frecuente es probablemente el cáncer de próstata. Puesto que la medicación que se aplica tiene efectos secundarios, los resultados obtenidos en este estudio abren la puerta a la esperanza de que estos fármacos puedan sustituirse por lágrimas o por la sustancias químicas presente en las lágrimas que genera este efecto reductor sobre la testosterona.




José Ramón Alonso

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